lunes, 29 de julio de 2024

DE SANLÚCAR DE BARRAMEDA A BRUSELAS, PASANDO POR CATALUÑA

 

LA CONCERTISTA DE VIOLÍN ANITA PINET, UN GENIO DE LA INTERPRETACIÓN MUSICAL.

Salvador Daza Palacios

Doctor en Historia.

Conservatorio Profesional Joaquín Villatoro de Jerez de la Frontera (Cádiz)

[Ponencia presentada en el Congreso Internacional Contemporáneas: Políticas, trabajadoras y hacedoras de sociedad / coord. por Fundación Juana de Vega, Universidade de Santiago de Compostela, 2022 ]

Si exceptuamos los precedentes lejanos de la italiana Teresa Milanollo (1827-1904), la moravia Wilma Neruda (1838-1911) o la francesa Camilla Urso (1840-1902)1, y los más cercanos, en el tiempo y el espacio, de la intérprete valenciana Adelina Domingo (1883-1905), de Cristeta Goñi (1897- ?) y de Pepita Diéguez, pocas son las mujeres violinistas que alcanzaron notoriedad; y aún menos las españolas en el período entre siglos2. Y no precisamente por falta de jóvenes con talento, pues casi en paralelo al corto período de fama de la citada Adelina, surge otra violinista con unas cualidades fuera de lo común y que hoy día aparece prácticamente olvidada por la Historia3. Frente a ellas, la preponderancia de los ejecutantes masculinos, como Joan Manén, Fernández Arbós, Rafael Millán, Fernández Bordás, Manuel Quiroga, Alejandro Mirecki, Brindis de Salas, Joaquín Blanco Recio, Joan Massiá y otros muchos extranjeros (Blazer, Groskalki, Thibaud y el Rey del Violín, Jan Kubelik), convertirán en excepcionales a estas damas del violín. Eran tiempos en los que el talento arrollador de Pablo Sarasate había convertido los conciertos en espectáculo de masas, pues el artista navarro iba llenando teatros precedido de su gran fama internacional y de su insuperable técnica y musicalidad.

El célebre violinista Pablo Sarasate

También eran tiempos de niños prodigios que eran llevados por ciudades y pueblos en fatigosas tournés en los que la música clásica seguía siendo algo excepcional y debía compartir escenario en muchas ocasiones con el teatro, la danza o cualquier otro tipo de varietés. Pero también la publicidad hacía su trabajo y se promocionaban artistas a través de la prensa que luego conseguían llenar los teatros y, por tanto, producir rendimientos económicos a empresarios e intérpretes.

La primera noticia sobre las virtudes musicales de Anita Pinet Goudard (y de su hermana mayor, Margarita, pianista) se dan a conocer en un diario de Gerona4:


«El pasado domingo, gracias a la galantería de nuestro distinguido amigo don Enrique Roca, secretario de esta Diputación provincial, tuvimos ocasión de pasar una tarde deliciosíma. Llegó a noticia de varios amigos, [que] se encontraban en esta, en unión de sus padres, los señores de Pinet de San Lucas (sic) de Barrameda, sus hijas Margarita y Anita, de 11 y 7 años de edad, respectivamente, y como quiera que a algunos de los citados señores les constaba que dichas niñas son dos aprovechadísimas alumnas de la profesora de piano y violín doña Luisa Cavayer de Díaz, demostraron aquellos al señor Roca sus deseos de oírlas, y este y sus padres accedieron gustosos a la petición, reuniendo en la casa del primero a distinguidas familias, así como un buen grupo de amigos, entre los cuales nos contamos. Cuantos informes nos habían dado de las angelicales niñas Anita y Margarita Pinet y Goudard, las oímos con exceso confirmadas, y aun conservamos por entero la gratísima impresión que nos causaron, revelándose aquellas muñecas, artistas de corazón, verdadera esperanza para el arte. Anita con su violín nos cautivó, a Margarita la admiramos en el piano, tal es la precocidad de estas dos niñas. Nos hicieron oír las fantasías: «Tempo Cíe Fu», gavota, por C. Graziani-Walter; «L' Elisire d' amore», por Alard; «Le Barbier de Seville», por Alard; «Fantasía bolero», por Dancla; «Tarantelle», por Lauwens; «Pavana», de Lucena y el «Ave-María» de Gounod, que fueron ejecutadas con verdadera maestría, recibiendo a la terminación de cada pieza entusiastas elogios. También acompañaron al piano algunas piezas a la monísima violinista Anita, el notable profesor señor Vrada (sic) y nuestro amigo el señor Malagrida, tocando en el violín un hijo de este señor, niño de corta edad, cuyo nombre sentimos ignorar, una pieza que mereció muchos aplausos. Repetimos que pasamos una tarde agradabilísima, pues aún repercuten en nuestros oídos las delicadas notas que con la inspiración de dos verdaderos artistas arrancaban de sus instrumentos las casi invisibles manecitas de Anita y Margarita. Reciban sus padres, los señores de Pinet, nuestra enhorabuena, que hacemos extensiva a sus tíos los señores de Roca»5.


La segunda noticia que salta a la prensa sobre las virtudes musicales de Ana Pinet la publica en enero de 1901 el diario madrileño El Imparcial. Con el descriptivo título de Una violinista infantil, la información se hacía eco de que un periódico de Barcelona había dado cuenta del concierto efectuado en dicha ciudad «por la niña Pinet, de siete años de edad, la cual, según la publicación referida, es una verdadera esperanza del arte, pues toca maravillosamente el violín, a pesar de sus pocos años. Anita Pinet es hija de un acreditado negociante de Sanlúcar de Barrameda»6.

Una violinista española sin identificar en los años 20. 


Hemos podido localizar los datos sobre su año de nacimiento y orígenes de su familia. En el padrón municipal de habitantes de Sanlúcar de Barrameda correspondiente al año 1894 figuran como residentes en esta ciudad gaditana desde hacía cuatro años. Su padre, Ramón Pinet Escarpente, era empleado, nacido en Lérida en 1859. Su madre, de nacionalidad francesa, Ana Goudart Vallat, nacida en Sete (Hernault) en 1872. Por razones que desconocemos, viajaron desde Francia hasta Sanlúcar, pues su primera hija, Margarita, nace en 1889 en la misma ciudad de su madre. Y los dos hermanos siguientes, Luciano y nuestra violinista, Ana, ven la primera luz en la desembocadura del Guadalquivir. El primero en 1891 y ella en 1892, en concreto el 4 de diciembre7. Los orígenes andaluces de su nacimiento y crianza son ocultados por la prensa regional, pues unas fuentes sitúan a Ana como nacida en Gerona y otras como natural de Lérida. De lo que no hay duda es de que el matrimonio formado por Ramón Pinet Escarpente y Ana Goudard Valat vivió durante al menos doce años en la ciudad gaditana de Sanlúcar de Barrameda, residencia motivada, según parece, por el trabajo del padre de Anita, que en 1896 era miembro vocal de la directiva del Nuevo Círculo de Sanlúcar8. En esta ciudad gaditana nacieron al menos tres hijos suyos, hermanos de Ana, Ramón (1894) Dolores y Mercedes (gemelas nacidas en 1900).

Otra célebre violinista de la época

En agosto de 1901, Anita comparecerá en una actuación pública organizada en el Teatro Principal de Sanlúcar de Barrameda. Consistió en un espectáculo de varietés muy del gusto de la época, en el que se incluyó la esgrima profesional a cargo de los maestros Merelo Casademunt y Desiderio Ferreira, con diversas exhibiciones de combates y asaltos. Ello se complementaría con un concierto musical de lo más variado. El acto se celebraría a beneficio de las escuelas de primaria que se iban a construir en la barriada Bajo de Guía. En la primera parte intervendría la banda de música del Regimiento de Infantería de Granada, que interpretaría la obertura de Poeta y aldeano, de Suppé. Tras varios duelos a espada y florete, haría su aparición en escena la jovencísima Anita Pinet con su violín, acompañada al piano por su profesora, Luisa Cabayé9, que interpretarían la obra Cantabile et bolero, op. 22, de Jules Danbé (1840-1905). Tras un nuevo desafío a espada, le tocaría el turno a la marcha de la ópera Juana de Arco, de Verdi, interpretada por tres jóvenes pianistas, en un curioso arreglo a seis manos. Las pianistas intervinientes eran las hermanas Mercedes y Josefa García Rodríguez10, María Antonia Caraballo11 y Mercedes del Prado12. Individualmente también actuaron Mercedes, que interpretó la Polonesa n.º 3, de Chopin, y su hermana Josefa, que lució sus magníficas habilidades con el tercer movimiento del Concierto n.º 1 de Mendelsshon y la excelente Rosalía Colon13, que ofreció su gran arte pianístico con el Grand Scherzo de Louis Moreau Gottschalk y la Deuxieme Mazurk de Benjamin Godard14.

En la crónica/crítica posterior se recogió:


«En este número del programa se distinguió notablemente en el piano la señora Cabayé y su discípula Anita Pinet con el violín, interpretando Cantabile et bolero»15.


Parece ser que tras estos primeros éxitos, los padres de la joven artista se decidieron a matricularla en una buena Academia musical en la capital de Andalucía. Así se deduce de la información sobre los exámenes puestos por la Filarmónica Sevillana a su alumnado en junio de 1903, en los que se destacaron las altas calificaciones obtenidas por Anita, pues en Solfeo de tercer año obtuvo sobresaliente y en cuarto año de violín, sobresaliente por unanimidad. Eran compañeras suyas en esta academia las jóvenes sanluqueñas Concepción Ñudi y Ruiz de Somavía, que obtuvo la misma calificación en Solfeo y en Piano por unanimidad, y María Gutiérrez y Díaz de Rávago, que también obtuvo sobresaliente en segundo de Piano16.

Una de las pocas fotografías que se conservan de Ana Pinet,
que fue publicada por una revista de su época


Dos años después, en 1903, el primero de agosto, la prensa sanluqueña mostró su entusiasmo porque en los días siguientes llegaría a la población procedente de San Fernando la banda de música de Infantería de Marina, de San Fernando, que tocaría todas las noches en el paseo de la Calzada. Dada la fama de la que tal formación venía precedida, todos los aficionados estaban ansiosos por oírla17. Y precisamente en estos mismos días, los días grandes del veraneo sanluqueño, se anunció una velada literaria y musical en la que intervendría Anita Pinet que, tras su actuación dejó admirados a todos en el espectáculo, que se celebró en el Teatro Principal de Sanlúcar con el fin de recaudar fondos en beneficio del Sanatorio Marítimo de Santa Clara, en Chipiona. El corresponsal, Díaz Pareja, dijo: «Todos los señores que tomaron parte en la fiesta han sido calurosamente felicitados, y muy especialmente la angelical niña Anita Pinet, que causó la admiración del público, haciendo con el violín prodigios de ejecución»18.

Según la crónica publicada en El Guadalete, hubo tal demanda de entradas para el concierto que se agotaron horas antes de iniciarse, produciéndose los consiguientes disgustos. La velada comenzó con la intervención de la citada Banda de Infantería, que interpretó la obertura de Guillermo Tell, de Rossini, que tuvo tanto éxito que hubo que repetirla. Tras un discurso de veinte minutos pronunciado por el escritor local José Ruiz de Ahumada, actuaron las jóvenes pianistas Luisa Cavayé, que interpretaría al piano la Romance sans paroles “Luite du cour” de un autor desconocido para nosotros, Saint Rose. Clara Peralto19 interpretaría en el piano la Serenade de Gounod con la colaboración de Rafael Reig, a la flauta, y José Colom Mateos al violín. Caridad Rodríguez Zambrano tocó la Fantasía sobre motivos de La Favorita, de Gottschalk. Y la violinista Anita Pinet, «que mereció por su inspiración y por su acierto los aplausos de la concurrencia», interpretó con el acompañamiento de su profesora, la Fantasía de Aires Nacionales, de Carretero. En la segunda parte intervino el profesor en Medicina, Manuel Jiménez de Castro, con una disertación sobre la utilidad pública de los Sanatorios. Tras él, la señorita Peralto tocó la Rapsodia húngara n.º 6 de Franz Liszt. A continuación, Walzer, de Sarasate-Piacevoli, por la Cavayé, con el acompañamiento de flauta y violín de los ya citados Reig y Colom. Tras ello, la joven Sacra Corbellini20 tocó de memoria el gran estudio para piano Tremole, Op. 58, de Gottschalk, que provocó la admiración de todos los asistentes. Tras otros números interpretados «por los artistas de afición» ya mencionados, la Banda de Infantería interpretó el “Ballet-pantomime” Les noces d’ Arlequin, Op. 73, una obra del compositor francés Francis Thomé (1850-1909) dedicada a su maestro, el célebre Ambroise Thomas (que quizás por eso figura equivocadamente como autor). «Y a ruegos de varios amantes de Euterpe, la banda interpretó después el Ave María de Gounod, que le proporcionó una verdadera ovación». El periodista terminaba felicitando a todos los intervinientes y dando la enhorabuena al alcalde, Leopoldo del Prado, y sus colaboradores «por este espectáculo tan culto y tan benéfico»21.

La música de cámara comenzó a abrirse terreno en los teatros y salones
desde principios del siglo XX


Don Arbidio Pulet, periodista y corresponsal de El Liberal, escribió con detalle la crónica del espectáculo y aventuró el gran porvenir que esperaba a nuestra intérprete:

«Produjo verdadera admiración en el auditorio ver a la niña, que cuenta diez años de edad, tocar el violín. Se comprende. La niña Pinet es un prodigio. Lo que hoy hace es anuncio para ella de un porvenir artístico risueño. No es la primera vez que la pequeña artista ejecuta ante el público. A los cuatro años llamó ya la atención por su desenvoltura en el manejo del difícil instrumento.

En Madrid, Barcelona, Sevilla, Cádiz y Jerez ha tocado ante numerosa concurrencia en distintas ocasiones. Anoche confirmó una vez más las singulares aptitudes de que está poseída. El público la aplaudió con entusiasmo. Merecen sinceros plácemes su profesora, la señora Cavayé y los padres de la precoz concertista»22.


La formación de Anita siguió ampliándose y creciendo, a la vez que su prestigio artístico cada vez mayor. Su nombre ya era muy conocido en los círculos musicales y era frecuente que se contara con ella para cualquier evento de relevancia en Sevilla. Así, el sábado 10 de marzo de 1907 se celebra un concierto organizado por el Orfeón Sevillano en honor de sus socios protectores, en el Salón Piazza23. El programa era «escogido y variado» y, además de la citada formación coral, tomarían parte en el concierto las señoritas Sacramento Corbellini, Eloísa y María Gómez y Ana Pinet». No hemos podido localizar la crónica del citado concierto.

El 22 de septiembre del mismo año, Anita Pinet intervendría en el segundo concierto organizado por la Sociedad Artístico-Musical de Sevilla, que tenía su local en la calle Sierpes, 8. En este concierto, el protagonista indiscutible sería el compositor sevillano Joaquín Turina (1882-1949), que entonces comenzaba su carrera. El programa lo integraban una obra para piano de Dupont, el Quinteto para piano y cuerdas op. 1 de Turina, con la participación de los señores Carretero, Castillo, Font, Ochoa y el propio autor al piano. En tercer lugar, dos números de Iberia de Albéniz y un vals de D’Indy, por el mismo pianista. Y para cerrar la velada, la intervención de la joven promesa, «la señorita Pinet», acompañada al piano por Manuel del Castillo, que interpretaría el Séptimo concierto de Beriot, una de las dos Romanzas de Beethoven y la Serenata, de Franz Drdla. El piano Pleyel que se utilizaría había sido cedido por D. Luis Piazza.

El pianista y compositor sevillano Joaquín Turina (1882-1949)


En la crónica del acto se le otorgó el protagonismo a Joaquín Turina, pero no se olvidó de la excelente intervención de nuestra violinista24:

«Anteanoche se celebró el concierto organizado por la Sociedad Artístico musical con el cual se inauguró el salón donde acaba de establecerse.

La concurrencia era numerosa y distinguida. El éxito de la velada fue para el distinguido compositor señor Turina, el cual puso de manifiesto los avances que ha dado en su difícil carrera. Un quinteto suyo, que ya obtuvo un premio en París, le reveló anteanoche a sus paisanos como un músico de gran inspiración, de exquisito gusto y de originalidad subyugadora.

Con el señor Turina compartió el éxito la señorita Pinet, notable violinista, también sevillana, cuya ejecución brillante en unos momentos, delicadísima en otros, la coloca en el número de los artistas escogidos. La señorita Pinet saldrá en breve para Bruselas, a fin de perfeccionar sus estudios. (..)

La última parte del concierto estuvo reservada a la señorita Pinet, la cual interpretó el difícil 7º Concierto de Beriot, una sentimental Romanza de Beethoven y una Serenata de Drdla. La joven violinista demostró su excelente educación musical, salvando todas las dificultades de agilidad, doble cuerda, pizzicatos y armónicos.

El público pidió que ejecutara otras piezas, interpretando el conocido Zapateado de Sarasate, y repitiendo a continuación la Serenata.

En suma, una velada agradabilísima, que ha dado ocasión a los aficionados sevillanos para aplaudir los méritos del joven compositor señor Turina y de la notable violinista señorita Pinet».


Pues, tal y como aseguraba la crónica, Ana Pinet marchó a Bruselas a estudiar en el Royal Conservatoire. Allí se había matriculado en la clase de violín de César Thomson, además de recibir la conveniente formación complementaria en lenguaje musical (teoría y lectura)25. Inició sus clases a principios de octubre de 1907. Pero sólo estuvo dos cursos en este prestigioso centro docente, pues en mayo de 1909 acabó sus estudios de manera irregular, pues al no haber aprobado un examen no pudo obtener diploma alguno.


César Thomson, profesor de violín del Real Conservatorio
de Bruselas, maestro de Pinet.

Estos estudios no le impidieron a Ana seguir actuando en los períodos vacacionales, pues en 1908, y en plena canícula veraniega, se anunció un concierto excepcional para la celebración del 15 de agosto, con motivo de la festividad religiosa y a beneficio del “Consultorio de niños de pecho”. El acto tendría lugar al aire libre, en el patio de la Casa Lonja y en él participarían Ana Pinet y los señores Palatín, Torres, Turina y Castillo, junto con una Orquesta Sinfónica26.

El programa era el siguiente: La Obertura de Der Freischutz de Weber, por la orquesta bajo la dirección de Fernando Palatín. Tras ella, el Concierto para violín y orquesta en sol menor de Max Bruch, con la intervención como solista de Pinet. A continuación, Joaquín Turina interpretaría unas piezas de Dupont y dos números de Iberia de Albéniz (El Albaicín y Triana). Tras él, la orquesta tocaría la suite de La Arlessienne de Bizet, Después, Turina y Torres ejecutarían la suite Dolly de Fauré (piano a cuatro manos). El concierto se cerraría con una nueva intervención de Ana Pinet al violín, interpretando, junto al piano del maestro Manuel del Castillo, los Aires bohemios de Sarasate y la orquesta atacaría a continuación como final la Invitación al vals de Weber, cerrándose pues el concierto con el mismo autor que lo inició.

El 12 de septiembre de 1908 la prensa local sevillana destacó la actuación que Pinet había tenido en la Sociedad Artístico-Musical, donde había intervenido en un recital junto con otros intérpretes. Se da la circunstancia de que en este mismo local actuaría pocas semanas después los músicos sevillanos Fernando Palatín y Joaquín Turina.


Entre estas actuaciones, la familia Pinet Goudard no cesaba de viajar y sobre todo de visitar a su familia en Cataluña. Tras estos primeros años de formación musical en Sevilla, encontramos a Anita Pinet de nuevo en Girona de paso para Bruselas, a donde iba pensionada por la Diputación provincial de Sevilla para proseguir sus estudios de violín en el Real Conservatorio27. Y con solo 14 años. La prensa local celebra su llegada a la ciudad, pues se trataba de una «aclamada violinista que desde su infancia ha demostrado gran precocidad en el difícil arte. Es probable que durante su corta estancia en nuestra ciudad se organice, con carácter íntimo, un concierto en el que la Srta. Pinet, podría hacer gala de sus facultades. De veras celebraríamos que se confirmase la noticia»28. Pues así fue finalmente, pues Anita ofreció un concierto en el salón del Casino Gerundense. El acto tuvo carácter privado, y el redactor lamentó no poder dar cuenta detallada de él por no haber asistido; pero podía decir «que cuantas personas pudieron oír a la joven artista están contestes en que se trata de una violinista de extraordinario mérito»29.


Al año siguiente se repetiría la misma secuencia, pues Anita apareció por Girona junto a su familia, de paso para Bruselas. Ya es nombrada como alumna y «habílisima violinista» del citado Conservatorio belga. Y, de nuevo, aprovecharía su corta estancia en la ciudad para ofrecer un concierto íntimo que tendría lugar otra vez en el Casino Gerundense30. En esta ocasión el redactor del diario liberal sí pudo asistir y ofreció al día siguiente una detallada crónica31:


«Ante numerosa y distinguida concurrencia, dio ayer noche en los salones del Casino Gerundense su anunciado concierto la futura eminencia artística, Anita Pinet; y decimos futura eminencia, porque artista de alma que siente y hace vivir las notas ya lo es hoy, faltándole tan solo acabar de formarse para ocupar el preeminente puesto que indudablemente ocupará.

Unos seis años hace que por primera vez y en reunión íntima tuvimos ocasión de oír a la señorita Pinet y ya entonces pudimos predecir que aquel cuerpo de niña albergaba el alma de una gran artista; los conciertos que el pasado año y ayer noche ha dado en el Casino confirman la certeza de nuestro augurio. El alma asoma ya, y la artista está en camino de llegar a la meta.

El Concierto de Mendelsohn, modelo de sentimiento, pieza llena de dificultades y por su mucha extensión causa miedo a muchos profesores, fue interpretado por la Srta. Pinet de un modo acabadísimo por todos conceptos; y los Aires bohemios de Sarasate, que solo ejecutan los artistas ya consagrados por la fama, fue dicho con una fidelidad incomparable. Las demás piezas que constituían el programa merecieron también la más exquisita interpretación.

La señorita Pinet fue aplaudidísima y recibió muchas felicitaciones a las que deseamos una la nuestra, extensiva también al maestro Sr. Oliva, que acompañó con su acostumbrada habilidad a la joven artista».


El concierto fue tan celebrado que gozó incluso de varias críticas. El Diario de Gerona comentó: «Anteanoche la señorita Rosita (sic) Pinet, aventajada violinista, acompañada al piano por el maestro señor Oliva dio a conocer en el Casino Gerundense los progresos realizados desde el año pasado, que permiten augurarle un glorioso porvenir artístico. Fue calurosamente aplaudida por !a concurrencia que llenaba los salones del Casino»32. Para el Heraldo, el acto contó con una «distinguida concurrencia» que se había congregado «para poder oír a la aventajada alumna, y con seguridad futura gran artista». El motivo de hacer una parada de varios días en Gerona de paso hacia Bruselas, donde iba a terminar su educación musical, era el saludar «a la parte de su familia que aquí reside». Esta era la del sobrino de su padre, secretario de la diputación de Gerona, Enrique Roca Pinet y su hermano Joan, célebre arquitecto33. A decir del cronista,


«….la señorita Pinet se dedica al violín con singular aprovechamiento, por lo que se le ha visto hacer extraordinarios progresos en el dominio de este hermoso instrumento. Hábilmente acompañada al piano por el reputado maestro Oliva, tocó en dicho concierto Serenata y Humoresque de Dvorak con delicada interpretación; después tocó el Concierto de Mendelsohn siendo de admirar en su ejecución la vigorosidad de mecanismo que no decayó ún instante a pesar de contener esta obra tres tiempos a cual más erizado de dificultad, por lo que es reputada como de verdadera prueba para un concertista; y, por último, tocó con gran maestría una Danza húngara de Brahms, y Aires Bohemios de Sarasate, que, como todas las obras de este malogrado artista, es de un tecnicismo insuperable.

La joven artista dejó bien impresionado al auditorio que premió su labor con entusiastas aplausos y felicitaciones, que hizo extensivas a la familia por el brillante porvenir que en el mundo del arte espera a la señorita Pinet, y al maestro Oliva por el acierto y gusto con que colaboró al buen rato pasado en la velada, que terminó con unas piezas de baile en obsequio a las distinguidas damas y gentiles señoritas que asistieron á la misma»34.


El prestigio artístico de Anita Pinet siguió creciendo y en 1909 ya actuaba en Barcelona en solitario en el Teatro Tívoli. En un anuncio publicitario de un diario de la capital catalana se recoge la presencia de nuestra artista, «la eminente concertista, gloria española y admiración de los profesores del Conservatorio de Bruselas»35. En otra de las gacetas, en su sección teatral se anuncia que la actuación en el Tívoli supone su debut en Barcelona. Que la concertista tiene sólo 16 años, que es «la discípula predilecta de los profesores de Bruselas» y que Sarasate, tras haberla oído, le dedicó «grandes elogios». Dado que era la primera vez que se presentaba ante el público barcelonés, el gacetillero no dudaba que su aparición constituiría «un verdadero acontecimiento»36.

Se publicó su foto en diversas revistas de la época.
Fue una artista muy reconocida.


Pues así fue. Según la crítica aparecida dos días después, y titulada precisamente “Concierto Pinet en el Teatro del Tívoli”, el firmante, M. J. B. (Marc Jesús Bertrán37) se congratulaba de la artista elegida para solemnizar la inauguración de la temporada de invierno. Pero lamentaba, por otra parte, que «la música selecta» que se ofreció y que a algunos les supo a poco, a otros les resultó un suplicio38:

«Existe un público especial que siente predilección por la «milonga» y el «garrotín», que se pirra por ver dos «apaches» sugestionándose groseramente o una bailadora culebreando y retorciéndose como epiléptica. A ese público, que con tal de que le brinden el espectáculo de un baile acepta aunque sea «el baile de San Vito», hay que soltarle un «Orfeo» para acallar sus aullidos. Afortunadamente ese público está en minoría, y el otro, el que «sabe distinguir» cuando se le da ocasión de solazarse, de ennoblecerse con la audición de música elevada, la aprecia y agradece, si no con madurado criterio, a lo menos con respetuosa corrección. Anoche, en el Tívoli, expansionáronse esas dos modalidades del auditorio. Los sin modales aullaron; los discretos, después de aquilatar el placer de una fruición artística refinada, aplaudieron. Y, aunque hemos apuntado las dos opuestas manifestaciones, nos complace consignar también que fueron en mayoría, en una gran mayoría, los que aplaudieron. No menos merecen la intuición artística y la cultura musical de la señorita Anita Pinet, una linda gerundense, que tañendo el violín puso de relieve su buen gusto y su esmerada educación en el difícil arte de Paganini. La señorita Anita Pinet, como intérprete de la obra escrita, es de una dicción pulcrísima, de un corrección refinada; pulsa hábilmente y maneja el arco con soltura y agilidad. En nuestro concepto, su dicción, correcta como hemos dicho, es algo superficial, algo fría. Esta circunstancia, sobradamente excusable dados los pocos años de la gentil concertista, púsose más de relieve en el «Concierto en mi menor» (op. 64), de Mendelssohn, que interpretó acompañada por la orquesta, muy bien conducida por el maestro Pérez Cabrero. En la «romanza» de Sarasate, que tocó acompañada al piano por el señor Molgosa, tuvo algunos arranques más desembarazados, de emotividad más intensa. De todos modos, la señorita Pinet, que posee bellas cualidades para llegar a ser una concertista notable, se acreditó anoche más de notabilísima ejecutante que de «genial» intérprete, como se dijo. No le cuadra el calificativo de precoz; tampoco es «eminente concertista», pero llegará a serlo».


En otra de las críticas del mismo recital, se deja constancia de que en el Tívoli se presentaban como atracción «notabilidades de todo tipo». Entre ellas «la jovencita violinista gerundense Agneta Pinet, que la bautizaron en los carteles con el nombre de sublime». En esta crónica se reafirma lo dicho por el crítico anterior, pues asegura que «si aún no lo resulta, va por buen camino, si no se enfría lo que ya sabe». Las obras que interpretó Pinet ponían a prueba su sólida escuela de violín, y, aunque tocaba con seguridad, fraseaba poco y el arco no tenía aún «la fuerza necesaria». También incide el reportero en que el público se dividió en dos bandos: «los que siente con fruición la música buena y los que no están más que por el tango, la jota y el can-can». Por desgracia, estos últimos no mantuvieron el silencio respetuoso que se debía a la «incipiente artista», demostrando así carecer de la cultura necesaria para asistir a espectáculos de ese tipo. Por fortuna, la otra mitad del auditorio ahogó con sus aplausos los silbidos y demás demostraciones de desagrado de los groseros ruidosos39.


Unos siete meses después, Anita volvió a actuar en Barcelona. Ya casi consagrada como intérprete célebre y «distinguida violinista», actuaría para los socios en el local del «Orfeo Catalá». Le acompañaría en el piano Miguel Oliva40. En el programa figuraban obras de Wienawski (Concierto en re menor) Sarasate y Saint Saens41. Aunque no está firmada, es más que probable que el mismo Bertrán, crítico de La Vanguardia, fuera de nuevo el encargado de valorar su actuación, pues vuelve a titular la reseña como “Concierto Pinet”:

«Personalidad si no definida, pues aún es joven la distinguida violinista Anita Pinet, bien prometedora de lograrla, dadas sus buenas condiciones demostradas en las obras ejecutadas en el concierto que dio en el Orfeó Català. Las cualidades características del virtuoso se adivinan en la joven artista: dicción franca y afinación diáfana, que unidas a la belleza de un tono dulce y expresivo dieron a la ejecución de las composiciones del programa una buena interpretación. Asimismo es digna de hacerse notar entre las condiciones de la joven artista la distinción de su arco, que, a pesar de ejecutar obras de carácter puramente técnico, como «Zigeunerweisen» (Op. 20) de Sarasate, no desciende nunca a efectos de dudoso gusto, además de mantenerse la interpretación dentro la mayor cuadratura. Todo esto pudimos admirarle en el «Concierto en re menor» y «Scherzo-tarantelle», de Wieniawski, y «Rondó caprichoso», de Saint Saëns; mas en donde la artista nos sorprendió, admiró y aplaudimos con más entusiasmo, fue en la preciosa «Gavota rondó», de Bach, ejecutada fuera de programa, para acallar los aplausos con que el público premió la labor de la señorita Pinet, aplausos que con mayor entusiasmo se repitieron al final de esta composición, interpretada con verdadero conocimiento. En la tarea de acompañante, el señor Oliva demostró también sus cualidades, valiéndole la aprobación del público»42.


Tras este éxito, nuestra concertista actuó en Sabadell43. En una función celebrada en el Teatro Euterpe, hizo su presentación «la joven concertista de violín Anita Pinet, discípula del Conservatorio de Bruselas». Interpretó tres piezas de concierto en las que la joven artista, según la crónica, «demostró el completo dominio de dicho instrumento, extraordinaria agilidad y temperamento artístico». Su actuación constituyó, una vez más, un gran éxito, pues el público le aplaudió «con entusiasmo, obligándola a salir al palco escénico al terminar el concierto».


A la vista de sus repetidas y seguidas actuaciones cuesta trabajo imaginar el régimen de clases lectivas que recibiría Ana Pinet en Bruselas, pues nuestra protagonista no cesaba de viajar. A principios de 1911 se anuncia de nuevo en la prensa local un «brillante concierto» suyo en el Casino de Manresa (Barcelona), y se le define como «joven y gentil violinista, discípula del Conservatorio de Bruselas»44. Pero no se comprueba si esta actuación tuvo lugar en los inicios del año citado, pues hasta el 15 de julio no hay confirmación de su próxima comparecencia en dicho Casino45. En la información se añade que «la señorita Pinet ha dado en estos últimos meses, importantes conciertos en diversas capitales españolas, siendo objeto de los unánimes elogios de la prensa. Su presentación en esta ciudad es esperada con ansia por los aficionados a las bellezas del arte musical».

La dimensión artística de Pinet llegó a tal nivel que ya se codeaba con los más afamados intérpretes de su época. Ya vimos como compartió escenario en Sevilla con el compositor y pianista Joaquín Turina. Y ahora, en conexión perfecta con el otro polo del nacionalismo musical español, con los pianistas leridanos Ricardo Viñes (1875-1943) y Enrique Granados, también célebre compositor (1867-1916). Viñes siempre volvía por su ciudad natal en las Fiestas de mayo, y en 1911 no iba a ser menos. Había acordado en París con Granados que coincidirían ambos ese año en su patria chica para ofrecer un concierto a sus paisanos. La prensa de la época nos cuenta que fueron numerosos los actos públicos y las muestras de reconocimiento pero, sin duda, el más destacado fue el concierto que ofrecieron juntos en el Teatro de los Campos Elíseos. La prensa estaba muy motivada con el acontecimiento. Y anunció la presencia en el recital de «la notable violinista leridana Anita Pinet»46. El repertorio incluía piezas a 4 manos y, en la parte central, Granados interpretó fragmentos de Goyescas entre los que cabe destacar “El fandango del candil”, dedicado precisamente a Viñes. Pero lo que nos interesa más en este momento culminante es la intervención en este mítico concierto de nuestra joven violinista Anita Pinet acompañada al piano por Amalia Prim47, que se medía con tales intérpretes internacionales y de tanto talento y prestigio.

Cartel de la actuación de Pinet en Lérida con los maestros Viñes y Granados


Al año siguiente, dado el éxito obtenido, se intentó repetir la cita pero no fue posible. Granados cayó enfermo y no pudo viajar hasta Lérida, aunque estaba anunciado en el cartel de la Fiesta Mayor. Además de Ricard Viñes, también tocó el guitarrista Emili Pujol que se encontraba casualmente en Lleida. En 1915 Granados volvió a Lleida por última vez, poco antes de su desgraciada muerte al año siguiente.


La última actuación en España que hemos podido recoger de la violinista Pinet fue para la Asociación Musical de Barcelona en el ciclo de Conciertos de Cuaresma. Corrió a cargo de «las señoritas Juana Aleu, Anita Pinet y Josefa Figueroa, así como del maestro José Codol. Anita ejecutó la parte de violín de las obras Sonata en do menor y Concierto en re mayor, de Beethoven, y Leyenda, de Wienawski, demostrando en dichas producciones, según el crítico Alard, «poseer una correcta escuela de este instrumento». Aunque «en la dicción» el gacetillero citado le encontraba «algunas particularidades discutibles», sin especificar éstas cuales podían ser. Aunque, tratándose de una artista joven, confiaba en que dichas circunstancias «serían convenientemente subsanadas». La señorita Figueroa, en el piano, fue una buena colaboradora de la violinista Pinet, ya que la secundó muy notablemente en su acompañamiento al piano48.

Tras este concierto barcelonés aparecen algunas pistas más sobre nuestra intérprete. En el padrón municipal de vecinos de Girona correspondiente al año 1915, aparecen su madre y sus hermanas Margarita (soltera, 25 años) Dolores (15 años) y Mercedes (15 años)49. Pero ni rastro de Ana y de su padre, Ramón. Otras noticias que pueden dar una orientación fiable sobre su paradero son las informaciones publicadas en El Mercurio, diario de Valparaíso, Chile, y en la revista Sucesos, del mismo país, en las que se recoge que entre abril de 1914 y diciembre de 1916 Pinet formaba parte del trío Lasheras, integrado por Ana Pinet, el flautista Juan Reyes y el profesor Eduardo Lasheras, que habían actuado con gran éxito en el Teatro de la Comedia, en el Club Viña del Mar y en el salón del Hotel Central de Valparaíso.

Ana Pinet en Chile con el Trío Lasheras

Aunque de momento no hemos logrado encontrar ninguna información más sobre su fulgurante trayectoria artística. Todo parece indicar, teniendo en cuenta que Chile se localizan descendientes de esta familia, que Pinet se quedó definitivamente en este país sudamericano.  Pero desgraciadamente ha sido imposible seguir la pista de esta excepcional intérprete, pues sus datos se pierden en las brumas de la historia. Eran tiempos en los que las mujeres no podían dedicarse plenamente a la interpretación musical ni hacer carrera profesional en este ámbito, a no ser que optaran por la enseñanza musical. La competencia masculina, por una parte, y la llamada de sus supuestas obligaciones sociales como madre y esposa anulaban cualquier iniciativa que en este sentido pudieran tener. Así que desde 1917 no hemos vuelto a saber nada más de esta excelente violinista, por más indagaciones que hemos hecho.

Ana Pinet Goudard fue una niña prodigio nacida en una ciudad gaditana cuyo ambiente no propiciaba la instrucción musical de los instrumentos de cuerda como el violín. Pero parece que el hecho de haber nacido en el seno de una familia singular, formada por un padre catalán y una madre francesa, dio lugar a una excepcional sensibilidad y talento artístico que se desarrolló con dificultades y retos, pero que logró medirse y compartir con los grandes genios de la Música Española, tales como Joaquín Turina, Ricardo Viñes o Enrique Granados.


NOTAS

1 “Mr. Frederick Luer respectfully announces that Madame Camilla Urso, the celebrated violinist, will give a short series of grand concerts….” En Internet Archive. (https://archive.org/details/cihm_17590/page/n3/mode/2up) Consultado el 17 de marzo de 2020.

2 ESPERANZA   Y SOLA, José Mª: Treinta años de crítica musical...Madrid, 1906, tomo 3, pp. 385 y ss.: “La violinista Domingo”, que fue originalmente publicado en La Ilustración Española y Americana del 8 de julio de 1898. Hernández-Romero recoge en su trabajo a las siguientes: Manuela Aspra, Carmen Betancourt, Onia Farga (que estudió con Mathieu Crickboom) Rosa Izquierdo (alumna de Monasterio) Julia Roger, Melania Tellechea (alumna de F. Arbós) y Luisa Terzi. Con carreras desiguales, todas se enfrentaron a la predominio absoluto del hombre en este instrumento, pues sólo a partir de 1874 se comenzó a aceptar alumnas, aunque ya lo estudiaban Roger e Izquierdo. La primera fue premiada en el Conservatorio de París en 1880 y, según Bretón, tenía «una cantidad y cualidad de sonido extraordinaria» (HERNANDEZ-ROMERO, Nieves: Formación y profesionalización musical de las mujeres en el siglo XIX. El Conservatorio de Madrid. Ayuntamiento de Alcalá de Henares, 2019, p. 139 y Apéndice, p. 461 y ss). Evidentemente habría que añadir a otras que brillaron en otras ciudades del país donde la enseñanza musical femenina se abría paso. (Dolores Palatín y Luisa Cavaye, en Andalucía)

3 PICAZO GUTIÉRREZ, Marina: “Vidas, hechos y otros asuntos: la figura de las mujeres en la historia del violín”. Melómano: La revista de música clásica, ISSN 1136-4939, Vol. 24, Nº. 249, 2019, págs. 20-24.

4 La Lucha, 16 de octubre de 1900, p. 3

5 La Lucha, Gerona, martes, 16 de octubre de 1900, p. 3.

6 El Imparcial, Madrid, domingo 6 de enero de 1901, p. 3

7 AMSB, Padron municipal general de habitantes. Año 1894. T. 2, p. 417. El día y mes su de nacimiento consta en su expediente académico conservado en Bruselas, en el Royal Conservatoire.

8 El Guadalete, 3 de enero de 1896, p. 2.

9 Su nombre aparece con “b” y con “v”. En 1903, Luisa realizó un ofrecimiento a la Academia de Música de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Sevilla para impartir la enseñanza de violín, pues no existía esta especialidad en el centro. No fue aceptado su ofrecimiento y hasta 1911 no comenzó a impartirse, estando a cargo de Fernando Palatín Garfias, que también daba clases de violonchelo y contrabajo. (CANSINO GONZALEZ, J. Ignacio: La Academia de Música de la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del Pais (1892-1933). Diputación de Sevilla, 2011, p. 174) En 1907, Luisa Cavayé se casa con el joven industrial jerezano José Buyosa López. La boda se celebra «en el domicilio del joven y estimado convecino Rafael Díaz Márquez». (El Guadalete, 3 de septiembre de 1907, p. 2).

10 Las hermanas Garcia Rodríguez figuran como profesoras de piano de la Academia de Música “Santa Cecilia”, de Sanlúcar. Esta Academia fue fundada por José Mazón y Charlo, bajo la dirección de Rafael Tomasi Requena, director de la Real Academia “Santa Cecilia de Cádiz”, bajo la protección del Ministerio de Fomento. En la publicidad de esta Academia se indica que las hermanas citadas son «Primeros premios de dicha Real Academia». También figura como profesor de instrumentos de arco, D. Francisco Javier Caballero, Director de la Academia de Bellas Artes de El Puerto de Santa María. (CABALLERO, José Antonio: Guía de Sanlúcar, 1905)

11 Maria Antonia Caraballo y Campos obtuvo el premio por unanimidad en 7º año de Piano en la Real Academia Santa Cecilia de Cádiz en 1905, junto con otras alumnas. (La correspondencia de Cádiz, 13 septiembre de 1905, p. 2)

12 Mercedes del Prado y Mosquera era hija de Leopoldo del Prado, quien sería alcalde de Sanlúcar durante varios años. También, al igual que Caraballo, estudiaba Piano en Cádiz en la Academia Santa Cecilia. En 1913 tuvo su primer hijo tras casarse con «el rico propietario sanluqueño» Manuel González Romero (La Información, Cádiz, 27 octubre de 1913, p. 2). Es de suponer que tras este matrimonio abandonó su actividad musical.

13 De ella da unos excelentes informes Francisco Cuenca: «Nacida en Sanlúcar de Barrameda. Pianista distinguida, estudió con el célebre maestro húngaro Óscar de la Cinna, díscipulo de Czerny. Su carrera artística fue corta, pues prefirió dedicarse a la enseñanza; pero su alma era tan artista y conocía tan a fondo la literatura musical que puede afirmarse estaba dotada de una gran erudición. Cultivó el género romántico prefiriendo en sus recitales las obras de Schumann y Chopin. Concretada su labor a su localidad no ha sido todo lo conocida y apreciada a que tenía legítimo derecho por sus méritos. Cuenta con discípulos tan eminentes como Antonio Lucas Moreno y fue compañera de estudios de la célebre pianista doña Pilar Fernández de la Mora, catedrática del Real Conservatorio de Madrid. Rosalía Colom falleció en 1918. (CUENCA, Francisco: Galería de músicos andaluces contemporáneos. La Habana, 1927, p. 64)

14 El Guadalete, 23 de agosto de 1901, p. 2. Sobre el pianista y compositor Gottschalk, se puede consultar mi artículo sobre el concierto que realizó en Sanlúcar de Barrameda en 1852 para los duques de Montpensier (DAZA PALACIOS, Salvador: “Un concierto del pianista Un concierto en Sanlúcar del célebre pianista y compositor Gottschalk” En https://pasionsanlucar.org/un-concierto-en-sanlucar-del-celebre-pianista-y-compositor-gottschalk-1852)

15 El Guadalete, 25 de agosto de 1901, p. 2

16 El Liberal, Sevilla, lunes 6 de julio de 1903, p.1.

17 El Guadalete, 1 de agosto de 1903, p. 2.

18 El Noticiero sevillano, miércoles 26 de agosto de 1903, p. 3.

19 Clara Peralto Almendárez aparece en Gaceta de Madrid del 9 de noviembre de 1907 como una de las aspirantes a obtener una plaza de profesora de Música para la Escuela de Magisterio de la Universidad de Sevilla. Después fue profesora del Conservatorio sevillano. (ABC de Sevilla, 21 de Noviembre de 1937, p. 24) Falleció en esta misma ciudad el 29 de diciembre de 1967 a la edad de 82 años (ABC de Sevilla, 7 de Enero de 1969, p. 62. Esquela). Nació, por tanto, en 1885 y contaba con 18 años de edad cuando realizó su actuación en Sanlúcar.

20 Aunque en la noticia figura como Castellini, debe ser Corbellini. Se trata de María Sacramento Corbellini Frigerio, quien también aparece como opositora para la plaza de profesora de Música en la Universidad de Sevilla, al igual que Clara Peralto. En noviembre de 1906 fue nombrada para el puesto por el ministerio de Instrucción Pública (El Guadalete, 21 de noviembre de 1906, p. 3). En 1923 aún aparece como profesora especial de la Escuela Normal de Maestras de Sevilla (Heraldo alavés, 22 agosto de 1923, p. 2)

21 El Guadalete, 23 y 28 de agosto de 1903, p. 2

22 El Liberal, Sevilla, jueves 27 de agosto de 1903, ed. de la mañana, p. 2.

23 Diario Sevilla, 9 de marzo de 1907, p. 2

24 Diario Sevilla, martes, 24 de septiembre de 1907, p. 2

25 Mensaje recibido en mi correo desde la Biblioteca y Archivo del Royal Conservatoire de Bruxelles con fecha 14/11/2020 firmado por la bibliotecaria, M. Olivia Wahnon de Oliveira.

26 Diario Sevilla, sábado 15 de agosto de 1908, p. 1.

27 No hemos encontrado ninguna referencia en la prensa belga sobre ella. Sí sobre un colega suyo, catalán de Barcelona, Joan Massiá i Prats, que culminó sus estudios de violín con un gran éxito. (Heraldo de Tarragona, 19 de julio de 1906, p. 2. L’Independance Belge, 14 de noviembre de 1908, p. 3). Por otra parte, no hemos podido localizar el acuerdo de esta pensión señalada por la Diputación sevillana en el Archivo de dicha institución. Solo, en las actas de 1907 (Sesión de 7 de mayo, f. 17v) la concedida a Margarita Moreno Caballero, que solicitó una ayuda económica para perfeccionar sus estudios de piano en el Conservatorio de Madrid.

28 La Lucha, 26 de septiembre de 1907, p. 2

29 La Lucha, Gerona, 30 de septiembre de 1907, p. 2.

30 La lucha : órgano del partido liberal de la provincia de Gerona: 1 de octubre 1908, p. 2.

31 La lucha : órgano del partido liberal de la provincia de Gerona: 2 de octubre 1908, p. 2.

32 Diario de Gerona, 3 de octubre de 1908, p. 9-10.

33 Se dio la curiosa circunstancia de que Joan Roca, quien durante la República fue militante de Esquerra Republicana de Catalunya, fue depurado tras la Guerra civil por las autoridades franquistas y condenado al destierro a más de 1.000 kilómetros de Girona. Y fue a parar precisamente a Sanlúcar de Barrameda, donde elaboró diversos proyectos de obras a partir de 1942. (GÓMEZ DÍAZ-FRANZÓN, Ana: Arquitectura del veraneo y su época en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), 1900-1936, Sanlúcar, Aseha, 2011, p. 254-255)

34 Heraldo de Gerona : periódico de avisos y noticias: 8 octubre 1908, pp. 2-3.

35 El Diluvio : diario político de avisos, noticias y decretos: Barcelona, 28 sept. 1909, Ed. de la mañana, p. 2

36 La Publicidad : eco de la industria y del comercio, diario de anuncios, avisos y noticias: Barcelona, 26 Septiembre 1909, Edición de la mañana, p. 5.

37 CORTES I MIR, Francesc: “El contexto lírico en la prensa de Barcelona entre 1859 y 1936”. En Jose Ignacio SUÁREZ GARCIA et al. (eds.), Música lírica y prensa en España (1868-1936): ópera, drama lírico y zarzuela (pp. 343-358), Oviedo: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo, 2018, p. 343-358. La identificación, en la p. 352. Marc Jesus Bertrán (Barcelona, 1877-1934, fue musicólogo, crítico musical y escritor. Ejerció su colaboración en La Vanguardia y en El Día Gráfico. Inició en Barcelona un Museo del Teatro y de la Música, del cual fue conservador. Publicó varios libros. (https://www.enciclopedia.cat/ec-gec-0009607.xml. Consultada el 25 de febrero de 2020)

38 La Vanguardia, Barcelona, martes, 28 de septiembre de 1909, p. 8.

39 La Veu de Catalunya, Barcelona, dimars, 28 de setembre de 1909, p. 4: “Teatre Tívoli”

40 Miquel Oliva i Vilar (1880-1922) fue un pianista y compositor gerundense. (BRUGUÉS i AGUSTÍ, Lluis: La Música a la ciutat de Girona (1888-1985), Univ. de Girona, 1998, V. I, p. 188)

41 La Vanguardia, Barcelona, domingo 17 de abril de 1910, p. 4.

42 La Vanguardia, Barcelona, miércoles, 20 de abril 1910, p. 10

43 La comarca del Vallés, sábado, 3 de septiembre de 1910, p. 8: “Concertista”.

44 La comarca del Vallés. Diario de avisos y noticias. Eco de los distritos de Tarrasa, Sabadell y Granollers. Tarrasa, martes, 3 de enero de 1911, p. 4

45 La comarca del Vallés, sábado, 15 de julio de 1911, p. 8: “Insigne artista”.

46 La Vanguardia, lunes, 17 de abril de 1911, p. 4: “Noticias de Lérida”

48 El Diluvio: diario político de avisos, noticias y decretos: Barcelona, 23 marzo 1912, Ed. de la mañana. Crítica firmada por Alard, p. 22

49 Vivían junto con algunas personas más en C/ Santa Clara de la citada ciudad de Girona. Mercedes y Dolores eran nacidas en Sanlúcar de Barrameda, como su hermana Ana.


miércoles, 3 de julio de 2024

PRESENTACION DE LA NOVELA "MANOS DE TRAPO" EN JEREZ

 Este pasado lunes 1 de julio, en el Jardín de "La Luna Nueva", organizado por la librería del mismo nombre, con la colaboración de la Fundación Caballero Bonald, del Ayuntamiento de Jerez, así como diversas entidades, tuvo lugar la presentación de la novela "Manos de Trapo", de María Regla Prieto, finalista del Premio Nadal 2024.

El acto contó con la presentación y comentarios de Natividad Montaño y congregó a más de cien personas, que se mostraron muy interesadas y participativas en la disertación de la novelista sanluqueña, que demostró una vez más su extraordinaria capacidad de captar el interés del público al explicar la génesis y el motivo de su obra literaria.

Muchas gracias a todos los que lo hicieron posible. 


 

viernes, 28 de junio de 2024

FIN DE CURSO 2023-24 DEL CONSERVATORIO "JOAQUIN VILLATORO"

 

El CPM “Joaquín Villatoro” celebró su tradicional concierto en el Teatro Villamarta

S.D.

Jerez.


Todos los centros educativos celebran sus fiestas de fin de curso con el propósito de exhibir en mayor o menor grado los logros conseguidos por sus alumnos. Estas últimas semanas del mes de junio son intensas para padres y educadores por la implicación que toda la comunidad muestra en el éxito de estas ceremonias de clausura, previas a las vacaciones de verano.


Pero hay fiestas escolares... y conciertos extraordinarios. Quizás sea el Conservatorio el centro educativo que con más propiedad se adapta a lo que suele ser el formato de este tipo de eventos, dada la naturaleza de las enseñanzas que imparte. Mientras los centros de educación general suelen organizar espectáculos de canto, baile y dramaturgia con sus alumnos, realizando un sobre esfuerzo académico encomiable, dado que no son materias prioritarias en sus currículos, el Conservatorio se centra en la propia materia que imparte, exponiendo a sus alumnos a comparecer ante un público que demanda cada día más un nivel de alta capacidad artística.


La sola subida a un escenario tan imponente como el del Teatro Villamarta ya es de por sí una prueba de fuego para muchos de los intérpretes que pretenden dedicarse a la música como concertista o miembro de cualquier agrupación sinfónica. Por eso el concierto celebrado este pasado lunes 24 demostró que el nivel de excelencia alcanzado por nuestro principal centro académico musical es una gozosa realidad que año tras año va aumentando en calidad y en versatilidad.


Con una presentación amena y oportuna, el profesor Parralejo Masa fue realizando los comentarios necesarios para introducir cada una de las piezas que los diferentes grupos interpretaron sobre las veteranas tablas del Villamarta. Desde los grupos de guitarra, clásica y flamenca, que actuaron sin megafonía y pudieron oírse con una nitidez francamente deliciosa, hasta la Banda Sinfónica del Conservatorio, dirigida por el profesor Quintero Catalán, que interpretó de forma magistral la célebre partitura de Emilio Cebrián “Una noche en Granada”. Las intervenciones posteriores de las orquestas de cámara y Sinfónica, demostraron la perfecta afinación y sincronía de cada una de ellas, y los jóvenes solistas Luis del Ojo, al piano, y Cristóbal González, al chelo, tuvieron una gran actuación en sus cometidos protagonistas, con el acompañamiento preciso y equilibrado de los alumnos y alumnas bajo las órdenes del director José Ramón Hernández Bellido, en obras de Mozart y Lalo, respectivamente.


La obertura “Académica” de Brahms, con intervención coral incluida, cerró de manera brillante el concierto, que fue celebrado con vítores y bravos por el público asistente, que pasó más de dos horas de verdadero deleite. No pudo haber mejor cierre de curso ni más adecuado: la letra del himno universario “Gaudeamus igitur” fue cantada por un grupo vocal, quien por sorpresa nos recordó esa llamada a la juventud: «Alegrémonos pues, mientras seamos jóvenes. Tras la divertida juventud, tras la incómoda vejez, nos recibirá la tierra».


lunes, 19 de junio de 2023

JULIO CEBALLOS, PINTOR Y MECENAS CULTURAL

Salvador Daza Palacios

(Publicado en Diario de Jerez, el 17 de julio de 2021)

Un gran hombre, un gran artista, ha muerto.

Julio Fernández-Ceballos, conocido para el arte pictórico andaluz como Julio Ceballos, nos ha dejado huérfanos a todos aquellos que le conocimos y le quisimos tanto.

Julio nació en Chipiona, pero amaba a muchos pueblos y ciudades en las que fue dejando huellas a lo largo de su fecunda vida artística y social. En especial, en Sanlúcar de Barrameda dejó constancia de su amor y entrega en gran cantidad de ocasiones. Le tenía un cariño especial a esta ciudad por haber sido aquí donde realizó sus estudios primarios en el Colegio de los Hermanos Maristas de Bonanza. Pero, además, pasó después en ella muchas temporadas, dedicándole una parte de sus magníficas pinturas, realizando carteles, organizando actos culturales e implicándose en la investigación de diversas obras de arte presentes en iglesias o colecciones particulares. Como vocal de la Comisión de Arte Sacro del obispado de Asidonia Jerez realizó una labor de control y vigilancia del patrimonio de la diócesis, que le consultaba determinadas cuestiones debido al gran conocimiento que poseía en el ámbito histórico-artístico.

Ceballos realizó varias exposiciones de su obra en Sanlúcar, alcanzando un gran número de visitas y unas excelentes críticas. También colaboró muchos años con el Festival Internacional de Música “A orillas del Guadalquivir”, mediante su generosidad y patronazgo, prestando su obra para divulgar internacionalmente el evento y realizando exposiciones en paralelo con dicho Festival. Una de sus obras de temática musical fue regalada al Ayuntamiento de Sanlúcar y se colocó de manera permanente en el Auditorio de la Merced.


Detalle de una pintura musical de Julio Ceballos

A través de Juventudes Musicales realizó también una labor de mecenazgo a favor de los jóvenes músicos sanluqueños, a los que ofreció su casa para presentarse ante el público de Chipiona. Organizó multitud de conciertos y fue el fundador de dicha Asociación en la vecina ciudad, además del Festival de Música de Chipiona, que aún se celebra todos los veranos.

Por desgracia, su gran proyecto, el Centro Internacional de la Música, que contó con el visto bueno de la UNESCO y de otras grandes corporaciones internacionales, no pudo ver la luz por la tacañería y miopía de las instituciones que hubieran sido las más beneficiadas por tan magna empresa. O sea, las más cercanas. Fueron muchas horas y años de trabajo, y una ilusión a raudales, las que empleó Julio Ceballos en este maravilloso proyecto cultural y educativo que se iba a situar en los antiguos pabellones sanitarios creados por el doctor Tolosa Latour junto al Santuario de Regla. Su no implantación le ocasionó un gran disgusto que le acarreó graves problemas de salud, además de otras muchas complicaciones personales.


Julio Ceballos recoge el título de Socio de Honor de Juventudes Musicales
de Sanlúcar de Barrameda en 1994, de las manos de su presidente, 
Manuel Jesús Barba Calvo. 

Viajero apasionado, recorrió numerosas ciudades europeas buscando la belleza que él sabía encontrar en los detalles más simples e inadvertidos como en los más excelsos. Esa era una de sus grandes virtudes, además de la generosidad de la que siempre hizo gala, el mostrar esa belleza que se oculta a los profanos y que él, artista integral y completo, reconocía y compartía con los demás. Nadie permanecía igual después de conocerlo. Julio Ceballos impregnaba con su arte y su savoir vivre a todo el que se cruzaba en su camino. En el campo de la pintura es uno de los mejores, de los más adelantados y originales pintores del pasado siglo XX y principios del XXI. Deja una obra grandiosa, excelente y genial. Es pues una obligación homenajear de forma pública a una persona tan entregada en pro de la Cultura y el Arte. A un auténtico mecenas que siempre levantó la antorcha del progreso a través de la educación artística y musical. Sanlúcar de Barrameda, y en general, la provincia de Cádiz están en deuda con Ceballos. Su gran altruismo y su arte personal quedarán siempre en el recuerdo de los que le conocimos y gozamos de su amistad. Y su pintura, a la que restó muchas horas dedicadas a su labor social y cultural, seguro que se irá revalorizando con el tiempo, como ha ocurrido con tantos genios. Porque Julio era un genio. Incomprendido y contradictorio, rebelde y magnánimo, curioso y extravagante. Muy amigo de sus amigos, se podía permitir licencias familiares, pues nos trataba con tal cordialidad que siempre nos causaba admiración, sorpresa y gratitud. Le gustaba siempre parafrasear a Unamuno: «Levanta a tus amigos, por que en su grandeza está tu propia grandeza». Y siempre esperaba la reacción aprobatoria de su interlocutor para replicarle: «Pues la frase no es de Unamuno, sino mía. Pero si digo que es mía previamente, no le hubieras prestado atención». Lo dicho: un genio.

Aniversario trágico: 200 AÑOS DEL CRIMEN DEL CORTIJO CASABLANCA

 (Publicado en Diario de Jerez, el 16 de abril de 2023)

Salvador Daza Palacios

Los días 10 y 11 de abril del año de 1823, seis hombres fueron asesinados en un cortijo, llamado Casablanca, propiedad entonces del patrimonio rústico que el monasterio de San Jerónimo de Bornos poseía en la campiña de Jerez. El Cortijo está situado a unos veinte kilómetros de la ciudad de Jerez de la Frontera, en su término municipal y cercano al municipio de El Cuervo. Los asesinados formaban parte de una compañía de realistas, que estaban bajo el mando de José Vizcaíno, y que se habían refugiado allí huyendo de una partida de constitucionalistas que los perseguían. Todo ello ocurrió en el contexto de los últimos meses del Trienio Liberal (1820-1823) y de la llegada a España de los Cien Mil Hijos de San Luis, de cuyos hechos se conmemoran en estos días el segundo centenario.

Cortijo Casablanca, Jerez de la Frontera (Cádiz)


Pocos días más tarde, en el mismo mes de abril, el corregidor de Jerez abriría una causa para esclarecer los hechos. Resultaron acusados de los crímenes una columna de Milicianos Nacionales, del arma de Caballería y de Infantería, de El Puerto de Santa María, de Jerez y de Medina Sidonia, que habían actuado bajo las órdenes del capitán Francisco Ruiz. Estos, al igual que otros muchos, habían sido armados por el gobierno liberal para luchar contra los absolutistas que defendían la monarquía tradicionalista de Fernando VII.

La causa se retrasaría en el tiempo más de cuatro años, pues hasta el 25 de septiembre de 1827, no se celebraría el juicio en la Real Audiencia de Sevilla. Para aquel entonces el sumario contaba ya con más de 300 folios y hasta un año después, el 15 de noviembre de 1828, no se remitiría a consultas del Consejo de Castilla. Hubo que esperar otro año más para que el fiscal de dicho Consejo emitiera su informe, lo que hizo en febrero de 1830.

Derrota de los constitucionalistas en julio de 1823

De esta ingente documentación se desprende que el día 10 de Abril de 1823, los realistas, huyendo de una columna de Milicianos, se habían refugiado en el cortijo Casablanca. En la refriega que se produjo entre las partes, cayeron tres hombres de la partida realista y otro fue herido muy grave, y, al parecer, murió a las pocas horas. Los milicianos también consiguieron prender a otros tres realistas que se habían escondido en lo más recóndito del citado cortijo. A la mañana siguiente, el 11 de abril, la columna se dispuso a marchar hacia Arcos, llevando consigo los cadáveres de los realistas muertos en cuatro bestias que les dejó el aperador del cortijo. El comandante Ruiz dispuso entonces que un piquete de diez a doce voluntarios de Infantería, al mando de Pascual Marín, teniente del mismo arma de El Puerto, se adelantase con los tres detenidos. Y así se hizo, pero, estando como a un cuarto de legua del cortijo, separados del grueso de la columna, los presos intentaron fugarse –según la declaración de Marín y de los suyos– por lo que se vieron obligados a disparar, matando a los tres detenidos. Recogieron entonces sus cadáveres y los cargaron en otras tres bestias y fueron conducidos, los siete muertos, por la misma columna hacia Arcos, donde, al llegar, les dieron sepultura con el calificativo de facciosos.

En la causa se define este hecho como un delito atroz, pues se había asesinado a tres presos, saltándose todas las normas internacionales que protegían a los prisioneros de guerra. Pero había aún algunos detalles espeluznantes que añadir, pues la tropa miliciana, no contenta con la muerte de los realistas, les habían mutilado las orejas a los cadáveres y las habían exhibido en Arcos y en Jerez, como si fuesen trofeos taurinos, «haciendo mofa y alarde de una acción tan criminal».

Mientras la causa sigue su curso en el tiempo, se producen una serie de incidentes con alguno de los acusados. Así, José Joaquín Facio, voluntario de Caballería de la unidad, aprovechando la instauración del régimen absolutista tras la llegada de las tropas francesas, se fugó de Jerez. Conocedora de ello, la Regencia del Reino formó una nueva causa de infidencia contra Facio, con embargo de sus bienes. Su fuga significaba su adhesión al gobierno constitucional que había caído y, por lo tanto, era un enemigo más a combatir. Sería más tarde capturado y encarcelado. También fue acusado por algunos testigos de haber sido uno de los hombres que exhibió las orejas mutiladas de los realistas en varios lugares de Jerez. Facio negaría tales comportamientos y su participación en las muertes de los realistas en Casablanca, avalando su actuación con algunos testigos. Otro de los encausados, Clotel, sería acusado de haber manifestado en la tienda de la calle de la Corredera de Arcos que las orejas eran de tales víctimas, pero encontró testigos que declararon que era falsa dicha imputación. También presentaron los acusados varios documentos de ser «personas de buena conducta, cuidadosos con su familia, de la más sana moral y de poseer un carácter humano y compasivo» con el fin de librarse de las penas.

A pesar de que en el proceso se consideraron como los principales responsables de los asesinatos y de las mutilaciones al teniente de voluntarios de Infantería Martín Pascual, con sus subordinados, y al comandante de la columna Francisco Ruiz, veremos a continuación que, por razones que se desconocen, los mandos nunca fueron acusados. Además de los referidos, se señalaron como cómplices a Ángel García Velarde, alférez de los Nacionales de Infantería de Jerez, y a Francisco de la Riva, a Manuel Clotel y al ya citado José Joaquín Facio, voluntarios de Caballería de la misma unidad.

Fusilamiento de tropas españolas. Nacían las primeras guerras civiles del siglo XIX.

La primera sentencia se pronunciaría el 25 de septiembre de 1827 por la Audiencia de Sevilla. Manuel Clotel y José Joaquín Facio fueron condenados a ocho años de presidio en África y al pago de la mitad de las costas judiciales. A Velarde y a De la Riva, sólo se les impuso una multa de cien ducados a cada uno, con apercibimiento y la mitad de las costas. Pero los reos –Clotel y Facio– recurrieron y la Sala dictó providencia el 5 de mayo siguiente, eximiendo a Clotel del cumplimiento de los ocho años. Lo absolvió. Y a Facio le rebajó la condena a dos años en la prisión correccional de Cádiz. La Sala también perdonaría las multas a De la Riva y a Velarde y, a los cuatro, el pago mancomunado de las costas.

El fiscal del Consejo de Castilla entendió que se debía aprobar el fallo pronunciado en revista por la Audiencia de Sevilla sobre las condenas de estos acusados. El Consejo, el 29 de diciembre de 1831 decidió que, sin tener a la vista la causa original, no podía evacuar la consulta pedida sobre la sentencia, pues estimaba que la causa no se debía limitar únicamente a los cuatro sujetos que recurrieron la sentencia de vista dictada por la Audiencia sevillana sino que se debía extender a todos los implicados, ya que, además, había varios prófugos. Y siendo, como era, «muy grave, malicioso y aún horrible crimen», no se debía despachar tan a la ligera. Ya vimos en su momento que, a pesar de que, en principio, se consideró que habían sido responsables de los asesinatos y las mutilaciones los mandos de la Partida, el teniente de voluntarios de Infantería, Martín Pascual, y el comandante de la columna, Francisco Ruiz, a ninguno de los dos se les procesó formalmente.

Entre una cosa y otra, pasaron nueve años. El 12 de abril de 1832 se volvió a examinar el proceso por el Consejo y el fiscal dio su nuevo dictamen. A la vista del último decreto de amnistía o indulto promulgado por el rey Fernando VII, propuso que se devolviese la causa a la Audiencia sevillana para que la sustanciara y decidiera «prontamente» y con arreglo a derecho.

El Consejo, tomando en consideración «la naturaleza y época del suceso, las personas que en él intervinieron, la variación que con respecto a algunos de los procesados se produjo en la sentencia de revista» y, principalmente, lo resuelto por el monarca en los decretos de amnistía, dictaminó que se debía devolver la causa a la Sala del Crimen «para que procediera en Justicia, tanto respecto de los procesados presentes, como de los ausentes, y aun de los que después de sus sentencias hayan sido aprehendidos». Este acuerdo fue firmado en Madrid por el gobierno de S.M. en 29 de noviembre de 1833. Habían transcurrido más de diez años desde aquellos hechos y fue imposible hacer Justicia a unas víctimas a las que ni siquiera se las identifica en la documentación.

Documentación:

Archivo Histórico Nacional: Sección de Consejos. Registro de consultas del Consejo de Castilla.

Cortijos, haciendas y lagares: Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias de Andalucía. Provincia de Cádiz. Junta de Andalucía, 2002.

PANDO, Manuel, marqués de Miraflores: Apuntes histórico-críticos para escribir la Historia de la Revolución de España desde el año 1820 hasta 1823. Madrid, 2022.

GARCIA LEÓN, José Mª: La milicia nacional en Cádiz durante el trienio liberal, 1820-1823. Cádiz, 1983


UN EPISODIO DESCONOCIDO EN LA BIOGRAFIA DE LOLA FLORES

(Publicado por Diario de Jerez en su edición del 2 de abril de 2023)

Salvador Daza Palacios.


En un año lleno de conmemoraciones históricas no podía faltar la celebración del aniversario de una de nuestras más genuinas folklóricas: Se conmemora el centenario del nacimiento oficial de Lola Flores. Y destaco lo de “oficial” porque durante su vida siempre fue un misterio confirmar su verdadera edad y, por tanto su año de nacimiento, dada la resistencia de la artista a reconocerlo.



Aunque, como los grandes héroes de la mitología clásica, sus orígenes siguen siendo misteriosos. Como curiosidad, aportamos un documento conservado en el Archivo Municipal de Jerez en el que se refleja que el 26 de octubre de 1923 (solo diez meses después del nacimiento de Lola) se dio orden para que se diera sepultura en el cementerio general de católicos de Jerez de la Frontera, al feto dado a luz en su domicilio, a las diez del día anterior, por Rosario Ruiz Rodríguez, esposa de Pedro Flores Pinto, calle del Sol nº 5. Un documento firmado por orden del juez municipal por el secretario José Carmona. Esta trágica circunstancia añade un hermano más, hasta ahora ignorado, concebido por los progenitores de la gran estrella.



También el lugar de su nacimiento no ha estado exento de controversia, pues ya en Diario de Cádiz, con motivo de su fallecimiento en 1995 se publicó una noticia sorprendente: “Polémica sobre el lugar donde nació la artista”. En este suelto se aseguraba que Lola no nació en Jerez como afirmaban la mayoría de sus biógrafos, sino en Sanlúcar de Barrameda, de donde era su madre, Rosario Ruiz. Su nacimiento se había producido hacía 72 años (o sea, en 1923) en la céntrica calle de la Bolsa, en el Barrio Bajo. Así lo afirmaba entonces el párroco de Santo Domingo, ya fallecido, Juan Mateo Padilla, que, además, era jerezano. Lo que ocurrió, según el presbítero, es que sus padres se trasladaron inmediatamente a Jerez, donde regentaba un bar, con la niña recién nacida y allí fue bautizada e inscrita en el Registro Civil. Con motivo del fallecimiento de la legendaria artista, el propio párroco Juan Mateo ofició una misa de funeral allá por fines de mayo del citado año 1995 a la que asistieron centenares de fieles y admiradores sanluqueños de la popular cantante.

Creo que no es necesario resaltar que esta teoría no está avalada por los biógrafos de La Faraona, ya que, por ejemplo el muy divulgado trabajo de Juan Ignacio García-Garzón [Lola Flores: el volcán y la brisa] asegura que nuestra artista nació en el número 45 de la calle Sol de Jerez, donde su padre Pedro, “El comino”, trabajaba en la taberna “La Fe”, donde incluso se oyó la “Marcha real” en el momento del alumbramiento.

Efectivamente, la madre de Lola Flores era sanluqueña, y así figura registrada en el padrón municipal de vecinos de 1914. Rosario Ruiz es la cuarta de seis hermanos (Amalia, Aurora, Manuel, José y Carmen) todos hijos de Manuel Ruiz Dorado y María Rodríguez Misa. Viven entonces en la calle Fariñas, 41. Rosario tiene entonces 16 años (nacida pues en 1898). Su padre, Manuel, de 43 años, figura como albañil, al igual que un hijo del mismo nombre.

La propia Lola recordará a esta familia de la siguiente forma: Mi madre era hija de un matrimonio muy trabajador, que se llamaban ella María, la tercera de cinco hermanos, y él, su marido, Manuel. Una familia que tenía que quitarse el hambre a guantazos. Venían de las hermosas tierras de Sanlúcar. Mi abuelo, Manuel, era vendedor de aceite, de esos que iban por las calles con las cántaras de metal encima de la albarda de un burro. Me han dicho alguna vez que este abuelo Manuel era el gitano del que me viene el cuarterón de sangre calé que me puebla.

Es lógico que viviendo el matrimonio Flores Ruiz en Jerez visitara con cierta asiduidad la ciudad sanluqueña, dado que era el lugar de nacimiento de la esposa. Especialmente en verano, cuando la playa se convertía, incluso en los tiempos infaustos de la Guerra civil, en el objeto del deseo de todos. Fue precisamente en la de Sanlúcar donde nuestra jovencísima Lola escandalizó al público veraniego utilizando su cuerpo escultural para ceñir un traje de baño prohibido por la decencia y el puritanismo franquista, lo que le ocasionó un conflicto a su padre.



Fue el 1 de agosto de 1938 cuando los guardias Juan López y Salvador Hermoso vigilaban las orillas del Guadalquivir y contemplaron asombrados a Dolores Flores, de 17 años, que estaba bañándose de forma «indecorosa», dando lugar «a una aglomeración de público en dicha playa». A los guardias no les quedó más remedio que actuar, llamándole la atención al padre de la chica, Pedro Flores Pinto, dada su menor edad. Pero en ese preciso momento se presentó el cabo del tercer batallón de Milicias nacionales de Cádiz, Manuel Maldonado Sierra, y montó una bronca a los guardias, a los que acusó de «sinvergüenzas y de no saber cumplir con su deber», amenazándoles con que iba a arrojarlos al agua, mientras zamarreaba al guardia Manuel López Becerra. Como no cesaba de llegar gente ante el tumulto creado, una pareja de soldados que estaban también haciendo la ronda en la playa procedieron a detener al cabo por orden de los guardias, siendo conducido a la prisión del Castillo de Santiago. Es de suponer que Pedro Flores hubo de pagar alguna multa por infringir las ordenanzas del orden público y la cruzada de moralidad que imponía desde su sede hispalense el cardenal Segura, aunque no consta en la documentación. Lo cierto es que se demostró, en estas fechas tan tempranas, que la presencia de Lola Flores no dejaba indiferente a nadie.



Según el ya citado biógrafo García-Garzón, al año siguiente la bailaora jerezana, entonces conocida como “Imperio de Jerez”, actuó en la Fiesta de la Manzanilla que se celebró en Sanlúcar en septiembre de 1939, acompañada por los guitarristas Javier Molina y Sebastián Núñez. Aunque en la prolija documentación municipal sanluqueña no se ha conservado memoria de esta actuación. Poco después, Lola haría su debut en el Teatro Villamarta, consagrándose ante sus paisanos como una relevante promesa del cante y del baile. Ya por entonces se ganó la fama parafraseando a su admirada Pastora Imperio: «Bautizá con manzanilla, este es mi nombre de Lola. / He nacío pa bailaora / y me llaman en Jerez / la Gitana emperaora.»

Documentación:

AMJ: Autorizaciones de sepultación, año 1923, libro 379.

Testimonio incluido en la biografía de www. lolaflores.info/biografia, recogido a su vez del libro de Tico Medina.

AMSB: Correspondencia de Secretaría, leg. 3520. Oficio dirigido al alcalde por el jefe de la Guardia municipal.