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lunes, 7 de septiembre de 2026

El pianista y compositor José Félix Lubet Albéniz (1826-1893):

 El romanticismo musical español entre San Sebastián y Cádiz.


José Félix Lubet Albéniz, nació en San Sebastián (Guipúzcoa) el 30 de julio de 1826 y falleció en Jerez de la Frontera (Cádiz) el 19 de abril de 1893. Su apellido, castellanizado, procede del francés Loubet. Su padre era José Ignacio Saturnino Lubet y su madre María Luisa Pérez de Albéniz Basanta, que nacieron ambos en Donosti. Este matrimonio se celebró en la capital vasca en 1825 y de él nacieron cinco hijos, uno de ellos el que va a ser objeto de estudio en este artículo, por haber sido pianista, compositor, director de orquesta, tratadista musical y profesor1. Su padre, José Ignacio, que se titulaba profesor de Armonía, Composición e Improvisación, parece haber sido el autor de un tratado académico sobre la ciencia musical2.


Pedro Albéniz Basanta (1795-1855) profesor de piano del 
Conservatorio de Madrid y tío de José Lubet.
(Grabado de la BNE convertido a fotografía con IA)

Se sabe muy poco de la trayectoria y aprendizaje de los primeros años de José Félix Lubet Albéniz, pero por su condición de nieto del compositor Mateo Albéniz y sobrino del célebre maestro de piano Pedro Albéniz (1795-1855) hermano de su madre, es de suponer que su influencia fue decisiva en su carrera, pues Pedro fue organista de San Vicente de San Sebastián, plaza que ocupaba desde los diez años, y maestro de capilla de Santa María de la misma ciudad, desde la jubilación de su padre en 18273. Algunas fuentes aseguran que José Félix estudió en París con Kalkbrenner, Herz y quizás también con Liszt, pero quizás se le han atribuido los profesores de su tío, que tuvo contacto con los dos primeros en sus estudios en Francia y también con Fetis y Rossini. Lo que parece evidente es que Pedro Albéniz, desde su puesto de profesor del Conservatorio Nacional de Madrid, facilitaría mucho a su sobrino José Félix sus inicios como concertista, pues con solo dieciséis años, en 1842 comenzó su carrera, realizando después muchos conciertos por España y Francia. En la prensa de dicho año, el crítico Espín y Guillén le saludó de forma entusiasta con las siguientes palabras:


Un intérprete con un fuego extraordinario y una fuerza y dominio del instrumento referido que sorprende. El Sr. Lubet y Albéniz es joven de un talento muy aventajado, reúne cualidades y genio para brillar en la carrera que con tanto acierto ha emprendido, y para ser un brillante pianista no le resta sino tener seis u ocho años más de edad; es decir, un poco menos de fuego y un poco más de calma4.


Según las reseñas que de su actividad concertística fueron apareciendo, el joven músico ya había actuado en París, Burdeos, Tolosa y otros puntos principales de Francia, «donde lo mismo que en Madrid y Barcelona, ha sido oído con extraordinaria aceptación y entusiasmo»5. En un recital suyo en Granada en 1848, la prensa comentó que gozaba de «una ejecución facilísima y sorprendente que recuerda a su gran maestro Liszt». El cronista consideraba que había que seguir su trayectoria, ya que tenía un mérito superior al de muchos aventureros musicales «que de extranjis» hacían fortuna en España6.


En 1849 actuaría en Sevilla, contratado por la empresa del teatro San Fernando, junto con una compañía lírica. El redactor aseguró que «este artista español, cuya ejecución en el piano hemos tenido el gusto de admirar, va a recibir sin duda del público de Sevilla los aplausos con que recompensó siempre los triunfos del genio»7.


En su concierto de presentación en el Teatro Principal de Cádiz en 1850, José Lubet hizo gala de sus grandes dotes de improvisador al piano. El crítico contó que se ofreció «a tocar sobre varios temas difíciles que le proporcionaron varios de los concurrentes». El joven pianista ejecutó «algunas variaciones improvisadas con gran maestría, pasando sin gran violencia de un tema a otro, en lo cual dio pruebas no solo de dominar bien el instrumento, sino de poseer muy buenos conocimientos en un arte adonde pocos llegan a la perfección», aunque, en opinión del redactor, para que hubiera sido perfecto tendría que haber sacado a relucir algunos temas de las más conocidas óperas que se habían presentado ya en Cádiz8. Tal era la influencia del género lírico entre el público de entonces.


A la manera de aquella época, Lubet también componía sus propias obras pianísticas y las interpretaba en sus propios recitales. Pocos años después se dedicó a la composición de la entonces naciente y rentable zarzuela. Constan al menos cinco, escritas en colaboración con otros autores. Las dos primeras, de 1852, se anunció para la temporada del teatro San Fernando de Sevilla, La casa de huéspedes, con letra de Loma y Corradi y La gira en San Juan, letra de Velázquez9. La tercera, al año siguiente, la zarzuela en dos actos “Dos golosos a una breva”, con letra de Alejandro Benisia y Joaquín Guichot y música de José Lubet y Mariano Courtier10. La cuarta, en cinco actos, con letra de una escritora anónima y música otra vez de Lubet y Courtier, titulada Don Policarpo Tragalón. Y la quinta, en un acto, con el título Don Bonoso Rompegalas o un viaje a El Puerto, arreglada al teatro español por el escritor sevillano Teodomiro Fernández Aveño, puesta en música también por Lubet y Courtier. A partir de este momento también dio el salto a la dirección musical, pues dirigió algunas compañías de ópera italianas de las que hacían giras por Andalucía11.


Concierto de piano en un salón aristocrático del siglo XIX

En 1857 aparece ya instalado en Cádiz y se organiza a principios de año un concierto benéfico en su honor. La convocatoria explica que se trataba del maestro director del Teatro Principal, y en él tomarían parte diversos artistas y se estrenarían diferentes composiciones, «cuya función corresponderá al merecido crédito que como profesor goza el señor Lubet en esta ciudad, donde son muy conocidos y apreciados sus talentos»12. Unos años más tarde aparece avecindado en El Puerto de Santa María13. Se dedica a la composición pianística y a la docencia, impartiendo clases particulares a muchas señoritas de la alta sociedad y en diferentes academias y escuelas. Entre sus alumnas hubo diferentes gaditanas, sanluqueñas y jerezanas, dado que Lubet se movía por la provincia gaditana, donde se casó en 1851 con una chica huérfana de 17 años, con quien tuvo lo menos seis hijos14. Ejerció probablemente también como profesor de algunos miembros de la familia Orleáns-Borbón, en su palacio de Sanlúcar. Es de suponer que su tío Pedro Albéniz le facilitó estos contactos con la aristocracia borbónica, dado que había sido profesor de la familia real desde 1837. Como testimonio de esta relación han quedado diferentes obras de José Félix dedicadas a miembros de esta familia, como la hermana de la reina, María Luisa Fernanda, esposa del duque Antonio de Orleáns e incluso a la propia reina Isabel II15. En la prensa se recogieron algunos testimonios, como el estreno de sus Canciones andaluzas, por la soprano Antonia Montenegro y el propio compositor al piano, en un concierto celebrado en Sanlúcar de Barrameda, compartiendo escenario nada menos que con el pianista norteamericano Louis M. Gottschalk y el violinista austríaco Louis Eller16. En noviembre del mismo año, Gottschalk y Lubet volvieron a coincidir en un concierto extraordinario celebrado en Sevilla, donde tocaron a dúo e interpretaron con ocho pianistas sevillanos más la fantasía sobre El sitio de Zaragoza, para diez pianos, del maestro americano17. También quedó constancia de la recepción de que fue objeto en Madrid por la familia real y el estreno de su pasacalle titulado El Príncipe, «ejecutado por vez primera en el palacio de los duques de Montpensier, en Sanlúcar de Barrameda, el día 28 de marzo de 1888 por la brillante banda de música del Regimiento de Álava», bajo la dirección del músico mayor Damián López Sánchez, por quien había sido instrumentado18.


Pasacalle "El Príncipe", original conservado en la
Biblioteca Nacional de España (BNE)

Su actividad musical abarca las diferentes localidades de la provincia gaditana, pues como ejemplo de ello habría que destacar un concierto celebrado en el verano de 1871 en que el maestro donostiarra presentó sus obras Castilla y Aragón, Andalucía y Guipúzcoa, popurrí descriptivo, y otra titulada Andalucía y Aragón, escena macarena-flamenco-aragonesa, para cuatro pianos y armoniflauta (armonium), que fueron ejecutadas por tres señoritas y el propio Lubet, acompañados por las alumnas del colegio del Carmen, que tañían las castañuelas, panderetas, tamboriles, triángulos, copas y palmas. La prensa se hizo eco de «los infinitos elogios» que se habían prodigado a tales composiciones, «celebrando las dificultades vencidas para armonizarlas, la brillantez y limpieza de la ejecución y la fidelidad con que están copiados nuestros aires nacionales»19. Se configura así nuestro autor como un compositor nacionalista en consonancia con las corrientes europeas que se expanden en el romanticismo.


Otra de sus obras curiosas sería estrenada en Sevilla en 1882 con motivo de la celebración del IIº Centenario del pintor Murillo. Se trataba de la Melodía a Murillo, para tiple, piano y armonium, con letra del literato gaditano Adolfo de Castro y que fue cantada por María Fernández Boada de Castro, acompañada por el propio Lubet20.


José Félix Lubet dejó escritas un buen número de obras para piano, música de salón de la época, donde los valses, polkas, mazurkas, pasacalles y demás piezas bailables del rico folclore patrio, causaban furor y gustaban mucho al público burgués que pagaba a los músicos en sus fiestas de sociedad. También, dada sus grandes dotes virtuosísticas, interpretaba muchas obras basadas en las óperas románticas de gran éxito, como las de Rossini, Donizetti, Bellini, etc. Eran piezas de gran dificultad técnica que gustaban mucho al público. Sin duda, Lubet Albéniz representa una de las figuras más sobresalientes del piano romántico español, además de haber contribuido a iniciar la fusión entre el lenguaje estético europeo de la música clásico y el canto popular español y andaluz que aprovecharon y ampliaron otros autores posteriores.


Lubet ejerció como profesor y logró formar como pianistas a varias generaciones de andaluces. Daba clases en el Colegio del Santísimo Cristo de la Esperanza de Jerez. Tuvo un hijo llamado Arturo, que fue afinador de pianos, otro llamado Juan, que también estudió música, y otro, llamado igual que su padre, que tocaba la viola en un cuarteto que dio muchos conciertos y grabó para la radio, y que fue director del Orfeón Gaditano.


Tres obras suyas con relación a Sanlúcar de Barrameda.


Como ejemplo de su obra hemos seleccionado las siguientes tres piezas, que tienen relación con Sanlúcar de Barrameda, bien por reflejar aspectos de la ciudad o bien por estar dedicadas a alumnas suyas que residían en la localidad.


LA JARA (Pago de Sanlúcar de Barrameda) Mazurka para piano21.


Original existente en la BNE de Madrid

El matrimonio formado por el vinatero y ganadero de reses bravas Carlos Otaolaorruchi Munilla y su esposa Horacia Somavía Terán, vivían en la céntrica calle Bolsa, 21, en una de las magníficas casas que se construyeron en esa vía por las familias acaudaladas de aquellos años. Carlos tenía 27 años, pues había nacido en 1870 y su esposa Horacia, la dedicataria de la Mazurka La Jara, contaba con 23 años. Había nacido en 1864 y fallecería con solo 40 años en 1904.


Como muchas familias acomodadas, esta familia también tenía su “recreo” veraniego en La Jara, una zona que ya a fines del siglo XIX se destacaba por su exuberante naturaleza, tranquilidad y temperatura suave durante el tórrido verano. Carlos Otaola también se construyó un hotelito en el pago de la Jara, que más que una casa era un palacio, adornado con mármoles y azulejos. Una hacienda que hermoseaba mucho el entorno y que se podía vislumbrar desde la vía del ferrocarril de la Costa que iba de Sanlúcar a El Puerto. La pieza, escrita bajo la forma de Mazurka sentimental brillante, emana un ambiente apacible y amable, con una estructura formal muy sencilla, en consonancia con la belleza natural de esa hermosa zona sanluqueña.


LOS PÁJAROS, nocturno imitativo para piano22.


Original impreso existente en la BNE de Madrid

Lubet dedicó otra pieza titulada Los pájaros a otra sanluqueña: Joaquina Otaolaurruchi Munilla, hermana de Carlos, cuñada de la ya citada Horacia. Estas piezas fueron escritas entre los años 1884 y 1888, al igual que el pasacalle dedicado a don Antonio de Orleáns. Joaquina nació en 1867 y en en 1887 vive con su madre viuda y sus hermanos en la calle San Juan 16. Debió ser una buena alumna y con gran dotes musicales, pues Los pájaros no es una obra fácil, aunque el autor da la opción de poder interpretar una versión menos virtuosística. En forma de nocturno (pieza romántica por excelencia en la época), que se presta tanto a la contemplación sentimental, se trata de una especie de diálogo en una forma improvisatoria entre el piano y una bandada de pájaros de variada especie, que se encierran en la parte aguda del instrumento y le da un tono naturalista y simpático a la obra.


LAS DOS DEL RELOJ DE LA TIENDA DEL Nº 2 EN SANLUCAR DE BARRAMEDA, Polka para piano23.


Original impreso de la partitura (BNE, Madrid)

Los Angulo fueron una familia de Jerez que se vino a vivir a Sanlúcar de Barrameda para iniciar diferentes negocios vitivinícolas. Habitaron una casa en la calle Santo Domingo 1 (hoy desaparecida) y luego compraron una casa en la calle Caridad (que aún existe, aunque reformada) que habitaron varias generaciones. Del matrimonio entre Gerónimo Angulo y Carolina Cormack nacieron varios hijos e hijas, una de las cuales, María, estudió piano con el profesor vasco. María Angulo Cormack es la dedicataria de la pieza escrita por el compositor, de tono humorístico, que hace referencia a un célebre hotel y restaurant existente en la calle Ancha, que estuvo abierto más de cuarenta años entre los siglos XIX y XX. Estaba situado en la esquina con la calle Cervantes, donde después existió otro negocio de hostelería llamado “Nuevo Bar”.

 

José Félix Lubet falleció en Jerez de la Frontera, el 20 de abril de 1893, según consta en El Guadalete del día siguiente. Aparece como vecino del Barrio de Santiago. En Sevilla, el 23 de abril se dio la triste noticia: «El maestro compositor D. José Lubet y Albéniz ha fallecido en Jerez de la Frontera. Ha dejado muchas obras musicales de reconocido mérito, entre ellas algunos zortzicos»24. Como buen vasco, nunca olvidó su propia cultura.

NOTAS

1Datos contenidos en FamilySearch. (Consultado el 1 de septiembre de 2026). Una recopilación de su biografía y trayectoria en la tesis de PAULO SELVI, Isabel: “La influencia de Liszt en el panorama musical hispano a raíz de su estancia en la Península Ibérica”. Universidad de La Rioja, 2017. p. 387-406. Aunque los resultados de mi investigación difieren en algunos aspectos de los aportados por la autora.

2LUBET, José Ignacio: Creación de la ciencia musical bajo las bases o principios astronómicos / escrita espresamente [sic] y dedicada a todos los conservatorios de música de todo el orbe por José I. Lubet, profesor de harmonía, composición e improvisación. Bayona, 1850. Ejemplar existente en la BNE.

3Casas, Gemma: “Pedro Pérez de Albéniz y Basanta”. En Historia hispánica, online: https://historia-hispanica.rah.es/biografias/35427-pedro-perez-de-albeniz-y-basanta (Consultado el 3 de septiembre de 2026)

4Espín y Guillén, J., en La Iberia musical y literaria, 27 noviembre 1842, p. 4. Diario de Avisos de Madrid, el 21 de noviembre de 1842.

5El Fénix, Valencia, 23 abril 1848, p. 8.

6El Granadino, 5 Julio 1848, p. 4.

7Gaceta de Madrid, 22 de noviembre 1849, p. 2.

8La Tertulia, periódico semanal de literatura y de artes, domingo, 23 de junio de 1850, p. 5. Ya en 1849 había pasado el artista por Cádiz de camino hacia Lisboa, y se destacó que en Sevilla «tuvo la honra de tocar» ante la familia Orleáns y Borbón, quienes «se dignaron permitir pusiese sus augustos nombres al frente de cinco canciones andaluzas que al intento compuso». (Gaceta de Madrid, 22 de marzo 1849, p. 3)

9La Paz, Sevilla, 5 abril 1852, p. 3.

10Sevilla, 1853, Imp. de la Aurora.

11Veáse El Guadalete, 22 abril de 1854, p. 3.

12La moda, Cádiz, 25 enero 1857, p. 3.

13Guía de Cádiz y su departamento, José Rossety, año 1869, p. 313

14Nacidos en Cádiz, Chiclana, Jerez y El Puerto de Santa María. Sus apellidos eran Lubet Reinante.

15«Ha venido a Madrid, siendo recibido por la familia real, el maestro compositor de Cádiz don José Lubet, el cual ha ofrecido a S.M. el Rey un vals coreado, y a la reina madre doña Isabel, una obra característica (Crónica de la Música, 23 septiembre 1880, p. 6). LUBET Y ALBENIZ, José: Ramillete Artístico [Manuscrito] / colección de canciones andaluzas compuestas espresamente y dedicadas a la infanta de España María Luisa Fernanda, duquesa
de Mompensier
. Cinco obras para canto y piano: Canciones Andaluzas: El tremendo, La jitanilla, La morenita resalá, Frazquilla la Granaína, El gachón. Biblioteca Insular de Gran Canaria, José Pérez Vidal.

16La España, 1 septiembre de 1852, p. 1. El concierto se celebró el 25 de agosto de dicho año con motivo de un “besamanos” a los duques, con una nutrida asistencia de la alta sociedad andaluza. (DAZA PALACIOS, Salvador.: “Un concierto en Sanlúcar del célebre pianista y compositor Gottschalk (1852)”. En https://elsanluquilla.com/articulos/arte/musica-sanlucar/un-concierto-en-sanlucar-del-celebre-pianista-y-compositor-gottschalk-1852/)

17La Paz, 11 noviembre 1852, p. 4. Los demás pianistas fueron Blanco, Castro, González, Fernández, Kluft, Millán, Rodríguez y Vázquez.

18José Lubet y Albéniz, El príncipe: pasa-calle para piano. Madrid, Antonio Romero, 1888, portada. BNE, sig. MP/79/8, en línea: <http://bdh-rd.bne.es/>. Damián López también obsequió al duque de Montpensier con otra pieza original, concretamente, con la partitura de la Polka de Los Infantes, por la que recibió «un soberbio alfiler de oro y brillantes de gran precio e incalculable valor artístico». Diario de Pontevedra…, 30-X-1908, pág. 1. (AYALA HERRERA, Isabel Mª / Juan Carlos GALIANO DÍAZ: “Ecos de Ultramar: El músico mayor jiennense Damián López Sánchez (1895-1930)”. Boletín de Estudios Giennenses, 2020, ene-jun. 221, pp. 381-435)

19Las pianistas fueron Julia Thuyllier, Concepción García y Josefa Morante. (La Iberia, Madrid, 29 agosto 1871, p. 3)

20Sevilla Mariana, revista religiosa, año 1882, T. 2, p. 397. Este evento congregó a muchos otros importantes compositores españoles, así como a estudiosos del Arte, con un amplio programa de actividades.

21La Jara (pago del término de Sanlúcar de Barrameda): Mazurka para piano, por José Lubet y Albéniz. Aparece registrada en el Boletín de la P.I. de 1 de Abril de 1888. Impresa por F. Echevarría ese mismo año. Se puede oír en mi canal de YouTube: https://youtu.be/uieZfbpGpN8?si=zSyPEBY_ZEP-bu3r

22Los pájaros: nocturno imitativo para piano. Madrid, A. Romero, entre 1884 y 1886. Uno de los más prestigiosos editores de música de la época. En YouTube: https://youtu.be/Z5V_SjAR0Hg?si=Whi6uGe2oscWm317

23Las dos del reloj de la tienda del nº 2 de Sanlúcar de Barrameda, Polka para piano, por José Lubet y Albéniz. Aparece inscrita en el Boletín de la Propiedad Intelectual del 1 de Julio de 1887, p. 79. Fue editada el mismo año en Madrid por F. Echevarría. Puede oírse en YouTube: https://youtu.be/ds7V06UBKHI?si=gKGOqPwYSB1TUeX2

24El Noticiero Sevillano, Sevilla, 23 de abril de 1893, p. 2.

lunes, 19 de junio de 2023

JULIO CEBALLOS, PINTOR Y MECENAS CULTURAL

Salvador Daza Palacios

(Publicado en Diario de Jerez, el 17 de julio de 2021)

Un gran hombre, un gran artista, ha muerto.

Julio Fernández-Ceballos, conocido para el arte pictórico andaluz como Julio Ceballos, nos ha dejado huérfanos a todos aquellos que le conocimos y le quisimos tanto.

Julio nació en Chipiona, pero amaba a muchos pueblos y ciudades en las que fue dejando huellas a lo largo de su fecunda vida artística y social. En especial, en Sanlúcar de Barrameda dejó constancia de su amor y entrega en gran cantidad de ocasiones. Le tenía un cariño especial a esta ciudad por haber sido aquí donde realizó sus estudios primarios en el Colegio de los Hermanos Maristas de Bonanza. Pero, además, pasó después en ella muchas temporadas, dedicándole una parte de sus magníficas pinturas, realizando carteles, organizando actos culturales e implicándose en la investigación de diversas obras de arte presentes en iglesias o colecciones particulares. Como vocal de la Comisión de Arte Sacro del obispado de Asidonia Jerez realizó una labor de control y vigilancia del patrimonio de la diócesis, que le consultaba determinadas cuestiones debido al gran conocimiento que poseía en el ámbito histórico-artístico.

Ceballos realizó varias exposiciones de su obra en Sanlúcar, alcanzando un gran número de visitas y unas excelentes críticas. También colaboró muchos años con el Festival Internacional de Música “A orillas del Guadalquivir”, mediante su generosidad y patronazgo, prestando su obra para divulgar internacionalmente el evento y realizando exposiciones en paralelo con dicho Festival. Una de sus obras de temática musical fue regalada al Ayuntamiento de Sanlúcar y se colocó de manera permanente en el Auditorio de la Merced.


Detalle de una pintura musical de Julio Ceballos

A través de Juventudes Musicales realizó también una labor de mecenazgo a favor de los jóvenes músicos sanluqueños, a los que ofreció su casa para presentarse ante el público de Chipiona. Organizó multitud de conciertos y fue el fundador de dicha Asociación en la vecina ciudad, además del Festival de Música de Chipiona, que aún se celebra todos los veranos.

Por desgracia, su gran proyecto, el Centro Internacional de la Música, que contó con el visto bueno de la UNESCO y de otras grandes corporaciones internacionales, no pudo ver la luz por la tacañería y miopía de las instituciones que hubieran sido las más beneficiadas por tan magna empresa. O sea, las más cercanas. Fueron muchas horas y años de trabajo, y una ilusión a raudales, las que empleó Julio Ceballos en este maravilloso proyecto cultural y educativo que se iba a situar en los antiguos pabellones sanitarios creados por el doctor Tolosa Latour junto al Santuario de Regla. Su no implantación le ocasionó un gran disgusto que le acarreó graves problemas de salud, además de otras muchas complicaciones personales.


Julio Ceballos recoge el título de Socio de Honor de Juventudes Musicales
de Sanlúcar de Barrameda en 1994, de las manos de su presidente, 
Manuel Jesús Barba Calvo. 

Viajero apasionado, recorrió numerosas ciudades europeas buscando la belleza que él sabía encontrar en los detalles más simples e inadvertidos como en los más excelsos. Esa era una de sus grandes virtudes, además de la generosidad de la que siempre hizo gala, el mostrar esa belleza que se oculta a los profanos y que él, artista integral y completo, reconocía y compartía con los demás. Nadie permanecía igual después de conocerlo. Julio Ceballos impregnaba con su arte y su savoir vivre a todo el que se cruzaba en su camino. En el campo de la pintura es uno de los mejores, de los más adelantados y originales pintores del pasado siglo XX y principios del XXI. Deja una obra grandiosa, excelente y genial. Es pues una obligación homenajear de forma pública a una persona tan entregada en pro de la Cultura y el Arte. A un auténtico mecenas que siempre levantó la antorcha del progreso a través de la educación artística y musical. Sanlúcar de Barrameda, y en general, la provincia de Cádiz están en deuda con Ceballos. Su gran altruismo y su arte personal quedarán siempre en el recuerdo de los que le conocimos y gozamos de su amistad. Y su pintura, a la que restó muchas horas dedicadas a su labor social y cultural, seguro que se irá revalorizando con el tiempo, como ha ocurrido con tantos genios. Porque Julio era un genio. Incomprendido y contradictorio, rebelde y magnánimo, curioso y extravagante. Muy amigo de sus amigos, se podía permitir licencias familiares, pues nos trataba con tal cordialidad que siempre nos causaba admiración, sorpresa y gratitud. Le gustaba siempre parafrasear a Unamuno: «Levanta a tus amigos, por que en su grandeza está tu propia grandeza». Y siempre esperaba la reacción aprobatoria de su interlocutor para replicarle: «Pues la frase no es de Unamuno, sino mía. Pero si digo que es mía previamente, no le hubieras prestado atención». Lo dicho: un genio.

sábado, 5 de noviembre de 2022

LA CASA DE SÁNCHEZ AYALA EN LA CALLE SAN JUAN

 

© Salvador Daza Palacios

No descubro nada nuevo si afirmo que la arquitectura de los pueblos es la expresión de su grandeza y/o miseria económicas, así como el testimonio material del uso, costumbres y profesiones de sus vecinos. Qué duda cabe, a estas alturas, que Sanlúcar de Barrameda, como ciudad agrícola y comercial por excelencia, ha dejado suficientes muestras del esplendor constructivo de sus habitantes, a través de sus magníficas edificaciones señoriales, prototipos y evidencias, a partir del siglo XVIII, de la riqueza de muchas familias que construyeron a su gusto y comodidad en un entorno favorable para la crianza, el bienestar y el progreso.

Aun a pesar del paso de los tiempos, con su inclemente incuria, se conservan aún muchas casas importantes desde el punto de vista histórico y patrimonial, que nos informan de gran cantidad de circunstancias sociales y son el ejemplo vivo del tipo de vida que llevaban nuestros antepasados, si sabemos leer bien el lenguaje de sus volúmenes y espacios, decoración y distribución, además de las particularidades específicas de sus moradores. Pero hemos de lamentar que la ruina y el abandono, además del desinterés municipal por todo ello (que parece instalado de manera endémica e insalubre en el Ayuntamiento local), hagan que cada año desaparezcan de nuestro casco urbano (reconocido como conjunto histórico artístico nacional desde 1973) grandes viviendas que fueron testigos de otros tiempos y que representan no solo el patrimonio y la memoria histórica de nuestra sociedad sino las formas de vida y el talento de las generaciones anteriores a la nuestra, frente a las que deberíamos rendir siempre nuestra más sincera humildad.


Casa nº 62 de la calle San Juan (noviembre 2022)

Una de estas casas condenadas a la desaparición parece ser hoy la casa numerada con el nº 62 de la calle San Juan (también la número 60, aunque difiere en su valor histórico y arquitectónico). Una casa que conocimos desde nuestra niñez y que hoy dia está prácticamente arruinada, aun a pesar de gozar, en el Catálogo de edificios “protegidos” por el PGOU de protección GLOBAL con la identificación B-59. Se describen en el catálogo sus méritos como «vivienda tradicional de tipo historicista-culta, con uso residencial y buen estado de conservación» (datos de 1994). Y se añade que «forma parte del conjunto de residencias de finales del siglo XIX y principios del XX de la calle San Juan». Como elementos a destacar aparecen las «rejerías» de toda la fachada y como elementos a conservar, «los espacios de acceso, patio principal y elementos de articulación espacial del edificio», así como «la fachada y crujías asociadas a los mismos» (1). Nada, excepto la fachada, queda ya en pie. Haremos un poco de historia de esta finca llamada a desaparecer, plagada de vicisitudes y personajes dignos de recuerdo.

El siglo XVIII

En 1761, según el padrón eclesiástico, esta casa de la calle San Juan era de propiedad del presbítero beneficiado Miguel del Villar, cura teniente de la iglesia mayor parroquial, que la compró probablemente por fallecimiento de su anterior propietario, el capellán y también cura de la parroquial Juan Lázaro Pérez Vázquez, que consta como vecino en dicha casa desde 1733, según el mismo citado padrón (2).

En 1770, según el padrón eclesiástico, la citada casa la vivían aún el presbítero Miguel del Villar, de 65 años, junto con su hermana de 53 y dos mujeres solteras: Francisca García, de 61 años, y María del Toro, de 17. En la accesoria de dicha casa vivía el matrimonio Morilla Muñoz, con un hijo de 24 años (3). Se dio la circunstancia de que el padre Del Villar cedió las habitaciones bajas y el patio de su casa a la familia Tassara para que velaran el cadáver de la víctima del asesinato cometido por fray Pablo de San Benito en 1774, la joven de 18 años María Luisa de Tassara. Un suceso ocurrido a las mismas puertas de la iglesia del Carmen el 6 de marzo de dicho año y que conmocionó a Sanlúcar y a toda España (4).

Planta de la casa, que ocupa una superficie total de parcela de 393 metros cuadrados, con 495 construidos sobre rasante, según el Catastro Inmobiliario del Ayuntamiento de Sanlúcar (AMSB) y la página virtual del Catastro (https://www1.sedecatastro.gob.es/) 

Subasta del Estado.

Ya bien entrado el siglo XIX, Pablo de Mier y Fernandez, vecino de Sanlúcar, de familia bodeguera, adquirió dicha finca por compra que de ella hizo al Estado. Aunque no se expresa en la escritura registral las circunstancias concretas del motivo de esta compra, hemos podido averiguar su origen: subasta de Bienes Nacionales Desamortizados. En concreto, la casa perteneció a la Hermandad de San Pedro, que, como tantas corporaciones religiosas, hubo de ceder sus bienes al Estado a partir de 1836 para que este procediera a su venta. Precisamente el año 1856, cuando Pablo de Mier compra la casa, fue un año en el que salieron a subasta una gran cantidad de Bienes Nacionales radicados en Sanlúcar que procedían del incautado patrimonio eclesiástico y con cuya venta se engrosaron las depauperadas arcas del Estado. Es de suponer que, al haber pertenecido la casa al presbítero Miguel del Villar, a su fallecimiento sería donada a la Hermandad a la que pertenecía como miembro del clero sanluqueño:

«Nº 598 del Inventario: Una casa en Sanlúcar de Barrameda, calle de San Juan, núm. 215, procedente de la Hermandad de San Pedro, de dos pisos y 3.917 pies cuadrados de terreno (5): linda con otras de Juan Álvarez y de José Lacave: gravada con los censos siguientes: uno de 143 reales, 13 mrs. de rédito anual a favor del patronato que fundó doña Ana Gómez; otro de 165 reales a favor del convento de monjas de Madre de Dios; otro de 107 reales a favor del patronato fundado por Antonio Rodríguez, y otro de 140 reales a favor de la colecturía de entierros. Capitalizada, por la renta de 2.114 reales que produce, en 47.565 reales, y tasada por los peritos en 50.273 reales, que es el tipo que se saca a subasta» (6).

 En representación del Estado intervino en la venta el juez de primera instancia del partido judicial, Antonio Ramirez y Arroyo, quien firmó la escritura ante el notario Nicolás Matheos el once de julio de 1856, quedando hipotecada a la seguridad del resto del precio por el que la adquirió el citado Pablo de Mier. La hipoteca se canceló el 30 de julio de 1870. La casa aparece numerada con el doscientos quince antiguo y treinta y cuatro moderno (7).


Aspecto actual (noviembre 2022) de la casa nº 62 en la calle de San Juan.
El Pradillo queda muy cerca.


Pablo de Mier y Fernández falleció en Sanlúcar, según su partida de defunción, el 8 de octubre de 1873, bajo un testamento que otorgó ante el notario Manuel Casanova el 24 de septiembre del mismo año, por el cual, entre otras muchas disposiciones declaró que estuvo casado con Rosa Nodal, que murió catorce años antes, quedando por huérfanos sus hijos Hipólito, José, María Dolores, María, Manuel y Pablo de Mier Nodal. Este último, que había estudiado en París, murió después que su madre sin haber otorgado disposición alguna testamentaria, y en estado de soltero, aunque legó por una única vez a Manuel Martínez y José Luis Escobar quince mil reales vellón a cada uno, para que atendieran así a su subsistencia y manutención.

Pablo de Mier Fernández dejó una herencia de 98.646 pesetas, 75 cts. y por consiguiente correspondió a cada uno de sus hijos 19.729 pesetas con 25 cts. Nombró por sus albaceas testamentarios cumplidores y ejecutores de su final voluntad a Juan Martínez Gutiérrez y José Matheos y Valdivieso, y les concedió amplio poder para que a su fallecimiento se apoderasen de sus bienes, vendiendo los que fueran precisos para cumplir su disposición, dentro o fuera del término que la ley señalaba, a cuyo fin les prorrogaba el plazo que necesitaren... Y nombró por universales herederos a sus referidos cinco hijos, para que heredasen por iguales partes y propiedad, y usufructo.



Los hijos del citado don Pablo, –que al parecer había vivido en Cuba y allí se había enriquecido–, fueron José, Manuel, nacido en Cienfuegos, aunque estudió en el Instituto Columela de Cádiz, procedente del Instituto de Jerez; Hipólito, también nacido en Cienfuegos, y que estudió en la Escuela de Comercio de Cádiz (8); Dolores y María Mier Nodal. Los cinco adquirieron de mancomún dicha casa por herencia de su difunto padre y la inscribieron a su nombre. José, soltero, abogado, Manuel, soltero, propietario, y lo mismo María y Dolores, esta última asistida de su esposo, Francisco de Paula del Castillo (9), propietarios todos, mayores de edad, y José no solo en nombre propio sino también en el de su hermano ausente, Hipólito de Mier Nodal, según el poder que este le confirió por escritura de 7 de julio de 1875 que pasó ante el notario Plácido López de Iturralde por el cual le facultó «para tomar dinero a préstamo con objeto de atender a las obligaciones del caudal; pero en cuanto sea absolutamente preciso y con el interés más módico posible, hipotecando para la garantía el anticipo del dinero.... de dicha testamentaría...».

Como desde la muerte del referido don Pablo sus hijos tuvieron que dividir los bienes, hicieron manifestación de estos en una escritura ante el notario Plácido López el 17 de diciembre de 1877, y con ella se inscribieron a nombre de todos en común y proindiviso los citados bienes, entre los que se contaba la finca de la calle San Juan y otros como una casa en la calle de la Plata. Que, a pesar del precio con el que figuraban las expresadas fincas, valían mucho menos a causa de la depreciación que desde el fallecimiento de don Pablo había tenido la propiedad urbana en la población. Así que la casa de San Juan se valoraba en 28.977 pesetas con 50 cts. Y la de la calle Plata en solo 620 pesetas.


Estado actual (fines de octubre de 2022) en que se encuentra el inmueble,
situado frente a la Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen.

Por razones que no se explican en la documentación, la casa termina siendo hipotecada por escritura del 3 de junio de 1878, por una cantidad de diez mil ochocientas sesenta y ocho pesetas con veinticinco céntimos en favor del acaudalado bodeguero sanluqueño León de Argüeso y Argüeso (10), que falleció en Sanlúcar poco tiempo después, el 28 de enero de 1880. Pertenecía por tanto la deuda (a un interés del 7 por ciento) a sus herederos, en concreto a su sobrino Manuel de Lucio Argüeso, a quien fue adjudicado el crédito, pues León de Argüeso instituyó por herederos a sus dos sobrinos carnales Manuel Lucio y Francisca Díez Argüeso, y a su sobrino segundo Juan Argüeso Gutiérrez, por terceras partes iguales. El 18 de mayo del mismo año se hace la escritura de partición y se adjudica el crédito a Manuel Lucio.

Pero uno de los hijos de Pablo de Mier, Hipólito, hace una jugada maestra, pues nombra como su apoderado en Sanlúcar al citado Manuel de Lucio, mediante un poder conferido en la ciudad cubana de Cárdenas el 3 de enero de 1879 ante Pablo Leonardo Ochoa y Echavarría, notario de la Audiencia de La Habana. Se adjudican ambas casas a don Hipólito, con la obligación de pagar la deuda al señor Lucio y Argüeso. Pero los gastos se compartirían entre los hermanos. La casa de San Juan queda pues a nombre de Hipólito, que inscribe el título de cesión o adjudicación para pago del expresado crédito. Todas estas diligencias se protocolizan en Sanlúcar el 30 de noviembre de 1880.


Situación de la casa de Sánchez Ayala en 1996 (foto del autor)

El 24 de diciembre de 1881 queda cancelada la hipoteca al haber abonado don Hipólito la cantidad total del capital más los intereses correspondientes. También canceló, en la Hacienda de Cádiz, los censos que gravaban la finca desde sus inicios.

Así que Hipólito de Mier y Nodal, de estado casado, mayor de treinta años, de ejercicio del Comercio y vecino de la ciudad de Cárdenas, en la Isla de Cuba, inscribió esta finca a su nombre, pero había nombrado su apoderado a Lucio Argüeso y este, con potestad para poder vender y comprar bienes de la propiedad de aquel, vende la casa número 62 a Antonio Márquez González, de estado casado, de ejercicio propietario y cosechero de vinos, mayor de edad y vecino de Sanlúcar, por un precio puramente convencional y líquido desembolso ambas fincas de cien mil reales y la casa que nos ocupa por noventa mil, cuya cantidad total declara el apoderado Manuel Lucio haberla recibido en el acto del otorgamiento de la escritura a presencia del notario y la de los testigos... Antonio Márquez González inscribió su título de compraventa en el registro de la propiedad. Todo ello el mismo dia citado del 24 de diciembre de 1881 (11).

Antonio Márquez González, almacenista de vinos, capataz y propietario, marido que fue de Nicolasa Cordero y Díaz, adquirió esta finca durante su matrimonio con esta señora, por compra que de ella hizo a Hipólito Mier y Nodal, como consta en la escritura. Y habiendo fallecido Nicolasa Cordero en Sanlúcar el dia 17 de noviembre del año 1886, se adjudicó la finca por un valor líquido de 16.450 pesetas a su esposo Antonio Márquez González, el cual inscribió su título hereditario comprensivo además de otras siete fincas registradas, llevándose a efecto dicho registro en Sanlúcar, el 2 de julio de 1887 (12).

Aspecto anterior de la casa poco después de fallecer su propietaria,
Aurora Sánchez Portales, hacia el año 2000 (AMSB, Fichas del Catastro Inmobiliario)

Pero la casa no la ocupó don Antonio sino que la alquiló, dadas sus especiales características, a un matrimonio muy poderoso de la ciudad. Según el padrón municipal, ese mismo año 1887 viven en ella el rico propietario Pedro Manjón Mergelina y su esposa, Dolores Palacio García. Él, de 39 años, natural de Sanlúcar, concejal y diputado a Cortes, y hermano de la que fue condesa de Lebrija, Regla Manjón; y su esposa, de 27 años, natural de Madrid. Uno de sus hijos, Pedro Manjón Palacio, fue oficial de Infantería y murió en la campaña de África, en Melilla, en 1925.

El dueño de la casa seguía siendo Antonio Márquez González, pero falleció en Sanlúcar el 27 de octubre de 1891. Otorgó testamento el 30 de enero de 1885 e instituyó por herederos a sus sobrinos José y Antonio Márquez Lobato, legando a María de la Caridad de los Reyes y Cordero cinco mil pesetas. Nombró por albacea a José Márquez Lobato. Hicieron las particiones correspondientes, pues María de la Caridad era también heredera de su tía Nicolasa, esposa de Antonio Márquez. A ella se le adjudica la casa por un valor declarado de 14.393 pesetas con 74 céntimos. Se realiza el trámite de inscripción a favor de Caridad Reyes Cordero en 27 de marzo de 1893.


Prácticamente todos los techos de la histórica casa están arruinados
(foto del autor, octubre 2022)

La casa aparece ya libre de cargas y el jardín está gravado con una servidumbre de luces a favor de la casa número 38 de la misma calle San Juan (hoy nº 68). El jardín se incorpora a la vivienda. Lo vende Francisco González Lobato, dueño de la casa número 38, a la que pertenecía, por 1.375 pesetas, a Maria de los Reyes y Cordero, según compraventa firmada en 15 de julio de 1892. Por estos años, la casa de al lado, a la izquierda, la número 36, ya pertenecía a mi tatarabuelo Francisco Romero Sánchez, que la heredó de su padre, el bodeguero y tonelero Andrés Romero Espinosa. Y la de la derecha y del fondo, a José Lacave y después a Adolfo Lacave Domínguez.

En 1894, según el padrón municipal, viven en la casa nª 34 en régimen de alquiler Francisco Asensio Gonzalez, Dolores Core Rodríguez, Jose Romero Asensio, Jose Luis Selma Ruiz, Caridad Rangel Cordero, Antonia Ruiz Ruiz y Caridad Selma Ruiz (13).

La casa pasa a propiedad de Miguel Sánchez Ayala.

En el padrón de 1906 los datos son diferentes. En la casa número 34 viven Petronila de Celis Carrera, nacida en Sanlúcar en 1862, de estado viuda. Y su hija Carmen Celis Celis, de 23 años, casada con Miguel Sánchez Ayala, de 24 años (nacido en 1882), dedicado al comercio de vinos. Nadie más.

Pero habiendo fallecido Carmen de Celis en la flor de su vida, pues tenía sólo 25 años (murió el 6 de septiembre de 1907) se practicaron las operaciones particionales de su caudal y en ellas resultó adjudicada la finca por un valor de 4.760 pesetas a su heredero, Miguel Sánchez Ayala, según testimonio de hijuela librado el 29 de noviembre de 1911 por el notario Ruiz Badanelli. También se adjudican 15 fincas más, lo que nos da una idea del poder económico de la familia.

Aunque en otra inscripción dice que Miguel Sánchez adquirió el derecho de retracto sobre la casa de Caridad Reyes por un importe de mil pesetas, mediante una escritura en la que le cedía el subarriendo de la citada finca, quedando obligado Miguel Sánchez a pagar a Ramón Romero Boch los arrendamientos correspondientes a los tres últimos años del contrato, en el caso de no ejercitar el derecho a retraer adquirido, con arreglo a lo consignado en la escritura de venta. Diligencia efectuada el 22 de febrero de 1911.


Etiqueta de la manzanilla pasada "Paloma Blanca", registrada en 1915
por Sánchez Ayala (cortesía de Dª Ana María Gómez Díaz-Franzón) 

Miguel Sánchez Ayala, del comercio, mayor de edad, viudo, hijo de Miguel y Victoria, adquirió pues el derecho de retraer la finca de este número por cesión que le hizo Caridad de los Reyes Cordero, quedando subarrendada la finca al mismo adquiriente cuantos derechos y obligaciones correspondían a la cedente, en las condiciones especiales y con el pacto de retracto a Ramón Romero Boch (14). Miguel Sánchez, al adquirir su derecho, estaba casado con su primera esposa, Carmen de Celis, la cual falleció en Sanlúcar sin haber otorgado ninguna disposición testamentaria. En un auto de 1 de febrero dictó el juez de primera instancia ante el escribano Manuel Hurtado la declaración de herederos abintestatos de la finada; su madre, Petronila María de Celis y Carrera, y heredera usufructuaria en la proporción que establecía el Código Civil, y su viudo, Miguel Sánchez Ayala.

En escritura otorgada el veinticinco de febrero ante el notario Ruiz Badanelli por los declarados herederos, describen y aceptan la herencia causada por la finada. Se le forman tres hijuelas a cada uno... Pero el derecho a retraer le correspondió a Petronila María de Celis Carrera, por herencia de su hija.

En 1914, según el Padrón municipal sigue viviendo en la casa Miguel Sanchez Ayala, nacido en 1882, con 32 años, que aparece ya casado con su segunda esposa Dolores Portales Merino, nacida en 1885, con 29 años, y sus dos hijas Dolores y Victoria Sánchez Portales, de dos y un año, respectivamente. Miguel Sánchez Batista, nacido en 1856 y viudo, se supone que es el padre del dueño de la casa, también figura residenciado en la misma.




A partir de esta fecha, la empresa vinatera de Sánchez Ayala tomará un gran auge, inscribiendo varias marcas de manzanilla como “Paloma Blanca”, "Imperial, “Las Cañas”, “Pipiola” y la aún existente, “Gabriela”, que fue registrada en 1918 (15). Ya por este año, Miguel figuraba como uno de los mayores contribuyentes de la ciudad y, durante la dictadura de Primo de Rivera, formó parte del Ayuntamiento como concejal, teniente de alcalde e incluso ocasionalmente alcalde. También formó parte de la Junta Local de Primera Enseñanza en representación de los padres de familia y de la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana (16). A pesar de estas ocupaciones públicas, también le quedó tiempo para viajar, pues estuvo en París con su padre y visitó varias veces diferentes balnearios en Granada para aliviarse de sus dolencias.


Según el Catálogo de edificios protegidos del vigente PGOU,
esta casa tiene protección GLOBAL y sus rejerías deben conservarse como elementos singulares


Descripción de la casa, realizada ya bastante entrado el siglo XX


Por la inscripción séptima del Registro de la Propiedad podemos conocer con más detalle las medidas de la finca y sus circunstancias registradas a lo largo de los años, pues se deja constancia que se ha ampliado su superficie agregando varias habitaciones de la casa contigua, la número 32. Un hecho que ya conocíamos personalmente, pues eran esas habitaciones las que visitábamos en nuestra infancia, que estaban destinadas a la oficina y escritorio de la bodega Sánchez Ayala. O lo que había quedado de dicha empresa, donde trabajaba un vecino nuestro, pariente próximo a mi madre: Eladio Fernández. Recuerdo perfectamente haber entrado varias veces en esas oficinas y en la bodega interior que formaba parte de la finca, que llegaba hasta la trasera calle de la Plata. Recuerdos nostálgicos de una Sanlúcar desaparecida, por desgracia.

«Casa situada en esta ciudad calle de San Juan, señalada con el número 34 moderno, compuesta de piso bajo, principal con azotea, y jardín, midiendo una extensión superficial en suelo y cielo de cuatrocientos cincuenta y cuatro metros cuadrados y la de ochenta metros sesenta y seis decímetros y veinticinco centímetros cuadrados de suelo sin cielo, correspondiendo esta a un ala de habitaciones tomada de la casa que es su lindante por la derecha número treinta y dos de la misma calle San Juan, que disfruta el cielo; ala que se compone de dos habitaciones corridas una de ellas con cierro a la calle, midiendo quince metros y veinticinco centímetros de largo por tres metros veinticinco centímetros de ancho, o sea con total superficie de cuarenta y nueve metros cincuenta y seis decímetros y veinticinco centímetros cuadrados; un pequeño cuarto de forma cuadrada a continuación de aquellas con un metro y cincuenta centímetros de lado, o sea, con superficie de dos metros veinticinco decímetros cuadrados; y un pasadizo o callejón hacia el fondo con acceso desde este último cuarto, con once metros cincuenta centímetros de largo y dos metros cincuenta centímetros de alto, o sea, con superficie de veintiocho metros y setenta y cinco decímetros cuadrados.

La casa contigua (nº 60), con la que compartía espacio el escritorio de Sánchez Ayala, S.A. también quedó abandonada al fallecer su propietaria y fue vendida al mismo promotor (AMSB, fichas del Catastro Inmobiliario)

En cuanto a las casas contiguas, han cambiado ya sus dueños:

«Linda esta finca por la derecha de su entrada con la número treinta y dos y treinta de la misma calle, antes respectivamente de Pablo Saelices García y Pedro de Mier y Díez, por la izquierda con la número treinta y seis de Francisco Romero Sánchez, hoy de Luis Romero Muñoz y hermanos, y por el fondo con otras de la calle de Sagasta, propias antes de Pedro de Mier, María de la Caridad de los Reyes y José Aldama, y con el trozo de jardín que forma parte de esta casa.

El jardín mide ciento veinte varas cuadradas y linda de frente al este con la casa que se describe y con la de Francisco Romero Sánchez, hoy de Luis Romero Muñoz y hermanos; por el fondo, al oeste, con casa antes de Andrés Romero, y con otra de Manuel García de Velasco, hoy de Agustín Sánchez Mosquera; por su derecha, al norte, con casa de José Aldama, y por su izquierda, al sur, con resto de jardin de la casa número 38 de la calle de San Juan, de herederos de Francisco González Lobato, hoy de los de Manuel Sánchez Castellano. En la segunda de las dos primeras habitaciones del ala de ellas, agregada a esta finca, o sea, la que está más al fondo, existe una ventana que da al patio de la finca de que se hizo la segregación, con dos metros de ancho y uno de alto, y en el pasadizo o callejón del fondo, existe otra ventana de setenta centímetros por un metro veinticinco centímetros, también al patio de la finca de que se hace la segregación, cuyas dos ventanas son solo de luces, constituyéndose las respectivas servidumbres en favor de esta finca que se describe, como predio dominante y sobre la finca resto, casa calle de San Juan numero 32, como predio sirviente, sin cargas. Su valor, ciento treinta mil pesetas.

En el padrón de 1935 figuran como residentes Miguel Sánchez Ayala, de 54 años y su esposa, Dolores Portales Merino, de 51, y sus hijos: Victoria, de 23 años, Carmen, de 21, María Joaquina, de 20, Aurora, de 17 años, y Miguel Sánchez Portales, de 11 años. Cinco años después, en el padrón de 1940, en el número 34 seguían viviendo los mismos.

Miguel Sánchez Portales.

Miguel, el único varón y el más joven de la familia, sería el heredero del negocio bodeguero y compraría la casa del número 26 de la misma calle San Juan para vivirla con su esposa, Pilar Delage Ferraro (Nacida en 1927 en Jerez). Un matrimonio muy fructífero, pues tuvieron nueve hijos: Pilar, Miguel (ambos nacidos en Jerez), Eduardo, Javier, Carlos, Dolores, Ignacio, Rocío y Gonzalo (nacidos en Sanlúcar) (17). Vivían en Sanlúcar desde 1950, pues desde su casamiento habían vivido en Jerez. En este mismo año 1960 aun viven sus padres en el número 34, Miguel Sánchez Ayala (que ya cuenta con 78 años), vinatero, y su esposa Dolores Portales Merino (que tiene 75) junto a su hija Aurora, de 41 años. Las demás no constan en el domicilio. Será en este mismo año cuando Miguel fuera nombrado segundo teniente de alcalde del Ayuntamiento por el alcalde Francisco Zaragoza, aunque ya había ejercido como concejal durante seis años (18).

Etiqueta moderna de la manzanilla "Gabriela",
registrada por Sánchez Ayala en 1918

Al fallecimiento de Miguel Sánchez Ayala se practicarían las operaciones de liquidación de la sociedad conyugal y partitivas de la herencia, haciéndose en ella las referidas segregación y agregación, y constituyéndose las descritas servidumbres; y se adjudica la finca a su viuda en parte de pago de su haber conjunto por aportaciones gananciales, legado y cuota legal capitalizadas. En su virtud, se inscribe esta finca en favor de su viuda, Dolores Portales Merino. Diligenciado en Sanlúcar a 20 de enero de 1964.

En una de las últimas inscripciones registrales se ofrece la equivalencia métrica del jardín: ochenta y cuatro metros veinte decímetros cuadrados. Y su valor se estima en ciento diez mil pesetas. El 29 de agosto de 1973, con 88 años, falleció Dolores Portales, que ejercía la titularidad de la presidencia del Consejo de Administración de la empresa “Sánchez Ayala, S.A.”. Por su testamento se realizaron las operaciones particionales de su caudal, y en ellas resultó adjudicada en pleno dominio y parte de pago de su haber, a la hija y heredera, Aurora Sánchez Portales, soltera, a cuyo favor se inscribe su título de herencia de esta propiedad en Sanlúcar el 13 de febrero de 1975.

Tras el fallecimiento de las hermanas Joaquina (+1997) y Aurora (+2000), que estuvieron viviendo juntas los últimos años de su vida, la casa quedó deshabitada, y tras los oportunos trámites fue inscrita a nombre de sus sobrinos, que la vendieron hacia el año 2002 al empresario sanluqueño Juan Piñero, fallecido en este año 2022.

NOTAS

(1) AMSB: Plan general de ordenación urbana (PGOU). Aprobado en 1997. Catálogo de edificios protegidos. Agosto de 1994.

(2) CLIMENT, Narciso: Historia social de Sanlúcar de Barrameda, tomo 3, pp. 199 y ss.

(3) CLIMENT, N.: Historia social ..., tomo 4, p. 178. Era la zona 4ª del padrón, y la casa número 88.

(4) DAZA PALACIOS, S. / PRIETO CORBALAN, Mª. R.: Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774). Univ. de Sevilla, 1998, p. 76.

(5) Unos 364 metros cuadrados de superficie.

(6) Gaceta de Madrid, 9 de febrero de 1856, p. 3.

(7) ARCHIVO DEL REGISTRO DE LA PROPIEDAD de Sanlúcar de Barrameda, FINCAS nº 4462 y 8217. Pablo de Mier aparece registrado como pasajero en el vapor-correo Santo Domingo, que salió de Cádiz para La Habana el 15 de mayo de 1863. El Pensamiento español, 18 de mayo de 1863, p. 4

(8) AHPC: Catálogo de alumnos del Instituto "Columela" y de la Escuela de Comercio.

(9) CLIMENT, N.: Historia..., tomo 6, p. 341, nota 439: Francisco de Paula Castillo Ulrich (1823-1910) nació en Sanlúcar de Barrameda, hijo de Luis y María del Carmen. Vivía en la calle Carmen 11.  Fue gobernador civil de Sevilla, cargo al que renunció para ser diputado a Cortes durante la Primera República. Fue diputado por Sevilla de 1869 a 1871 y por Priego (Córdoba) de 1873 a 1876. El 15 de noviembre de 1876, siendo vecino de Sevilla y viudo ya de María de la Paz Rodríguez Castillo, se casó en Sanlúcar de Barrameda con María Dolores Mier y Nodal. En 21 de diciembre de 1883 fue nombrado administrador municipal de consumos con el sueldo anual de 3.500 pesetas. En las elecciones para concejales de mayo de 1891 se presentó candidato en Sanlúcar pero no logró el cargo

(10) GOMEZ DIAZ-FRANZÓN, Ana Mª: “León de Argüeso y Argüeso (1801-1880), origen de las bodegas “Herederos de Argüeso” y “Manuel de Argüeso” en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)”. En el blog: http://desdetemplolucero.blogspot.com/2018/04/leon-de-argueso-y-argueso-1801-1880.html. Consultado el 31/10/2022.

(11) Se dio la circunstancia de que don Hipólito falleció inesperadamente en este mismo año 1881. Y algunos periódicos informaron de que su familia había cobrado una astronómica cantidad en concepto de seguro de vida que tenía suscrito con La New-York, compañía de siniestros de Cuba, con la que había firmado una póliza de 25.000 pesetas de la que tan solo habia satisfecho 1.297 en concepto de primas, con lo cual había obtenido un beneficio de 23.603 pesetas. [Anuncio en La Correspondencia de España, Madrid, 21 de abril de 1882, p. 4]

(12) ARPSB: Finca nº 4462, inscripción 8ª.

(13) AHPC, testamento de Francisco de Paula Selma Ruiz, natural de Sanlúcar de Barrameda. Protocolos 1272 y 1282 de El Puerto de Santa Maria.

(14) Ramón Romero Boch había pactado con la propietaria, Caridad Reyes Cordero, el uso y compraventa del jardín trasero de la casa mediante una especie de arrendamiento con opción a compra, por un valor de 12 mil pesetas, aunque reservándose Caridad Reyes el derecho de retraerla en un plazo de cuatro años. El jardin se incorpora a la vivienda el 14 de noviembre de 1905.

(15) GOMEZ DIAZ-FRANZÓN, Ana M.: Imagen publicitaria del Marco de Jerez: Un retrato de la época (1868-1936). Ed. Universo de Letras, 2019, Vol. II, pág. 427.

(16) CLIMENT, N.: Historia..., T. 8.

(17) AMSB, Padrón municipal de habitantes de 1960: Legs. 5186-5189.

(18) Miguel Sánchez Portales falleció en Sanlúcar el 14 de diciembre de 1990 con 65 años.