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lunes, 19 de junio de 2023

JULIO CEBALLOS, PINTOR Y MECENAS CULTURAL

Salvador Daza Palacios

(Publicado en Diario de Jerez, el 17 de julio de 2021)

Un gran hombre, un gran artista, ha muerto.

Julio Fernández-Ceballos, conocido para el arte pictórico andaluz como Julio Ceballos, nos ha dejado huérfanos a todos aquellos que le conocimos y le quisimos tanto.

Julio nació en Chipiona, pero amaba a muchos pueblos y ciudades en las que fue dejando huellas a lo largo de su fecunda vida artística y social. En especial, en Sanlúcar de Barrameda dejó constancia de su amor y entrega en gran cantidad de ocasiones. Le tenía un cariño especial a esta ciudad por haber sido aquí donde realizó sus estudios primarios en el Colegio de los Hermanos Maristas de Bonanza. Pero, además, pasó después en ella muchas temporadas, dedicándole una parte de sus magníficas pinturas, realizando carteles, organizando actos culturales e implicándose en la investigación de diversas obras de arte presentes en iglesias o colecciones particulares. Como vocal de la Comisión de Arte Sacro del obispado de Asidonia Jerez realizó una labor de control y vigilancia del patrimonio de la diócesis, que le consultaba determinadas cuestiones debido al gran conocimiento que poseía en el ámbito histórico-artístico.

Ceballos realizó varias exposiciones de su obra en Sanlúcar, alcanzando un gran número de visitas y unas excelentes críticas. También colaboró muchos años con el Festival Internacional de Música “A orillas del Guadalquivir”, mediante su generosidad y patronazgo, prestando su obra para divulgar internacionalmente el evento y realizando exposiciones en paralelo con dicho Festival. Una de sus obras de temática musical fue regalada al Ayuntamiento de Sanlúcar y se colocó de manera permanente en el Auditorio de la Merced.


Detalle de una pintura musical de Julio Ceballos

A través de Juventudes Musicales realizó también una labor de mecenazgo a favor de los jóvenes músicos sanluqueños, a los que ofreció su casa para presentarse ante el público de Chipiona. Organizó multitud de conciertos y fue el fundador de dicha Asociación en la vecina ciudad, además del Festival de Música de Chipiona, que aún se celebra todos los veranos.

Por desgracia, su gran proyecto, el Centro Internacional de la Música, que contó con el visto bueno de la UNESCO y de otras grandes corporaciones internacionales, no pudo ver la luz por la tacañería y miopía de las instituciones que hubieran sido las más beneficiadas por tan magna empresa. O sea, las más cercanas. Fueron muchas horas y años de trabajo, y una ilusión a raudales, las que empleó Julio Ceballos en este maravilloso proyecto cultural y educativo que se iba a situar en los antiguos pabellones sanitarios creados por el doctor Tolosa Latour junto al Santuario de Regla. Su no implantación le ocasionó un gran disgusto que le acarreó graves problemas de salud, además de otras muchas complicaciones personales.


Julio Ceballos recoge el título de Socio de Honor de Juventudes Musicales
de Sanlúcar de Barrameda en 1994, de las manos de su presidente, 
Manuel Jesús Barba Calvo. 

Viajero apasionado, recorrió numerosas ciudades europeas buscando la belleza que él sabía encontrar en los detalles más simples e inadvertidos como en los más excelsos. Esa era una de sus grandes virtudes, además de la generosidad de la que siempre hizo gala, el mostrar esa belleza que se oculta a los profanos y que él, artista integral y completo, reconocía y compartía con los demás. Nadie permanecía igual después de conocerlo. Julio Ceballos impregnaba con su arte y su savoir vivre a todo el que se cruzaba en su camino. En el campo de la pintura es uno de los mejores, de los más adelantados y originales pintores del pasado siglo XX y principios del XXI. Deja una obra grandiosa, excelente y genial. Es pues una obligación homenajear de forma pública a una persona tan entregada en pro de la Cultura y el Arte. A un auténtico mecenas que siempre levantó la antorcha del progreso a través de la educación artística y musical. Sanlúcar de Barrameda, y en general, la provincia de Cádiz están en deuda con Ceballos. Su gran altruismo y su arte personal quedarán siempre en el recuerdo de los que le conocimos y gozamos de su amistad. Y su pintura, a la que restó muchas horas dedicadas a su labor social y cultural, seguro que se irá revalorizando con el tiempo, como ha ocurrido con tantos genios. Porque Julio era un genio. Incomprendido y contradictorio, rebelde y magnánimo, curioso y extravagante. Muy amigo de sus amigos, se podía permitir licencias familiares, pues nos trataba con tal cordialidad que siempre nos causaba admiración, sorpresa y gratitud. Le gustaba siempre parafrasear a Unamuno: «Levanta a tus amigos, por que en su grandeza está tu propia grandeza». Y siempre esperaba la reacción aprobatoria de su interlocutor para replicarle: «Pues la frase no es de Unamuno, sino mía. Pero si digo que es mía previamente, no le hubieras prestado atención». Lo dicho: un genio.

sábado, 5 de noviembre de 2022

LA CASA DE SÁNCHEZ AYALA EN LA CALLE SAN JUAN

 

© Salvador Daza Palacios

No descubro nada nuevo si afirmo que la arquitectura de los pueblos es la expresión de su grandeza y/o miseria económicas, así como el testimonio material del uso, costumbres y profesiones de sus vecinos. Qué duda cabe, a estas alturas, que Sanlúcar de Barrameda, como ciudad agrícola y comercial por excelencia, ha dejado suficientes muestras del esplendor constructivo de sus habitantes, a través de sus magníficas edificaciones señoriales, prototipos y evidencias, a partir del siglo XVIII, de la riqueza de muchas familias que construyeron a su gusto y comodidad en un entorno favorable para la crianza, el bienestar y el progreso.

Aun a pesar del paso de los tiempos, con su inclemente incuria, se conservan aún muchas casas importantes desde el punto de vista histórico y patrimonial, que nos informan de gran cantidad de circunstancias sociales y son el ejemplo vivo del tipo de vida que llevaban nuestros antepasados, si sabemos leer bien el lenguaje de sus volúmenes y espacios, decoración y distribución, además de las particularidades específicas de sus moradores. Pero hemos de lamentar que la ruina y el abandono, además del desinterés municipal por todo ello (que parece instalado de manera endémica e insalubre en el Ayuntamiento local), hagan que cada año desaparezcan de nuestro casco urbano (reconocido como conjunto histórico artístico nacional desde 1973) grandes viviendas que fueron testigos de otros tiempos y que representan no solo el patrimonio y la memoria histórica de nuestra sociedad sino las formas de vida y el talento de las generaciones anteriores a la nuestra, frente a las que deberíamos rendir siempre nuestra más sincera humildad.


Casa nº 62 de la calle San Juan (noviembre 2022)

Una de estas casas condenadas a la desaparición parece ser hoy la casa numerada con el nº 62 de la calle San Juan (también la número 60, aunque difiere en su valor histórico y arquitectónico). Una casa que conocimos desde nuestra niñez y que hoy dia está prácticamente arruinada, aun a pesar de gozar, en el Catálogo de edificios “protegidos” por el PGOU de protección GLOBAL con la identificación B-59. Se describen en el catálogo sus méritos como «vivienda tradicional de tipo historicista-culta, con uso residencial y buen estado de conservación» (datos de 1994). Y se añade que «forma parte del conjunto de residencias de finales del siglo XIX y principios del XX de la calle San Juan». Como elementos a destacar aparecen las «rejerías» de toda la fachada y como elementos a conservar, «los espacios de acceso, patio principal y elementos de articulación espacial del edificio», así como «la fachada y crujías asociadas a los mismos» (1). Nada, excepto la fachada, queda ya en pie. Haremos un poco de historia de esta finca llamada a desaparecer, plagada de vicisitudes y personajes dignos de recuerdo.

El siglo XVIII

En 1761, según el padrón eclesiástico, esta casa de la calle San Juan era de propiedad del presbítero beneficiado Miguel del Villar, cura teniente de la iglesia mayor parroquial, que la compró probablemente por fallecimiento de su anterior propietario, el capellán y también cura de la parroquial Juan Lázaro Pérez Vázquez, que consta como vecino en dicha casa desde 1733, según el mismo citado padrón (2).

En 1770, según el padrón eclesiástico, la citada casa la vivían aún el presbítero Miguel del Villar, de 65 años, junto con su hermana de 53 y dos mujeres solteras: Francisca García, de 61 años, y María del Toro, de 17. En la accesoria de dicha casa vivía el matrimonio Morilla Muñoz, con un hijo de 24 años (3). Se dio la circunstancia de que el padre Del Villar cedió las habitaciones bajas y el patio de su casa a la familia Tassara para que velaran el cadáver de la víctima del asesinato cometido por fray Pablo de San Benito en 1774, la joven de 18 años María Luisa de Tassara. Un suceso ocurrido a las mismas puertas de la iglesia del Carmen el 6 de marzo de dicho año y que conmocionó a Sanlúcar y a toda España (4).

Planta de la casa, que ocupa una superficie total de parcela de 393 metros cuadrados, con 495 construidos sobre rasante, según el Catastro Inmobiliario del Ayuntamiento de Sanlúcar (AMSB) y la página virtual del Catastro (https://www1.sedecatastro.gob.es/) 

Subasta del Estado.

Ya bien entrado el siglo XIX, Pablo de Mier y Fernandez, vecino de Sanlúcar, de familia bodeguera, adquirió dicha finca por compra que de ella hizo al Estado. Aunque no se expresa en la escritura registral las circunstancias concretas del motivo de esta compra, hemos podido averiguar su origen: subasta de Bienes Nacionales Desamortizados. En concreto, la casa perteneció a la Hermandad de San Pedro, que, como tantas corporaciones religiosas, hubo de ceder sus bienes al Estado a partir de 1836 para que este procediera a su venta. Precisamente el año 1856, cuando Pablo de Mier compra la casa, fue un año en el que salieron a subasta una gran cantidad de Bienes Nacionales radicados en Sanlúcar que procedían del incautado patrimonio eclesiástico y con cuya venta se engrosaron las depauperadas arcas del Estado. Es de suponer que, al haber pertenecido la casa al presbítero Miguel del Villar, a su fallecimiento sería donada a la Hermandad a la que pertenecía como miembro del clero sanluqueño:

«Nº 598 del Inventario: Una casa en Sanlúcar de Barrameda, calle de San Juan, núm. 215, procedente de la Hermandad de San Pedro, de dos pisos y 3.917 pies cuadrados de terreno (5): linda con otras de Juan Álvarez y de José Lacave: gravada con los censos siguientes: uno de 143 reales, 13 mrs. de rédito anual a favor del patronato que fundó doña Ana Gómez; otro de 165 reales a favor del convento de monjas de Madre de Dios; otro de 107 reales a favor del patronato fundado por Antonio Rodríguez, y otro de 140 reales a favor de la colecturía de entierros. Capitalizada, por la renta de 2.114 reales que produce, en 47.565 reales, y tasada por los peritos en 50.273 reales, que es el tipo que se saca a subasta» (6).

 En representación del Estado intervino en la venta el juez de primera instancia del partido judicial, Antonio Ramirez y Arroyo, quien firmó la escritura ante el notario Nicolás Matheos el once de julio de 1856, quedando hipotecada a la seguridad del resto del precio por el que la adquirió el citado Pablo de Mier. La hipoteca se canceló el 30 de julio de 1870. La casa aparece numerada con el doscientos quince antiguo y treinta y cuatro moderno (7).


Aspecto actual (noviembre 2022) de la casa nº 62 en la calle de San Juan.
El Pradillo queda muy cerca.


Pablo de Mier y Fernández falleció en Sanlúcar, según su partida de defunción, el 8 de octubre de 1873, bajo un testamento que otorgó ante el notario Manuel Casanova el 24 de septiembre del mismo año, por el cual, entre otras muchas disposiciones declaró que estuvo casado con Rosa Nodal, que murió catorce años antes, quedando por huérfanos sus hijos Hipólito, José, María Dolores, María, Manuel y Pablo de Mier Nodal. Este último, que había estudiado en París, murió después que su madre sin haber otorgado disposición alguna testamentaria, y en estado de soltero, aunque legó por una única vez a Manuel Martínez y José Luis Escobar quince mil reales vellón a cada uno, para que atendieran así a su subsistencia y manutención.

Pablo de Mier Fernández dejó una herencia de 98.646 pesetas, 75 cts. y por consiguiente correspondió a cada uno de sus hijos 19.729 pesetas con 25 cts. Nombró por sus albaceas testamentarios cumplidores y ejecutores de su final voluntad a Juan Martínez Gutiérrez y José Matheos y Valdivieso, y les concedió amplio poder para que a su fallecimiento se apoderasen de sus bienes, vendiendo los que fueran precisos para cumplir su disposición, dentro o fuera del término que la ley señalaba, a cuyo fin les prorrogaba el plazo que necesitaren... Y nombró por universales herederos a sus referidos cinco hijos, para que heredasen por iguales partes y propiedad, y usufructo.



Los hijos del citado don Pablo, –que al parecer había vivido en Cuba y allí se había enriquecido–, fueron José, Manuel, nacido en Cienfuegos, aunque estudió en el Instituto Columela de Cádiz, procedente del Instituto de Jerez; Hipólito, también nacido en Cienfuegos, y que estudió en la Escuela de Comercio de Cádiz (8); Dolores y María Mier Nodal. Los cinco adquirieron de mancomún dicha casa por herencia de su difunto padre y la inscribieron a su nombre. José, soltero, abogado, Manuel, soltero, propietario, y lo mismo María y Dolores, esta última asistida de su esposo, Francisco de Paula del Castillo (9), propietarios todos, mayores de edad, y José no solo en nombre propio sino también en el de su hermano ausente, Hipólito de Mier Nodal, según el poder que este le confirió por escritura de 7 de julio de 1875 que pasó ante el notario Plácido López de Iturralde por el cual le facultó «para tomar dinero a préstamo con objeto de atender a las obligaciones del caudal; pero en cuanto sea absolutamente preciso y con el interés más módico posible, hipotecando para la garantía el anticipo del dinero.... de dicha testamentaría...».

Como desde la muerte del referido don Pablo sus hijos tuvieron que dividir los bienes, hicieron manifestación de estos en una escritura ante el notario Plácido López el 17 de diciembre de 1877, y con ella se inscribieron a nombre de todos en común y proindiviso los citados bienes, entre los que se contaba la finca de la calle San Juan y otros como una casa en la calle de la Plata. Que, a pesar del precio con el que figuraban las expresadas fincas, valían mucho menos a causa de la depreciación que desde el fallecimiento de don Pablo había tenido la propiedad urbana en la población. Así que la casa de San Juan se valoraba en 28.977 pesetas con 50 cts. Y la de la calle Plata en solo 620 pesetas.


Estado actual (fines de octubre de 2022) en que se encuentra el inmueble,
situado frente a la Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen.

Por razones que no se explican en la documentación, la casa termina siendo hipotecada por escritura del 3 de junio de 1878, por una cantidad de diez mil ochocientas sesenta y ocho pesetas con veinticinco céntimos en favor del acaudalado bodeguero sanluqueño León de Argüeso y Argüeso (10), que falleció en Sanlúcar poco tiempo después, el 28 de enero de 1880. Pertenecía por tanto la deuda (a un interés del 7 por ciento) a sus herederos, en concreto a su sobrino Manuel de Lucio Argüeso, a quien fue adjudicado el crédito, pues León de Argüeso instituyó por herederos a sus dos sobrinos carnales Manuel Lucio y Francisca Díez Argüeso, y a su sobrino segundo Juan Argüeso Gutiérrez, por terceras partes iguales. El 18 de mayo del mismo año se hace la escritura de partición y se adjudica el crédito a Manuel Lucio.

Pero uno de los hijos de Pablo de Mier, Hipólito, hace una jugada maestra, pues nombra como su apoderado en Sanlúcar al citado Manuel de Lucio, mediante un poder conferido en la ciudad cubana de Cárdenas el 3 de enero de 1879 ante Pablo Leonardo Ochoa y Echavarría, notario de la Audiencia de La Habana. Se adjudican ambas casas a don Hipólito, con la obligación de pagar la deuda al señor Lucio y Argüeso. Pero los gastos se compartirían entre los hermanos. La casa de San Juan queda pues a nombre de Hipólito, que inscribe el título de cesión o adjudicación para pago del expresado crédito. Todas estas diligencias se protocolizan en Sanlúcar el 30 de noviembre de 1880.


Situación de la casa de Sánchez Ayala en 1996 (foto del autor)

El 24 de diciembre de 1881 queda cancelada la hipoteca al haber abonado don Hipólito la cantidad total del capital más los intereses correspondientes. También canceló, en la Hacienda de Cádiz, los censos que gravaban la finca desde sus inicios.

Así que Hipólito de Mier y Nodal, de estado casado, mayor de treinta años, de ejercicio del Comercio y vecino de la ciudad de Cárdenas, en la Isla de Cuba, inscribió esta finca a su nombre, pero había nombrado su apoderado a Lucio Argüeso y este, con potestad para poder vender y comprar bienes de la propiedad de aquel, vende la casa número 62 a Antonio Márquez González, de estado casado, de ejercicio propietario y cosechero de vinos, mayor de edad y vecino de Sanlúcar, por un precio puramente convencional y líquido desembolso ambas fincas de cien mil reales y la casa que nos ocupa por noventa mil, cuya cantidad total declara el apoderado Manuel Lucio haberla recibido en el acto del otorgamiento de la escritura a presencia del notario y la de los testigos... Antonio Márquez González inscribió su título de compraventa en el registro de la propiedad. Todo ello el mismo dia citado del 24 de diciembre de 1881 (11).

Antonio Márquez González, almacenista de vinos, capataz y propietario, marido que fue de Nicolasa Cordero y Díaz, adquirió esta finca durante su matrimonio con esta señora, por compra que de ella hizo a Hipólito Mier y Nodal, como consta en la escritura. Y habiendo fallecido Nicolasa Cordero en Sanlúcar el dia 17 de noviembre del año 1886, se adjudicó la finca por un valor líquido de 16.450 pesetas a su esposo Antonio Márquez González, el cual inscribió su título hereditario comprensivo además de otras siete fincas registradas, llevándose a efecto dicho registro en Sanlúcar, el 2 de julio de 1887 (12).

Aspecto anterior de la casa poco después de fallecer su propietaria,
Aurora Sánchez Portales, hacia el año 2000 (AMSB, Fichas del Catastro Inmobiliario)

Pero la casa no la ocupó don Antonio sino que la alquiló, dadas sus especiales características, a un matrimonio muy poderoso de la ciudad. Según el padrón municipal, ese mismo año 1887 viven en ella el rico propietario Pedro Manjón Mergelina y su esposa, Dolores Palacio García. Él, de 39 años, natural de Sanlúcar, concejal y diputado a Cortes, y hermano de la que fue condesa de Lebrija, Regla Manjón; y su esposa, de 27 años, natural de Madrid. Uno de sus hijos, Pedro Manjón Palacio, fue oficial de Infantería y murió en la campaña de África, en Melilla, en 1925.

El dueño de la casa seguía siendo Antonio Márquez González, pero falleció en Sanlúcar el 27 de octubre de 1891. Otorgó testamento el 30 de enero de 1885 e instituyó por herederos a sus sobrinos José y Antonio Márquez Lobato, legando a María de la Caridad de los Reyes y Cordero cinco mil pesetas. Nombró por albacea a José Márquez Lobato. Hicieron las particiones correspondientes, pues María de la Caridad era también heredera de su tía Nicolasa, esposa de Antonio Márquez. A ella se le adjudica la casa por un valor declarado de 14.393 pesetas con 74 céntimos. Se realiza el trámite de inscripción a favor de Caridad Reyes Cordero en 27 de marzo de 1893.


Prácticamente todos los techos de la histórica casa están arruinados
(foto del autor, octubre 2022)

La casa aparece ya libre de cargas y el jardín está gravado con una servidumbre de luces a favor de la casa número 38 de la misma calle San Juan (hoy nº 68). El jardín se incorpora a la vivienda. Lo vende Francisco González Lobato, dueño de la casa número 38, a la que pertenecía, por 1.375 pesetas, a Maria de los Reyes y Cordero, según compraventa firmada en 15 de julio de 1892. Por estos años, la casa de al lado, a la izquierda, la número 36, ya pertenecía a mi tatarabuelo Francisco Romero Sánchez, que la heredó de su padre, el bodeguero y tonelero Andrés Romero Espinosa. Y la de la derecha y del fondo, a José Lacave y después a Adolfo Lacave Domínguez.

En 1894, según el padrón municipal, viven en la casa nª 34 en régimen de alquiler Francisco Asensio Gonzalez, Dolores Core Rodríguez, Jose Romero Asensio, Jose Luis Selma Ruiz, Caridad Rangel Cordero, Antonia Ruiz Ruiz y Caridad Selma Ruiz (13).

La casa pasa a propiedad de Miguel Sánchez Ayala.

En el padrón de 1906 los datos son diferentes. En la casa número 34 viven Petronila de Celis Carrera, nacida en Sanlúcar en 1862, de estado viuda. Y su hija Carmen Celis Celis, de 23 años, casada con Miguel Sánchez Ayala, de 24 años (nacido en 1882), dedicado al comercio de vinos. Nadie más.

Pero habiendo fallecido Carmen de Celis en la flor de su vida, pues tenía sólo 25 años (murió el 6 de septiembre de 1907) se practicaron las operaciones particionales de su caudal y en ellas resultó adjudicada la finca por un valor de 4.760 pesetas a su heredero, Miguel Sánchez Ayala, según testimonio de hijuela librado el 29 de noviembre de 1911 por el notario Ruiz Badanelli. También se adjudican 15 fincas más, lo que nos da una idea del poder económico de la familia.

Aunque en otra inscripción dice que Miguel Sánchez adquirió el derecho de retracto sobre la casa de Caridad Reyes por un importe de mil pesetas, mediante una escritura en la que le cedía el subarriendo de la citada finca, quedando obligado Miguel Sánchez a pagar a Ramón Romero Boch los arrendamientos correspondientes a los tres últimos años del contrato, en el caso de no ejercitar el derecho a retraer adquirido, con arreglo a lo consignado en la escritura de venta. Diligencia efectuada el 22 de febrero de 1911.


Etiqueta de la manzanilla pasada "Paloma Blanca", registrada en 1915
por Sánchez Ayala (cortesía de Dª Ana María Gómez Díaz-Franzón) 

Miguel Sánchez Ayala, del comercio, mayor de edad, viudo, hijo de Miguel y Victoria, adquirió pues el derecho de retraer la finca de este número por cesión que le hizo Caridad de los Reyes Cordero, quedando subarrendada la finca al mismo adquiriente cuantos derechos y obligaciones correspondían a la cedente, en las condiciones especiales y con el pacto de retracto a Ramón Romero Boch (14). Miguel Sánchez, al adquirir su derecho, estaba casado con su primera esposa, Carmen de Celis, la cual falleció en Sanlúcar sin haber otorgado ninguna disposición testamentaria. En un auto de 1 de febrero dictó el juez de primera instancia ante el escribano Manuel Hurtado la declaración de herederos abintestatos de la finada; su madre, Petronila María de Celis y Carrera, y heredera usufructuaria en la proporción que establecía el Código Civil, y su viudo, Miguel Sánchez Ayala.

En escritura otorgada el veinticinco de febrero ante el notario Ruiz Badanelli por los declarados herederos, describen y aceptan la herencia causada por la finada. Se le forman tres hijuelas a cada uno... Pero el derecho a retraer le correspondió a Petronila María de Celis Carrera, por herencia de su hija.

En 1914, según el Padrón municipal sigue viviendo en la casa Miguel Sanchez Ayala, nacido en 1882, con 32 años, que aparece ya casado con su segunda esposa Dolores Portales Merino, nacida en 1885, con 29 años, y sus dos hijas Dolores y Victoria Sánchez Portales, de dos y un año, respectivamente. Miguel Sánchez Batista, nacido en 1856 y viudo, se supone que es el padre del dueño de la casa, también figura residenciado en la misma.




A partir de esta fecha, la empresa vinatera de Sánchez Ayala tomará un gran auge, inscribiendo varias marcas de manzanilla como “Paloma Blanca”, "Imperial, “Las Cañas”, “Pipiola” y la aún existente, “Gabriela”, que fue registrada en 1918 (15). Ya por este año, Miguel figuraba como uno de los mayores contribuyentes de la ciudad y, durante la dictadura de Primo de Rivera, formó parte del Ayuntamiento como concejal, teniente de alcalde e incluso ocasionalmente alcalde. También formó parte de la Junta Local de Primera Enseñanza en representación de los padres de familia y de la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana (16). A pesar de estas ocupaciones públicas, también le quedó tiempo para viajar, pues estuvo en París con su padre y visitó varias veces diferentes balnearios en Granada para aliviarse de sus dolencias.


Según el Catálogo de edificios protegidos del vigente PGOU,
esta casa tiene protección GLOBAL y sus rejerías deben conservarse como elementos singulares


Descripción de la casa, realizada ya bastante entrado el siglo XX


Por la inscripción séptima del Registro de la Propiedad podemos conocer con más detalle las medidas de la finca y sus circunstancias registradas a lo largo de los años, pues se deja constancia que se ha ampliado su superficie agregando varias habitaciones de la casa contigua, la número 32. Un hecho que ya conocíamos personalmente, pues eran esas habitaciones las que visitábamos en nuestra infancia, que estaban destinadas a la oficina y escritorio de la bodega Sánchez Ayala. O lo que había quedado de dicha empresa, donde trabajaba un vecino nuestro, pariente próximo a mi madre: Eladio Fernández. Recuerdo perfectamente haber entrado varias veces en esas oficinas y en la bodega interior que formaba parte de la finca, que llegaba hasta la trasera calle de la Plata. Recuerdos nostálgicos de una Sanlúcar desaparecida, por desgracia.

«Casa situada en esta ciudad calle de San Juan, señalada con el número 34 moderno, compuesta de piso bajo, principal con azotea, y jardín, midiendo una extensión superficial en suelo y cielo de cuatrocientos cincuenta y cuatro metros cuadrados y la de ochenta metros sesenta y seis decímetros y veinticinco centímetros cuadrados de suelo sin cielo, correspondiendo esta a un ala de habitaciones tomada de la casa que es su lindante por la derecha número treinta y dos de la misma calle San Juan, que disfruta el cielo; ala que se compone de dos habitaciones corridas una de ellas con cierro a la calle, midiendo quince metros y veinticinco centímetros de largo por tres metros veinticinco centímetros de ancho, o sea con total superficie de cuarenta y nueve metros cincuenta y seis decímetros y veinticinco centímetros cuadrados; un pequeño cuarto de forma cuadrada a continuación de aquellas con un metro y cincuenta centímetros de lado, o sea, con superficie de dos metros veinticinco decímetros cuadrados; y un pasadizo o callejón hacia el fondo con acceso desde este último cuarto, con once metros cincuenta centímetros de largo y dos metros cincuenta centímetros de alto, o sea, con superficie de veintiocho metros y setenta y cinco decímetros cuadrados.

La casa contigua (nº 60), con la que compartía espacio el escritorio de Sánchez Ayala, S.A. también quedó abandonada al fallecer su propietaria y fue vendida al mismo promotor (AMSB, fichas del Catastro Inmobiliario)

En cuanto a las casas contiguas, han cambiado ya sus dueños:

«Linda esta finca por la derecha de su entrada con la número treinta y dos y treinta de la misma calle, antes respectivamente de Pablo Saelices García y Pedro de Mier y Díez, por la izquierda con la número treinta y seis de Francisco Romero Sánchez, hoy de Luis Romero Muñoz y hermanos, y por el fondo con otras de la calle de Sagasta, propias antes de Pedro de Mier, María de la Caridad de los Reyes y José Aldama, y con el trozo de jardín que forma parte de esta casa.

El jardín mide ciento veinte varas cuadradas y linda de frente al este con la casa que se describe y con la de Francisco Romero Sánchez, hoy de Luis Romero Muñoz y hermanos; por el fondo, al oeste, con casa antes de Andrés Romero, y con otra de Manuel García de Velasco, hoy de Agustín Sánchez Mosquera; por su derecha, al norte, con casa de José Aldama, y por su izquierda, al sur, con resto de jardin de la casa número 38 de la calle de San Juan, de herederos de Francisco González Lobato, hoy de los de Manuel Sánchez Castellano. En la segunda de las dos primeras habitaciones del ala de ellas, agregada a esta finca, o sea, la que está más al fondo, existe una ventana que da al patio de la finca de que se hizo la segregación, con dos metros de ancho y uno de alto, y en el pasadizo o callejón del fondo, existe otra ventana de setenta centímetros por un metro veinticinco centímetros, también al patio de la finca de que se hace la segregación, cuyas dos ventanas son solo de luces, constituyéndose las respectivas servidumbres en favor de esta finca que se describe, como predio dominante y sobre la finca resto, casa calle de San Juan numero 32, como predio sirviente, sin cargas. Su valor, ciento treinta mil pesetas.

En el padrón de 1935 figuran como residentes Miguel Sánchez Ayala, de 54 años y su esposa, Dolores Portales Merino, de 51, y sus hijos: Victoria, de 23 años, Carmen, de 21, María Joaquina, de 20, Aurora, de 17 años, y Miguel Sánchez Portales, de 11 años. Cinco años después, en el padrón de 1940, en el número 34 seguían viviendo los mismos.

Miguel Sánchez Portales.

Miguel, el único varón y el más joven de la familia, sería el heredero del negocio bodeguero y compraría la casa del número 26 de la misma calle San Juan para vivirla con su esposa, Pilar Delage Ferraro (Nacida en 1927 en Jerez). Un matrimonio muy fructífero, pues tuvieron nueve hijos: Pilar, Miguel (ambos nacidos en Jerez), Eduardo, Javier, Carlos, Dolores, Ignacio, Rocío y Gonzalo (nacidos en Sanlúcar) (17). Vivían en Sanlúcar desde 1950, pues desde su casamiento habían vivido en Jerez. En este mismo año 1960 aun viven sus padres en el número 34, Miguel Sánchez Ayala (que ya cuenta con 78 años), vinatero, y su esposa Dolores Portales Merino (que tiene 75) junto a su hija Aurora, de 41 años. Las demás no constan en el domicilio. Será en este mismo año cuando Miguel fuera nombrado segundo teniente de alcalde del Ayuntamiento por el alcalde Francisco Zaragoza, aunque ya había ejercido como concejal durante seis años (18).

Etiqueta moderna de la manzanilla "Gabriela",
registrada por Sánchez Ayala en 1918

Al fallecimiento de Miguel Sánchez Ayala se practicarían las operaciones de liquidación de la sociedad conyugal y partitivas de la herencia, haciéndose en ella las referidas segregación y agregación, y constituyéndose las descritas servidumbres; y se adjudica la finca a su viuda en parte de pago de su haber conjunto por aportaciones gananciales, legado y cuota legal capitalizadas. En su virtud, se inscribe esta finca en favor de su viuda, Dolores Portales Merino. Diligenciado en Sanlúcar a 20 de enero de 1964.

En una de las últimas inscripciones registrales se ofrece la equivalencia métrica del jardín: ochenta y cuatro metros veinte decímetros cuadrados. Y su valor se estima en ciento diez mil pesetas. El 29 de agosto de 1973, con 88 años, falleció Dolores Portales, que ejercía la titularidad de la presidencia del Consejo de Administración de la empresa “Sánchez Ayala, S.A.”. Por su testamento se realizaron las operaciones particionales de su caudal, y en ellas resultó adjudicada en pleno dominio y parte de pago de su haber, a la hija y heredera, Aurora Sánchez Portales, soltera, a cuyo favor se inscribe su título de herencia de esta propiedad en Sanlúcar el 13 de febrero de 1975.

Tras el fallecimiento de las hermanas Joaquina (+1997) y Aurora (+2000), que estuvieron viviendo juntas los últimos años de su vida, la casa quedó deshabitada, y tras los oportunos trámites fue inscrita a nombre de sus sobrinos, que la vendieron hacia el año 2002 al empresario sanluqueño Juan Piñero, fallecido en este año 2022.

NOTAS

(1) AMSB: Plan general de ordenación urbana (PGOU). Aprobado en 1997. Catálogo de edificios protegidos. Agosto de 1994.

(2) CLIMENT, Narciso: Historia social de Sanlúcar de Barrameda, tomo 3, pp. 199 y ss.

(3) CLIMENT, N.: Historia social ..., tomo 4, p. 178. Era la zona 4ª del padrón, y la casa número 88.

(4) DAZA PALACIOS, S. / PRIETO CORBALAN, Mª. R.: Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774). Univ. de Sevilla, 1998, p. 76.

(5) Unos 364 metros cuadrados de superficie.

(6) Gaceta de Madrid, 9 de febrero de 1856, p. 3.

(7) ARCHIVO DEL REGISTRO DE LA PROPIEDAD de Sanlúcar de Barrameda, FINCAS nº 4462 y 8217. Pablo de Mier aparece registrado como pasajero en el vapor-correo Santo Domingo, que salió de Cádiz para La Habana el 15 de mayo de 1863. El Pensamiento español, 18 de mayo de 1863, p. 4

(8) AHPC: Catálogo de alumnos del Instituto "Columela" y de la Escuela de Comercio.

(9) CLIMENT, N.: Historia..., tomo 6, p. 341, nota 439: Francisco de Paula Castillo Ulrich (1823-1910) nació en Sanlúcar de Barrameda, hijo de Luis y María del Carmen. Vivía en la calle Carmen 11.  Fue gobernador civil de Sevilla, cargo al que renunció para ser diputado a Cortes durante la Primera República. Fue diputado por Sevilla de 1869 a 1871 y por Priego (Córdoba) de 1873 a 1876. El 15 de noviembre de 1876, siendo vecino de Sevilla y viudo ya de María de la Paz Rodríguez Castillo, se casó en Sanlúcar de Barrameda con María Dolores Mier y Nodal. En 21 de diciembre de 1883 fue nombrado administrador municipal de consumos con el sueldo anual de 3.500 pesetas. En las elecciones para concejales de mayo de 1891 se presentó candidato en Sanlúcar pero no logró el cargo

(10) GOMEZ DIAZ-FRANZÓN, Ana Mª: “León de Argüeso y Argüeso (1801-1880), origen de las bodegas “Herederos de Argüeso” y “Manuel de Argüeso” en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)”. En el blog: http://desdetemplolucero.blogspot.com/2018/04/leon-de-argueso-y-argueso-1801-1880.html. Consultado el 31/10/2022.

(11) Se dio la circunstancia de que don Hipólito falleció inesperadamente en este mismo año 1881. Y algunos periódicos informaron de que su familia había cobrado una astronómica cantidad en concepto de seguro de vida que tenía suscrito con La New-York, compañía de siniestros de Cuba, con la que había firmado una póliza de 25.000 pesetas de la que tan solo habia satisfecho 1.297 en concepto de primas, con lo cual había obtenido un beneficio de 23.603 pesetas. [Anuncio en La Correspondencia de España, Madrid, 21 de abril de 1882, p. 4]

(12) ARPSB: Finca nº 4462, inscripción 8ª.

(13) AHPC, testamento de Francisco de Paula Selma Ruiz, natural de Sanlúcar de Barrameda. Protocolos 1272 y 1282 de El Puerto de Santa Maria.

(14) Ramón Romero Boch había pactado con la propietaria, Caridad Reyes Cordero, el uso y compraventa del jardín trasero de la casa mediante una especie de arrendamiento con opción a compra, por un valor de 12 mil pesetas, aunque reservándose Caridad Reyes el derecho de retraerla en un plazo de cuatro años. El jardin se incorpora a la vivienda el 14 de noviembre de 1905.

(15) GOMEZ DIAZ-FRANZÓN, Ana M.: Imagen publicitaria del Marco de Jerez: Un retrato de la época (1868-1936). Ed. Universo de Letras, 2019, Vol. II, pág. 427.

(16) CLIMENT, N.: Historia..., T. 8.

(17) AMSB, Padrón municipal de habitantes de 1960: Legs. 5186-5189.

(18) Miguel Sánchez Portales falleció en Sanlúcar el 14 de diciembre de 1990 con 65 años.

lunes, 9 de abril de 2018

LAS ALDABAS DE SANLÚCAR

Por Juan Alcón Atienza.

         Cada vez es más difícil encontrar en las puertas de Sanlúcar esas verdaderas obras de arte que son las viejas aldabas de hierro o bronce. Estos elementos artesanales presentes prácticamente desde que el hombre decidió hacerse sedentario y poner puertas a sus casas, una vez perdida su utilidad como llamador, han ido desapareciendo paulatinamente cada vez que se sustituía una puerta o caía uno de los viejos caserones que poblaban nuestro casco histórico, lo que ha provocado que estas piezas de gran valor histórico y artístico se encuentren en peligro de extinción. Sin embargo, aún podemos encontrar ejemplares únicos, auténticas piezas de museo conservadas gracias al cuidado  y el buen gusto de sus propietarios.
         El origen de nuestras aldabas parece encontrarse en la antigua Grecia, fue allí donde comenzó a utilizarse una argolla colgada a la puerta que hacía la función de llamador. Los romanos añadieron a la argolla una placa de bronce especializándose los herreros en la decoración de estas placas posteriores con variados  motivos mitológicos, más elaborados cuanto más importante fuera el edificio que debían proteger. Entre estos motivos decorativos el que tuvo mayor difusión, predominando en la Edad Media, fue el de la cabeza de león unida a la argolla que servía como llamador, como tirador y, en las puertas de las iglesias durante ese periodo, para hacer efectivo el derecho de asilo con solo asirse a ellas.
         En la época bajomedieval y renacentista, sobre todo en España, se fueron multiplicando y haciéndose cada vez más ricas y elaboradas, no solo la placa sino, sobre todo, el martillo por la influencia de las exquisitas creaciones de los herreros andalusíes. Los maestros forjadores las creaban en función de la casa a la que iban destinadas; no había casa distinguida que no tuviese su aldaba, de ahí el refrán “a tal casa tal aldaba” y la locución “tener buenas aldabas” como símbolo de poder e influencia. También había diferencias dependiendo de si el edificio era una vivienda o un edificio público o religioso, como podemos comprobar aún en Sanlúcar donde se puede apreciar una gran similitud entre las aldabas según pertenezcan a bodegas, conventos o casas particulares.
         Nuestras aldabas tienen gran influencia de la tradición islámica como indica el mismo origen hispanoárabe de la palabra, que significa “lagarta” haciendo alusión a su forma. Según la costumbre árabe, se colocaban dos aldabas en las puertas, una para los hombres de forma fálica (en la puerta derecha) y otra para las mujeres de forma redondeada (en la puerta izquierda), sonando cada una de modo diferente para saber si el que llamaba era hombre o mujer y, sobre todo, para saber quién debía salir a abrir. De estas deriva la conocida aldaba en forma de mano sosteniendo un fruto, tratándose de una evolución del símbolo popular árabe de la mano de Fátima, usado como amuleto de protección doméstica contra el mal de ojo hasta su prohibición en 1526, en que se obligó a cambiarlas por cruces sobre el dintel de las puertas, debido a su extendido uso entre los moriscos. Estas aldabas en formas de mano, que exportamos a toda Europa y América latina,  merecen un capítulo aparte, tienen diferente simbología según si son de la mano izquierda o derecha y según si el anillo está en el dedo anular o corazón. Los lenguajes de las aldabas también son un capítulo interesante.
         En Sanlúcar, como decimos, quedan pocas, es necesario tomar conciencia sobre su interés histórico-artístico y poner en valor estas pequeñas obras de arte, protegiéndolas y fomentando su recuperación  antes de que desaparezcan definitivamente.
         A modo de pequeño catálogo de aldabas sanluqueñas mostramos algunas de ellas identificando su ubicación.

Antigua Cárcel - Plaza de la Paz



 
Aldabón dominico - Parroquia de Santo Domingo







Casa calle San Juan
Casa calle San Juan


Casa calle San Juan

Bodega - C/ Banda Playa

Bodegas Barbadillo- C/ Santiago.

Bodega C/ La Plata

Bodega C/ Divina Pastora

Bodega El Cuadro - Calle Trasbolsa

Bodega La Guita

Bodega Argüeso. C/ Mar.

Casa particular - calle Bolsa

Casa calle Regina

Casa del Pradillo - Puerta de servicio

Casa del Pradillo - Puerta principal

Casa Palacio del marqués de Arizón - C/ Banda Playa

Casa González Hontoria

Casa particular - Barrio Alto

Delegación de Hacienda - Calle San Juan