domingo, 7 de agosto de 2022
lunes, 25 de julio de 2022
viernes, 12 de noviembre de 2021
Documental sobre José Colom Victor, librepensador sanluqueño
EL LIBREPENSADOR JOSÉ COLOM VÍCTOR
Salvador Daza da a conocer esta figura sanluqueña, cuyo testamento, de 1913, aún no se cumplido.
En el último número de la revista Trocadero que edita la Universidad de Cádiz, ha visto la luz un artículo del historiador Salvador Daza Palacios, en el que desvela las claves de la vida y del pensamiento de José Colom Víctor, un excepcional sanluqueño, adelantado a su tiempo, que vivió entre la segunda mitad del s. XIX y los inicios del s. XX. Este singular personaje fue médico, abogado, investigador, pero, sobre todo, un republicano anticlerical y librepensador. Realizó sus estudios en Madrid y en Sevilla. Fue gran amigo de Fernando Lozano, el fundador del periódico madrileño Las dominicales del Librepensamiento, una cabecera de opinión durante muchos años adalid del anticlericalismo.
Cuando regresó a su tierra natal, Sanlúcar, Colom Víctor fue depositario de una gran fortuna, pues provenía de una acaudalada familia bodeguera y de negocios. Invirtió entonces una parte de ese capital en intentar implantar el laicismo en la sociedad que le tocó vivir, algo absolutamente utópico en aquellos tiempos. Uno de sus objetivos fue que se construyera un cementerio civil para los no creyentes y para los practicantes de otras religiones que no fuera la católica, o que al menos se habilitara una sección del cementerio que ya existía para estos casos. El Ayuntamiento de la época se resistió todo lo que pudo a esta iniciativa, a pesar de que la ley apoyaba la reivindicación de Colom Víctor.
Nombrado Presidente de Honor de los republicanos sanluqueños, durante toda su vida fue una especie de oveja negra para la burguesía de su ciudad, a la que pertenecía por nacimiento. Hasta su propio entierro fue motivo de escándalo y polémica, pues la ceremonia fue denunciada por el conde Aldama, personaje muy poderoso, pues era líder del integrismo y del carlismo en Sanlúcar y la provincia y diputado nacional, que vio con muy malos ojos que Colom Victor tuviera un entierro completamente civil, por lo que prohibió que se le hicieran al difunto los honores que le correspondían y se merecía.
El artículo del profesor Daza desvela los detalles del testamento de tan peculiar personaje, un testamento que desde entonces, 1913, ha traído de cabeza a las autoridades por la dificultad de poner en ejecución su legado, pues, entre las diversas disposiciones de este, nuestro hombre dejó un enorme capital, bienes y propiedades para la implantación de una Fundación, cuyo principal objetivo debía ser «la demostración de la falsedad de todas las religiones». Un objetivo que los gobernantes de las distintas épocas consideraron «ilegal». Por ello, desde entonces tanto el patrimonio inmobiliario como el rústico de Colom Víctor ha ido pasando a personas particulares y se ha ido perdiendo a lo largo del tiempo sin que se haya respetado la voluntad del testador. Aún hoy existen algunas de estas propiedades que no han sido adjudicadas. «El Estado debería ejecutar el testamento o bien hacerse cargo de ellas en virtud de no tener un dueño reconocido, para que pasen a formar parte del patrimonio público», defiende el autor de la investigación, Salvador Daza, que recupera una figura brillante y extraordinaria, José Colom Víctor, que hubiera merecido mayor atención por parte de la historiografía y de la política.
lunes, 7 de diciembre de 2020
SANGRE EN LA SOTANA: CLERIGOS HOMICIDAS EN LA ESPAÑA MODERNA Y CONTEMPORANEA
jueves, 19 de noviembre de 2020
QUINTA ENTREGA DE LA SERIE "CLERIGOS HOMICIDAS"
sábado, 4 de julio de 2020
LA ALEGRIA DORADA DE LA MANZANILLA
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| De derecha a izquierda: Salvador Palacios Merino, Juan Romero Muñoz y Miguel Granados Romero, en una foto de estudio realizada en los años 20 por los hermanos Moreno. |
El tercer movimiento coincide con el mismo número de orden en la Fantasía del Reloj, op. 94, una obra para piano, integrada por tres piezas, que fue compuesta entre 1942 y 1943 y estrenada 50 años después, nada menos, en Zurich (Suiza), por la pianista María Luisa Cantos. Se inicia con el “toque” de las tres de la tarde en el reloj familiar, que nuestro autor asociaba con “La hora la manzanilla”, momento en que la alegría inundaba el hogar coincidiendo con el almuerzo. Se trata de un final brillante para una suite que trata de homenajear tanto a Turina como a la ciudad en la que tan feliz fue y a la que dedicó tantos desvelos artísticos. Los que, por desgracia, no han sido suficientemente correspondidos.
LA MANZANILLA
Francisco Villaespesa
sábado, 25 de agosto de 2018
LA CALLE CARMEN VIEJO Y SU ANTIGUA COMUNICACIÓN CON REGINA Y SAN JORGE.
Por Salvador Daza Palacios
Siempre me había intrigado, al pasear por el centro histórico, por qué, cuando se bajaba el dificultoso Carril de los Ángeles no existía una calle que continuase el trayecto y acortase en línea recta hasta la calle San Jorge el paso desde el Barrio Alto al Barrio Bajo.
De hecho, mirando las construcciones existentes, da la casualidad de que justo enfrente del fin de dicho Carril existe un amplio garaje que sólo está cubierto por una chapa, y las dimensiones del espacio bien pudieran indicar que quizás en ese preciso lugar se iniciase una calle.
Por pura casualidad, como ocurre en la investigación en muchas ocasiones, descubrí en los libros capitulares del Ayuntamiento sanluqueño la respuesta a mis dudas. Encontré que, en efecto, existía una callejuela que comunicaba la calle Carmen Viejo con Regina y San Jorge, pero que fue cerrada en 1745 por petición del capellán del convento de las clarisas.En un cabildo de 1763 se expuso por parte del diputado de Obras públicas, Juan de Rosas, que tras haber cerrado el convento de Regina la callejuela contigua «a sus espaldas en la calle del Carmen viejo, por donde bajan las aguas del Carril de los Ángeles, saliendo a la calle de Regina, con cuyo motivo faltando a éstas su curso antiguo, y natural, toman otra vía perjudicial al vecindario, anegando diferentes casas, que no es justo padezcan este daño». Lo hizo presente para que se proveyese remedio. El cabildo acordó que los maestros mayores de obras pasaran a su reconocimiento y que se le hiciese saber a la madre abadesa del convento «que disponga facilitar el conducto de las aguas a satisfacción de los expresados maestros, pues de lo contrario se pasará al derribo de la pared y a remover otro cualquier embarazo». (Cabildo 8 de octubre de 1763, libro 71, f. 86v-87)
Otras calles desaparecidas.
Esto mismo le sucedió a otras vías públicas en diferentes épocas. En 1716, por ejemplo, (Cabildo de 20 de febrero, f. 227) se acordó cerrar dos callejuelas en 1716. Las dos en el Barrio Alto. Una, de un callejón que iba desde la rinconada de la cárcel hasta la calle San Agustín. Se trataba, según el cabildo municipal « de un sitio excusado que no sirve más que de echar inmundicias y expuesto a cometerse ofensas de Dios». Igual pasaba en «el sitio de las Comedias que estaba a la espalda del mayorazgo que fundó don Alonso Garibay, desde donde se dominan las casas del Barrio Bajo» que gente «menos arreglada» utilizaban para registrar las vecindades. Así que se ordenó cerrar las entradas al citado callejón, pues además, Juan Juañez, vecino de dicho sitio, por la seguridad de su casa y evitar escándalo a su familia, se había ofrecido a costear los gastos, «sin otra recompensa». Los regidores estimaron que tal cosa era «útil a la causa pública y en servicio de ambas majestades».
Lo mismo les sucedió a otras calles, como la que existía entre el callejón de los Sastres (saliendo de la Plaza de San Roque) y la calle Torno de Madre de Dios (dibujando una “L”) que también existía aún a mediados del siglo XVII. Como comenta la historiadora y especialista Ana Gómez Díaz Franzón, es esta una cuestión "de gran interés para conocer el antiguo trazado urbanístico de Sanlúcar", pues "hubo otras integraciones de calles en las manzanas de casas". Valgan como ejemplo, además de los aportados, el callejón-almizcate actualmente cerrado, que comunicaba la calle San Juan con calle de la Plata, hoy incorporado a las viviendas contiguas.
También el callejón cedido en 1730 por el Ayuntamiento a la familia Arizón, que cruzaba el solar sobre el que se edificaba entonces el conjunto arquitectónico. Y el callejón de la Colarta y la callejuela de la Merced, cedidos también por el cabildo sanluqueño a los Montpensier hacia 1852 cuando levantaron su palacio [4]. El antiguo y desaparecido convento carmelitano calzado, situado en la calle Ancha también tenía una callejón doméstico por el que entraban y salían la ganadería al servicio de los frailes que aún se conserva, aunque incorporado a las viviendas contiguas [5]. Igualmente es de suponer que alrededor del conjunto monumental de Santo Domingo existían varias callejuelas también de uso particular de los dominicos, que al eliminarse los conventos con la desamortización eclesiástica, en vez de pasar a dominio público siguieron privatizados. Un caso contrario, sin embargo, lo constituye el actual callejón del Carmen, contiguo a la Parroquia del mismo nombre, en la calle San Juan, que era de uso privado de los frailes descalzos y pasó a uso público al perder la orden carmelita la posesión del cenobio, hacia 1840 [6].
[5] Prieto Corbalán, M. R. & Daza Palacios, S.: Proceso criminal contra fray Alonso Díaz (1714). Universidad de Sevilla, 2000.
[6] Daza Palacios, S. & Prieto Corbalán, M.R.: Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774). Universidad de Sevilla, 1998.




