domingo, 22 de enero de 2012

Hallazgo historico

LOCALIZADOS UNOS IMPORTANTES DOCUMENTOS HISTÓRICOS DEL AYUNTAMIENTO DE SANLUCAR.

 

El investigador y profesor Salvador Daza Palacios ha localizado en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz unos importantes documentos históricos que pertenecieron en su día al Ayuntamiento de Sanlúcar y que llevaban extraviados más de 150 años.

Se trata de las Actas Capitulares del año 1823, correspondientes al primer semestre del año. Se da la circunstancia de que en el Archivo Municipal de Sanlúcar se conservan las actas pertenecientes al segundo semestre de dicho año, pero faltaba el primero, que coincide justamente con el último período del Ayuntamiento liberal del trienio 1820-1823.

Tras la entrada en la provincia del Ejército francés conocido como “Los cien mil hijos de San Luis”, regresó de nuevo el régimen absolutista, y con ello la represión política a todas aquellas autoridades locales que habían llevado a cabo una política liberal. Comenzó entonces una depuración de los funcionarios municipales, que conllevó la expulsión de muchos de ellos, pues el rey Fernando VII declaró “nulos” todos los acuerdos del Gobierno constitucional y de las corporaciones de él dimanadas.

Por esta circunstancia, fueron solicitadas por la Diputación Provincial de Cádiz las actas correspondientes al primer semestre de 1823 y no fueron devueltas nunca.  Se desconoce si fueron alguna vez reclamadas por las Corporaciones municipales posteriores a dicho año, pero dada la confusión existente entre los documentos pertenecientes a la Diputación y al Gobierno Civil, hasta 1989 no se realizó por parte del citado Archivo Histórico Provincial de Cádiz el inventario de los fondos documentales de la primera institución, que correspondía al período de 1812-1869, y que hasta entonces no había sido catalogado.

Los documentos localizados se agrupan en cinco cuadernos independientes cosidos, aunque sin encuadernar, conteniendo un total aproximado de 748 páginas en un estado de conservación muy bueno. Se da la circunstancia especial de que este período de la historia de Sanlúcar no ha sido apenas estudiado precisamente por la falta de esta documentación que nunca estuvo disponible en el Archivo Municipal sanluqueño.

Sería por tanto muy interesante que el señor Delegado de Cultura iniciara los trámites necesarios para poder recuperar legalmente esa documentación que pertenece por derecho propio al Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda.

Fuente: www.sanlucardebarrameda.tv

martes, 8 de noviembre de 2011

“LA CONJURA DE EL ESCORIAL”, PELICULA DE ANTONIO DEL REAL


Cine español de categoria internacional

Me duele que siempre que estrenan una película española salgan los de siempre como lobos hambrientos a destrozar sin piedad y misericordia el trabajo de los demás. En ninguna disciplina como en el cine se da esa falta de pudor a la hora de enjuiciar el trabajo de unos profesionales entregados honradamente a su labor. Y lo más curioso que quienes critican tan ferozmente nunca han realizado ni un mal vídeo casero, con lo cual no veo cual será su validez ni su crédito, los mismos que los de quien nunca tocó el piano ni estudió música y se dedica a la crítica musical de grandes intérpretes (por supuesto que, para ellos, siempre serán mejor los músicos extranjeros que los nuestros).

Haría falta muchas películas españolas que defendieran el cine español de los ataques de los propios españoles. Estoy harto de escuchar a estos "grandes cultivadores" de la cultura nacional que si tal película "es española" no irá a verla.

Todo esto viene a cuento de las críticas que he podido leer en esta misma página y en otras muchas (incluidos los llamados críticos de la prensa) que quieren siempre elevarse por encima de su propia mediocridad e ignorancia cultural haciendo un ejercicio de cinismo a la hora de sentenciar a muerte el trabajo artístico de muchos profesionales españoles.

Esta película, que es de lo que se trata aquí, me ha parecido magnífica y muy necesaria. Nunca se había rodado un película histórica con tal perfección, narrada con pulcritud y ambientada con un preciosismo y un detallismo propios de industrias de mayores recursos. He ido a verla sin prejuicios, únicamente armado con mi propio conocimiento histórico de unos hechos que fueron y que siguen siendo un hito en la terrible Historia de este país. Y cuando salí del cine, tras más de dos horas de proyección, tuve la sensación de haber podido "entrar" directamente como testigo de unos hechos históricos que nunca fueron objeto de la atención de nuestra abundante cinematografía. La película me mantuvo las dos horas en vilo, sin perder detalle ni intensidad en ningún momento, lo cual es una virtud, bajo mi punto de vista, imprescindible en cualquier filme.

Los escenarios naturales, el vestuario, la música, la calidad de la filmación en general, me han parecido geniales y los personajes convencen, son de carne y hueso y con el perfil humano que nunca hemos podido aprehender cuando leemos los libros de historia.

Muy recomendable, por tanto, en un país en el que la Historia aún se desprecia como cultura y como acicate de progreso. Ojalá que esta iniciativa pueda continuarse y se rueden muchas más películas de importantes hechos históricos acaecidos en nuestra nación, con este nivel de perfección y con esta, para mí, categoría internacional, que no tiene nada que envidiar a las mejores o más publicitadas superproducciones extranjeras.

¡Hay que verla!

sábado, 29 de octubre de 2011

ESCUCHANDO FLAMENCO



La experiencia de escuchar flamenco en directo, aunque se interprete con micros y altavoces, es única. No puede compararse con la audición de cualquier grabación o retransmisión radiofónica o televisiva. Pero la unión del guitarrista con el cantaor es pura entelequia, es una unión ficticia pues, por mucho ensayo que hayan realizado, la actuación es el momento cumbre, cuando de verdad importa todo aquello que uno y otro (o una y otra, aunque hay que decir, una vez más, que hay ya muchas cantaoras pero muy pocas tocaoras femeninas) puedan llegar a interpretar.


El don de la improvisación es consustancial al cante jondo, tanto para la guitarra como para la voz. Aunque los dos se basen en una serie de esquemas y falsetas predeterminadas que caracterizan a cada uno de los cantes o palos, y que son variedades muchas veces del mismo tronco. Estos esquemas permiten acomodar la letra y determinados giros propios de cada cantaor según su lugar de origen, y que tradicionalmente ha venido a clasificar muchas formas del cante, aunque la mayoría de las veces no hayan fijado más que la propia “escuela” de quien lo interpreta y no su procedencia geográfica.

Pero lo que sin duda llama más la atención para el músico académico es comprobar como el guitarrista y el cantaor van cada uno por un lado, sin apenas consonancia armónica ni rítmica. En muchos casos más que un acompañamiento simultáneo, más que dos que hacen música juntos, como podría ser en cualquier música de cámara, instrumento y voz dialogan, se replican, la guitarra siempre comenta, matiza e ilustra con notas y acordes la copla cantada. Estos pequeños “interludios” sirven también para que el solista tome aliento y se concentre en la próxima estrofa. En la mirada y el gesto de ambos se deja claro la subordinación de uno a otro: el cantaor muy frecuentemente cierra los ojos, mientras que el tocaor se mantiene atento y en vilo, tanto con el traste y cuerdas del instrumento como al más mínimo suspiro y gesto de quien lleva la voz cantante. El vocalista se muestra muy cuidadoso con sus melismas y florituras, con una gran preocupación lírica de colocar bien la letra y el verso, además de dosificar sus fuerzas y repetir lo más posible el alarde respiratorio prolongado, el formar una frase elaborada con gorjeos rápidos sin romper la línea melódica. Una exhibición de fuerza y poderío que levanta y entusiasma al público. El acompañante, desde que la guitarra salió de sus propias cavernas, se mantiene, cuando llega su turno, muy concentrado en hacer de sus “solos” cuanto más barrocos y virtuosísticos mejor. El solista vocal aprovecha entonces para animarlo echándole piropos artísticos. El “punteado” y el “rasgueo” bien dosificados ponen el contrapunto occidental a una melodía arábiga que muchas se mueve entre cuartos de tono y que se acompaña de palmas “a compás”, aunque no se sepa la mayoría de las veces en qué compás estamos, pues es más importante el ritmo, el pulso frenético, en una ordenación asimétrica. Pues el ritmo está por encima de la organización regular del movimiento.


Al tener que situarnos en el ámbito de lo que llamamos la “tradición oral”, debemos mencionar  forzosamente que la gran mayoría de los flamencos cantan (o tocan) “de oído”.  Aun a pesar de los progresos que en los últimos quince o veinte años se han hecho para “domesticar” el cante y el toque y acomodarlos en el pentagrama (y ahí están la gran cantidad de publicaciones que se han realizado por variados intérpretes) no hemos conseguido aún que la mayor parte de los ejecutantes del flamenco se instruyan en el sistema musical universal. Y así, es prodigioso el “mal oído” que tienen muchos cantaores y sobre todo guitarristas para colocar los acordes convenientes y oportunos a una línea melódica que nunca se sabe por donde va a salir. La falta de educación vocal que también sufren muchos cantaores y cantaoras (y que de hecho le juegan muchas malas pasadas pues quedan afónicos a edades muy tempranas) les hace “irse de tono” con una facilidad pasmosa, dejando en muchas ocasiones al acompañante atónito y sin saber por donde salir.

Todo ello demuestra, una vez más, la falta de formación académica que sufren la práctica totalidad de los intérpretes del flamenco. Aunque también es prodigiosa la falta de oído musical que, en este sentido, tiene la mayoría del público que dice entender de flamenco, pues, dejándose llevar en muchas ocasiones por la “garra” y el “temperamento”, olvidan aspectos básicos de cualquier arte musical, como son la afinación y la proporcionalidad rítmica.

Esperemos que con la entrada del Flamenco en sus diferentes especialidades en los Conservatorios se mejoren estos defectos, pues creo que así, el cante jondo será aún más internacional de lo que ahora es, aunque para ello deba despojarse de ciertas “peculiaridades” que algunos pudieran entender como “identidad” y, por tanto, se resistan a los cambios.

(c) Salvador Daza Palacios, 2011.