martes, 31 de enero de 2012

Cierra la taberna típica más antigua de Sanlúcar de Barrameda

REQUIEM POR “LA HABANA”

Como si del año 1898 se tratase, debemos hoy lamentar y casi llorar por la pérdida de "La Habana". Este caso no se trata de aquella querida ciudad hermana, sino de nuestra taberna típica más genuina, que ayer cerró sus puertas.

“La Habana” nació precisamente como modesto homenaje sanluqueño a aquella ciudad que fue durante tantos años española, tras el tristemente célebre “desastre del 98”. Allí,  entonces, fue la voladura del acorazado “Maine” provocada por sus propios dueños, los yankees, lo que precipitó la pérdida de la gran isla de Cuba y, con ella la última posesión colonial española en Ultramar. Aquí, ahora, problemas internos de la empresa familiar y la crisis económica, se han llevado por delante, por segunda vez, nuestra más preciada y añeja forma de entender la convivencia manzanillera.
 


Durante 112 años, se dice pronto, “La Habana”, de la familia Vázquez, durante cuatro generaciones, mantuvo la tradición más exquisita en el despacho de las manzanillas y caldos de nuestra tierra con una solera y una calidad encomiables. Un lugar espacioso, acogedor, ubicado en un lugar privilegiado, frente a uno de los monumentos más impresionantes de nuestra ciudad, la gran iglesia dominica fabricada en el siglo XVI enteramente de piedra, que permite degustar historia y arquitectura a través del paladar y de la vista.

Cabrera Infante, Alejo Carpentier o el mismísimo García Márquez hubieran alucinado si hubieran conocido este lugar emblemático. Pero no menos importante ha sido la nómina de celebridades que en torno a su alto mostrador y sus venerables botas se han dado cita. Incluidos artistas cubanos de renombre que nos han visitado y que, atraídos por el lugar, no han podido resistirse a probar nuestro néctar singular. Nuestro querido Caballero Bonald mantiene su gozosa salud gracias a los cuidados que le proporcionaron estos caldos, entre otros benéficos que le llevaron a recuperarse de sus achaques. Martínez Sadoc, Manuel Vidal, Diego Rojano, Juan Eslava Galán, Manuel Toribio, José Pallarés, Márquez Hidalgo, todos ellos escritores nuestros y amigos de larga y provechosa conversación, se han encontrado entre sus devotos. Fue precisamente Diego Rojano quien escribió un delicioso artículo publicado por el diario Jaén, en 1994, titulado precisamente “Tabernas sanluqueñas”, en las que glosaba este lugar mágico:

        «Una taberna casi centenaria se erige en el corazón de Sanlúcar, Habana, frente a los muros de sillería y el patio recoleto del convento de Santo Domingo, con la araucaria altiva y a la vera de la mansión de los Barbadillo y aledaña a ese taller ya desaparecido de carpintería de Diego Soto. Tres generaciones de una misma familia han regentado este establecimiento vinatero: Manuel Vázquez Méndez, Manuel Vázquez Báñez, y Manuel Vázquez Llamas. Lo primero que salta a la vista es la pulcritud y el buen trato en el seno de La Habana, manzanillas en sus nueve botas, todas de Argüeso.

        Dos estancias separadas por un arco, vigas, bancos y mesas de excelente pino de Flandes, espejo alargado tras el mostrador, paredes forradas de buenas maderas, arco de ladrillo visto. En unas fechas no muy lejanas las mujeres no entraban al interior de la taberna. En la puerta se tomaban la caña, existía una prohibición tácita, aquello era un escenario reservado a los hombres y un biombo o celosía colocado estratégicamente preserva la intimidad de los parroquianos. Todo rezuma  limpieza y el paso del tiempo ha dejado sus huellas en esos carteles de toros con pátina y un olor característico se extiende balsámico procedente de los bocoyes».

    En estos últimos días hemos sido muchos los feligreses que hemos acudido a tomarnos los que podrían ser, si nadie lo remedia,  los últimos “gorriones” de Viruta que nos bebamos con este sabor incomparable. Ayer, 30 de Enero de 2012, último día de apertura, los más recalcitrantes estuvimos haciendo fotografías para inmortalizar este lugar antes de su cierre definitivo. Manolo, su eficiente empleado, no pudo disimular su emoción ante su incierto futuro y ante los muchos sacrificios que durante casi veinte años de su vida ha realizado por mantener este lugar en el merecido puesto que la historia, su fecunda historia, le ha situado. Tanto como para sigamos echándolo de menos durante otros 110 años si los dioses del Olimpo nos dieran tanta vida para poder disfrutar.

(c) Foto y texto: Salvador Daza Palacios, 2012.







  









1 comentario:

Manuel Toribio dijo...

Expreso mi tristeza y pesar, ojalá hubiera cerrado La HABANA cuando ya todos estuviesemos muertos y así no nos llevaríamos estos disgustos.Corro a beber vino para pasar este trago