lunes, 7 de diciembre de 2020

SANGRE EN LA SOTANA: CLERIGOS HOMICIDAS EN LA ESPAÑA MODERNA Y CONTEMPORANEA

Mini documental sobre la investigación realizada por Salvador Daza y María Regla Prieto sobre los crímenes cometidos por eclesiásticos en España a lo largo de los siglos XVI al XX. Este trabajo se ha visto plasmado en cinco libros que han sido publicados desde 1998 y que han supuesto una línea historiográfica totalmente novedosa en nuestro país. El último libro publicado, "Sangre en la sotana: Clérigos homicidas en la España Moderna y Contemporánea", ha visto la luz en 2020, editado por Editorial Renacimiento en su sello Espuela de Plata y culmina más de 25 años de trabajos exclusivos sobre una temática inédita y que ha despertado el interés de muchos medios universitarios y de comunicación.

jueves, 19 de noviembre de 2020

QUINTA ENTREGA DE LA SERIE "CLERIGOS HOMICIDAS"

SANGRE EN LA SOTANA
A pesar del precepto claro y explícito, No matarás, a lo largo de los tiempos ha sido constante y reiterada la violación del quinto mandamiento por muchos hombres de la Iglesia, frailes, monjes y sacerdotes, que por su carácter eclesiástico debían dar un buen ejemplo a la grey de Dios pero que desviaron por completo su camino. El estudio de estos casos, espeluznantes y muy violentos, y la reacción y el impacto que tuvieron en la sociedad de sus respectivas épocas, llevó a Salvador Daza y a María Regla Prieto a sumergirse en una investigación que dura ya más de veinticinco años y que ha dado como resultado cuatro volúmenes en los que se estudian numerosos casos de delitos de sangre cometidos por eclesiásticos, así como la repercusión que tuvieron desde el punto de vista social, jurídico y judicial en las distintas épocas de la historia de España y la América colonial. SANGRE EN LA SOTANA (Clérigos homicidas en la España Moderna y Contemporánea) es el quinto libro de esta serie y acaba de publicarse en el sello Espuela de Plata de la Editorial Renacimiento.
Esta nueva recopilación de casos abarca el periodo que va desde el Antiguo Régimen hasta el primer tercio del siglo XX, llegando hasta el fatídico año de 1936. En esta obra se recogen historias de asesinatos cometidos por clérigos plagadas de represión, incomprensión, violencia y miseria intelectual y cuyos escenarios son numerosas cuidades de toda la geografía española, pues la violencia extrema de estos hombres de Dios no entendía de fronteras ni de territorios. Frailes bandoleros valencianos, asesinos con sotana de mujeres jóvenes y bellas en Zaragoza, en Viguera y Torre de Cameros (La Rioja), o en Burgos, frailes que cometieron sus asesinatos en la Guera de la Independencia, así como curas que mataban llevados por los celos como en La Roda (Albacete) o por la posesión de unas tierras en Asturias, como el párroco de Santiago de Sierra -que ha pasado a la historia no solo por su crimen sino por haber mermado la población de osos en la zona- o el horripilante infanticidio de Huesca, conforman una galería de casos muy interesantes que sacan a la luz la miseria moral de estos hombres de Dios y cómo estos asesinatos hicieron tambalear los pilares de la sociedad en los momentos en los que sucedieron. No se salvan tampoco los propios eclesiásticos de ser víctimas de la furia de sus hermanos en Cristo, así en esta obra se narra el terrible crimen del abad de los Basilios en Madrid, a manos de los monjes de su propio monasterio, así como el envenenamiento del reverendo padre de la parroquia de La Cava (Tarragona) por su antecesor en el cargo, el asesinato del cura de Cieza (Murcia), tiroteado en su propio templo y muerto en una de las principales calles de la villa o la discusión también en plena calle de dos beneficiados de la catedral de Toledo que acabó con la muerte de uno de ellos. A través de las páginas de este libro también se puede comprobar que fueron una constante las peligrosas alambradas por las que hubieron de transitar los jueces en su afán por querer hacer Justicia en un país constituido sobre la desigualdad, aceptada por muchos, tanto en los sectores privilegiados como en los menos favorecidos. Una de las aportaciones de este estudio radica en poder contar con una nueva fuente documental, además de los procesos judiciales, la prensa de la época, en la que se vislumbran esas dos Españas en permanente conflicto, que han conformado desde siempre este país nuestro. Todo ello prueba lo complicado que fue y sigue siendo avanzar en el difícil camino de conseguir una Justicia igual para todos.

sábado, 4 de julio de 2020

LA ALEGRIA DORADA DE LA MANZANILLA


Salvador Daza Palacios.

Como sanluqueño adoptivo y como íntimo amigo de José Colom Matheos, músico, concejal y cosechero de vinos, Joaquín Turina adoraba no solo a Sanlúcar de Barrameda y a sus gentes, sino al dorado néctar que producen las viñas en este lugar andaluz. Y así lo dejó escrito en muchas ocasiones. El lema que encabeza la célebre danza fantástica (op. 22) Orgía, dice: “El perfume de las flores se confundía con el olor de la manzanilla, y del fondo de las estrechas copas, llenas del vino incomparable, como un incienso, se elevaba la alegría”. Se trata de una cita del escritor sevillano José Más, que inspiró a Turina para componer tan genial obra. Como tantos “forasteros” que añoran nuestra ciudad, disfrutan de nuestro caldo universal también en su casa de Madrid, convirtiéndose a veces en proveedor suyo el escritor y poeta, bodeguero por excelencia, Manuel Barbadillo.

De derecha a izquierda: Salvador Palacios Merino, Juan Romero Muñoz
y Miguel Granados Romero, en una foto de estudio realizada en los años 20 por los hermanos Moreno.

Esta “Suite sanluqueña” que hoy se estrena en su versión para Banda Sinfónica es una selección realizada por mí de tres piezas escritas para piano por Joaquín Turina en diferentes obras, donde consagró, en dos de ellas, su particular homenaje al vino de Sanlúcar. Ojalá contribuya a difundir entre nuestras excelentes Bandas de Música las composiciones del ilustre compositor sevillano. La primera de las piezas que componen esta suite imaginaria, “Los bebedores de manzanilla”, forma parte de la segunda serie de Cuentos de España, op. 47, para piano. La primera serie, la op. 20, precisamente, fue dedicada a su amigo sanluqueño Pepe Colom.


En cuanto al movimiento central, “Tango”, es una pieza muy seductora, que pertenece a la obra Tres danzas andaluzas, op. 8, para piano. Tiene un neto sabor andalucista, muy en consonancia con los aires flamencos más queridos por el compositor. Las otras dos danzas son, precisamente, “Petenera” y “Zapateado”. No es preciso descubrir la extraordinaria relación entre el mundo del cante jondo y la pasión por la manzanilla. El buen cante con el buen vino se conjugan a la perfección y producen el magistral baile andaluz, acompasado a las más indelebles señas de identidad de nuestro pueblo.

El tercer movimiento coincide con el mismo número de orden en la Fantasía del Reloj, op. 94, una obra para piano, integrada por tres piezas, que fue compuesta entre 1942 y 1943 y estrenada 50 años después, nada menos, en Zurich (Suiza), por la pianista María Luisa Cantos. Se inicia con el “toque” de las tres de la tarde en el reloj familiar, que nuestro autor asociaba con “La hora la manzanilla”, momento en que la alegría inundaba el hogar coincidiendo con el almuerzo. Se trata de un final brillante para una suite que trata de homenajear tanto a Turina como a la ciudad en la que tan feliz fue y a la que dedicó tantos desvelos artísticos. Los que, por desgracia, no han sido suficientemente correspondidos.

LA MANZANILLA
Francisco Villaespesa

Vino de los amores y la alegría,
fragante de claveles, de sol dorado,
que morenas huríes han vendimiado
en las viñas de oro de Andalucía.

Las guitarras te ofrendan su melodía
a la sombra florida del emparrado;
en toneles de besos te han cosechado
y te escancian en vasos de pedrería.

Nuestra carne llamea como claveles,
y el alma paraísos de encanto cruza:
que al gustar las fragancias, que hay en tus mieles,

parece que bebemos, en cada caña,
en los labios de fuego de una andaluza
todo el oro fragante del sol de España.


(De «Panderetas sevillanas». Publicado en La Esfera

sábado, 25 de agosto de 2018

LA CALLE CARMEN VIEJO Y SU ANTIGUA COMUNICACIÓN CON REGINA Y SAN JORGE.


Por Salvador Daza Palacios

Siempre me había intrigado, al pasear por el centro histórico, por qué, cuando se bajaba el dificultoso Carril de los Ángeles no existía una calle que continuase el trayecto y acortase en línea recta hasta la calle San Jorge el paso desde el Barrio Alto al Barrio Bajo.

De hecho, mirando las construcciones existentes, da la casualidad de que justo enfrente del fin de dicho Carril existe un amplio garaje que sólo está cubierto por una chapa, y las dimensiones del espacio bien pudieran indicar que quizás en ese preciso lugar se iniciase una calle.
  
Mirando las panorámicas aéreas del caserío existente y viendo la configuración urbanística de la calle Regina, justo al lado de la iglesia conventual, descubro que hay una vivienda con poco más de cuatro metros de anchura y (supuestamente) una gran profundidad en su medida de largo. Se comprueba con facilidad que ese fragmento de fachada es una construcción ajena a las dimensiones de las dos fincas colaterales, con lo cual me hizo sospechar que quizás pudiera tratarse de la embocadura posterior de la calle se podría iniciar justo enfrente del Carril de los Ángeles.
Por pura casualidad, como ocurre en la investigación en muchas ocasiones, descubrí en los libros capitulares del Ayuntamiento sanluqueño la respuesta a mis dudas. Encontré que, en efecto, existía una callejuela que comunicaba la calle Carmen Viejo con Regina y San Jorge, pero que fue cerrada en 1745 por petición del capellán del convento de las clarisas.

El acuerdo aprobado por el cabildo se tituló así: “Petición para cerrar una callejuela que pasa por el convento de Regina, bajando frente al Carril Nuevo”. Esta petición, hecha por fray Antonio Sandoval, presbítero de san Francisco de la Observancia, capellán de las monjas, tenía como objeto salvar los inconvenientes que producía el tránsito por dicha callejuela (hay que recordar que, obviamente, en aquella época no existía el alumbrado eléctrico) pues se trataba de una calle sin salida y en ella se refugiaba gente de mala vida, «estando expuestas las casas de la vecindad y la clausura a robos, pues además existía un arroyo que bajaba y pasaba por dicha calleja junto a las paredes de la sacristía y refectorio, lo que le ocasionaba a estas dependencias mucha humedad y daño… se estropeaban las vestiduras sagradas, etc. El franciscano ofrecía levantar una pared que cerrara la entrada de la citada callejuela, «sin perjuicio de la casa contigua», si se le otorgaba el permiso[1]

En un artículo de la historiadora sanluqueña Carmen Rodríguez Duarte se confirman los extremos que acabo de exponer,[2] pues nos explica que la capilla mayor de la iglesia conventual se pudo labrar gracias a la compra que hizo la duquesa de Medina Sidonia, patrona del cenobio, de una casa contigua que pertenecía a Fernando de Rosas. La capilla ocuparía precisamente «la parte de la calle que desde el Carril de los Ángeles y Alcoba (sic) salía a la de San Jorge, visible actualmente desde el mirador de las monjas»[3].  Pero, como hemos dejado dicho, la calle no se cerró con este motivo. Siguió abierta hasta 1745 en que se cerró.



Problemas con el cierre:
 
En un cabildo de 1763 se expuso por parte del diputado de Obras públicas, Juan de Rosas, que tras haber cerrado el convento de Regina la callejuela contigua «a sus espaldas en la calle del Carmen viejo, por donde bajan las aguas del Carril de los Ángeles, saliendo a la calle de Regina, con cuyo motivo faltando a éstas su curso antiguo, y natural, toman otra vía perjudicial al vecindario, anegando diferentes casas, que no es justo padezcan este daño». Lo hizo presente para que se proveyese remedio. El cabildo acordó que los maestros mayores de obras pasaran a su reconocimiento y que se le hiciese saber a la madre abadesa del convento «que disponga facilitar el conducto de las aguas a satisfacción de los expresados maestros, pues de lo contrario se pasará al derribo de la pared y a remover otro cualquier embarazo». (Cabildo   8 de octubre de 1763, libro 71, f. 86v-87)  

Otras calles desaparecidas.


Esto mismo le sucedió a otras vías públicas en diferentes épocas. En 1716, por ejemplo, (Cabildo de 20 de febrero, f. 227) se acordó cerrar dos callejuelas en 1716. Las  dos en el Barrio Alto. Una, de un callejón que iba desde la rinconada de la cárcel hasta la calle San Agustín.  Se trataba, según el cabildo municipal « de un sitio excusado que no sirve más que de echar inmundicias y expuesto a cometerse ofensas de Dios». Igual pasaba en «el sitio de las Comedias que estaba a la espalda del mayorazgo que fundó don Alonso Garibay, desde donde se dominan las casas del Barrio Bajo» que gente «menos arreglada» utilizaban para registrar las vecindades. Así que se ordenó cerrar las entradas al citado callejón, pues además, Juan Juañez, vecino  de dicho sitio, por la seguridad de su casa y evitar escándalo a su familia, se había ofrecido a costear los gastos, «sin otra recompensa». Los regidores estimaron que tal cosa era «útil a la causa pública y en servicio de ambas majestades». 

 Lo mismo les sucedió a otras calles, como la que existía entre el callejón de los Sastres (saliendo de la Plaza de San Roque) y la calle Torno de Madre de Dios (dibujando una “L”) que también existía aún a mediados del siglo XVII. Como comenta la historiadora y especialista Ana Gómez Díaz Franzón,  es esta una cuestión "de gran interés para conocer el antiguo trazado urbanístico de Sanlúcar", pues "hubo otras integraciones de calles en las manzanas de casas". Valgan como ejemplo, además de los aportados, el callejón-almizcate actualmente cerrado, que comunicaba la calle San Juan con calle de la Plata, hoy incorporado a las viviendas contiguas.
También el callejón cedido en 1730 por el Ayuntamiento a la familia Arizón, que cruzaba el solar sobre el que se edificaba entonces el conjunto arquitectónico. Y el callejón de la Colarta y la callejuela de la Merced, cedidos también por el cabildo sanluqueño a los Montpensier hacia 1852 cuando levantaron su palacio [4]. El antiguo y desaparecido convento carmelitano calzado, situado en la calle Ancha también tenía una callejón doméstico por el que entraban y salían la ganadería al servicio de los frailes que aún se conserva, aunque incorporado a las viviendas contiguas [5]. Igualmente es de suponer que alrededor del conjunto monumental de Santo Domingo existían varias callejuelas también de uso particular de los dominicos, que al eliminarse los conventos con la desamortización eclesiástica, en vez de pasar a dominio público siguieron privatizados. Un caso contrario, sin embargo, lo constituye el actual callejón del Carmen, contiguo a la Parroquia del mismo nombre, en la calle San Juan, que era de uso privado de los frailes descalzos y pasó a uso público al perder la orden carmelita la posesión del cenobio, hacia 1840 [6].  

Al cerrarse algunas de estas calles, con el tiempo se privatizaron y fueron urbanizadas, introduciendo viviendas particulares en un espacio que fue durante muchos años una vía pública o de usufructo concedido de forma desinteresada por el cabildo sanluqueño, beneficiando obviamente a las clases privilegiadas de aquel entonces. Al perder la ciudadanía el derecho de paso por estas calles y consolidarse una situación de hecho, el patrimonio público perdió propiedades que hubieran sido hoy día muy estimadas por facilitar el tránsito peatonal y promover la mejor movilidad urbana.

EXPLICACION GRAFICA DEL ANTIGUO TRAZADO




[1]  AMSB, Actas capitulares del año 1745: Cabildo de 9 de enero, f. 181.
[2] Rodríguez Duarte, M.C.: “Patrimonio conservado en las clausuras femeninas sanluqueñas”. En Sanlúcar señorial y atlántica: I y II Jornadas de Patrimonio Histórico Artístico 2011-2012. Sanlúcar, 2014
[3] Ibíd., p. 122
[4]  Gómez Díaz-Franzón, Ana Mª: "El arte y la construcción del Palacio Orleáns-Borbón". En  El Palacio de Orleáns-Borbón, Sanlúcar de Barrameda (1989), p.  85. "El Palacio de Arizón", en la revista El Semanal (1990)
[5] Prieto Corbalán, M. R. & Daza Palacios, S.: Proceso criminal contra fray Alonso Díaz (1714). Universidad de Sevilla, 2000.
[6] Daza Palacios, S. & Prieto Corbalán, M.R.: Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774). Universidad de Sevilla, 1998.

lunes, 9 de abril de 2018

LAS ALDABAS DE SANLÚCAR

Por Juan Alcón Atienza.

         Cada vez es más difícil encontrar en las puertas de Sanlúcar esas verdaderas obras de arte que son las viejas aldabas de hierro o bronce. Estos elementos artesanales presentes prácticamente desde que el hombre decidió hacerse sedentario y poner puertas a sus casas, una vez perdida su utilidad como llamador, han ido desapareciendo paulatinamente cada vez que se sustituía una puerta o caía uno de los viejos caserones que poblaban nuestro casco histórico, lo que ha provocado que estas piezas de gran valor histórico y artístico se encuentren en peligro de extinción. Sin embargo, aún podemos encontrar ejemplares únicos, auténticas piezas de museo conservadas gracias al cuidado  y el buen gusto de sus propietarios.
         El origen de nuestras aldabas parece encontrarse en la antigua Grecia, fue allí donde comenzó a utilizarse una argolla colgada a la puerta que hacía la función de llamador. Los romanos añadieron a la argolla una placa de bronce especializándose los herreros en la decoración de estas placas posteriores con variados  motivos mitológicos, más elaborados cuanto más importante fuera el edificio que debían proteger. Entre estos motivos decorativos el que tuvo mayor difusión, predominando en la Edad Media, fue el de la cabeza de león unida a la argolla que servía como llamador, como tirador y, en las puertas de las iglesias durante ese periodo, para hacer efectivo el derecho de asilo con solo asirse a ellas.
         En la época bajomedieval y renacentista, sobre todo en España, se fueron multiplicando y haciéndose cada vez más ricas y elaboradas, no solo la placa sino, sobre todo, el martillo por la influencia de las exquisitas creaciones de los herreros andalusíes. Los maestros forjadores las creaban en función de la casa a la que iban destinadas; no había casa distinguida que no tuviese su aldaba, de ahí el refrán “a tal casa tal aldaba” y la locución “tener buenas aldabas” como símbolo de poder e influencia. También había diferencias dependiendo de si el edificio era una vivienda o un edificio público o religioso, como podemos comprobar aún en Sanlúcar donde se puede apreciar una gran similitud entre las aldabas según pertenezcan a bodegas, conventos o casas particulares.
         Nuestras aldabas tienen gran influencia de la tradición islámica como indica el mismo origen hispanoárabe de la palabra, que significa “lagarta” haciendo alusión a su forma. Según la costumbre árabe, se colocaban dos aldabas en las puertas, una para los hombres de forma fálica (en la puerta derecha) y otra para las mujeres de forma redondeada (en la puerta izquierda), sonando cada una de modo diferente para saber si el que llamaba era hombre o mujer y, sobre todo, para saber quién debía salir a abrir. De estas deriva la conocida aldaba en forma de mano sosteniendo un fruto, tratándose de una evolución del símbolo popular árabe de la mano de Fátima, usado como amuleto de protección doméstica contra el mal de ojo hasta su prohibición en 1526, en que se obligó a cambiarlas por cruces sobre el dintel de las puertas, debido a su extendido uso entre los moriscos. Estas aldabas en formas de mano, que exportamos a toda Europa y América latina,  merecen un capítulo aparte, tienen diferente simbología según si son de la mano izquierda o derecha y según si el anillo está en el dedo anular o corazón. Los lenguajes de las aldabas también son un capítulo interesante.
         En Sanlúcar, como decimos, quedan pocas, es necesario tomar conciencia sobre su interés histórico-artístico y poner en valor estas pequeñas obras de arte, protegiéndolas y fomentando su recuperación  antes de que desaparezcan definitivamente.
         A modo de pequeño catálogo de aldabas sanluqueñas mostramos algunas de ellas identificando su ubicación.

Antigua Cárcel - Plaza de la Paz



 
Aldabón dominico - Parroquia de Santo Domingo







Casa calle San Juan
Casa calle San Juan


Casa calle San Juan

Bodega - C/ Banda Playa

Bodegas Barbadillo- C/ Santiago.

Bodega C/ La Plata

Bodega C/ Divina Pastora

Bodega El Cuadro - Calle Trasbolsa

Bodega La Guita

Bodega Argüeso. C/ Mar.

Casa particular - calle Bolsa

Casa calle Regina

Casa del Pradillo - Puerta de servicio

Casa del Pradillo - Puerta principal

Casa Palacio del marqués de Arizón - C/ Banda Playa

Casa González Hontoria

Casa particular - Barrio Alto

Delegación de Hacienda - Calle San Juan