sábado, 25 de agosto de 2018

LA CALLE CARMEN VIEJO Y SU ANTIGUA COMUNICACIÓN CON REGINA Y SAN JORGE.


Por Salvador Daza Palacios

Siempre me había intrigado, al pasear por el centro histórico, por qué, cuando se bajaba el dificultoso Carril de los Ángeles no existía una calle que continuase el trayecto y acortase en línea recta hasta la calle San Jorge el paso desde el Barrio Alto al Barrio Bajo.

De hecho, mirando las construcciones existentes, da la casualidad de que justo enfrente del fin de dicho Carril existe un amplio garaje que sólo está cubierto por una chapa, y las dimensiones del espacio bien pudieran indicar que quizás en ese preciso lugar se iniciase una calle.
  
Mirando las panorámicas aéreas del caserío existente y viendo la configuración urbanística de la calle Regina, justo al lado de la iglesia conventual, descubro que hay una vivienda con poco más de cuatro metros de anchura y (supuestamente) una gran profundidad en su medida de largo. Se comprueba con facilidad que ese fragmento de fachada es una construcción ajena a las dimensiones de las dos fincas colaterales, con lo cual me hizo sospechar que quizás pudiera tratarse de la embocadura posterior de la calle se podría iniciar justo enfrente del Carril de los Ángeles.
Por pura casualidad, como ocurre en la investigación en muchas ocasiones, descubrí en los libros capitulares del Ayuntamiento sanluqueño la respuesta a mis dudas. Encontré que, en efecto, existía una callejuela que comunicaba la calle Carmen Viejo con Regina y San Jorge, pero que fue cerrada en 1745 por petición del capellán del convento de las clarisas.

El acuerdo aprobado por el cabildo se tituló así: “Petición para cerrar una callejuela que pasa por el convento de Regina, bajando frente al Carril Nuevo”. Esta petición, hecha por fray Antonio Sandoval, presbítero de san Francisco de la Observancia, capellán de las monjas, tenía como objeto salvar los inconvenientes que producía el tránsito por dicha callejuela (hay que recordar que, obviamente, en aquella época no existía el alumbrado eléctrico) pues se trataba de una calle sin salida y en ella se refugiaba gente de mala vida, «estando expuestas las casas de la vecindad y la clausura a robos, pues además existía un arroyo que bajaba y pasaba por dicha calleja junto a las paredes de la sacristía y refectorio, lo que le ocasionaba a estas dependencias mucha humedad y daño… se estropeaban las vestiduras sagradas, etc. El franciscano ofrecía levantar una pared que cerrara la entrada de la citada callejuela, «sin perjuicio de la casa contigua», si se le otorgaba el permiso[1]

En un artículo de la historiadora sanluqueña Carmen Rodríguez Duarte se confirman los extremos que acabo de exponer,[2] pues nos explica que la capilla mayor de la iglesia conventual se pudo labrar gracias a la compra que hizo la duquesa de Medina Sidonia, patrona del cenobio, de una casa contigua que pertenecía a Fernando de Rosas. La capilla ocuparía precisamente «la parte de la calle que desde el Carril de los Ángeles y Alcoba (sic) salía a la de San Jorge, visible actualmente desde el mirador de las monjas»[3].  Pero, como hemos dejado dicho, la calle no se cerró con este motivo. Siguió abierta hasta 1745 en que se cerró.

Otras calles desaparecidas.


Esto mismo le sucedió a otras vías públicas en diferentes épocas. En 1716, por ejemplo, (Cabildo de 20 de febrero, f. 227) se acordó cerrar dos callejuelas en 1716. Las  dos en el Barrio Alto. Una, de un callejón que iba desde la rinconada de la cárcel hasta la calle San Agustín.  Se trataba, según el cabildo municipal « de un sitio excusado que no sirve más que de echar inmundicias y expuesto a cometerse ofensas de Dios». Igual pasaba en «el sitio de las Comedias que estaba a la espalda del mayorazgo que fundó don Alonso Garibay, desde donde se dominan las casas del Barrio Bajo» que gente «menos arreglada» utilizaban para registrar las vecindades. Así que se ordenó cerrar las entradas al citado callejón, pues además, Juan Juañez, vecino  de dicho sitio, por la seguridad de su casa y evitar escándalo a su familia, se había ofrecido a costear los gastos, «sin otra recompensa». Los regidores estimaron que tal cosa era «útil a la causa pública y en servicio de ambas majestades». 

 Lo mismo les sucedió a otras calles, como la que existía entre el callejón de los Sastres (saliendo de la Plaza de San Roque) y la calle Torno de Madre de Dios (dibujando una “L”) que también existía aún a mediados del siglo XVII. Como comenta la historiadora y especialista Ana Gómez Díaz Franzón,  es esta una cuestión "de gran interés para conocer el antiguo trazado urbanístico de Sanlúcar", pues "hubo otras integraciones de calles en las manzanas de casas". Valgan como ejemplo, además de los aportados, el callejón-almizcate actualmente cerrado, que comunicaba la calle San Juan con calle de la Plata, hoy incorporado a las viviendas contiguas.
También el callejón cedido en 1730 por el Ayuntamiento a la familia Arizón, que cruzaba el solar sobre el que se edificaba entonces el conjunto arquitectónico. Y el callejón de la Colarta y la callejuela de la Merced, cedidos también por el cabildo sanluqueño a los Montpensier hacia 1852 cuando levantaron su palacio [4]. El antiguo y desaparecido convento carmelitano calzado, situado en la calle Ancha también tenía una callejón doméstico por el que entraban y salían la ganadería al servicio de los frailes que aún se conserva, aunque incorporado a las viviendas contiguas [5]. Igualmente es de suponer que alrededor del conjunto monumental de Santo Domingo existían varias callejuelas también de uso particular de los dominicos, que al eliminarse los conventos con la desamortización eclesiástica, en vez de pasar a dominio público siguieron privatizados. Un caso contrario, sin embargo, lo constituye el actual callejón del Carmen, contiguo a la Parroquia del mismo nombre, en la calle San Juan, que era de uso privado de los frailes descalzos y pasó a uso público al perder la orden carmelita la posesión del cenobio, hacia 1840 [6].  

Al cerrarse algunas de estas calles, con el tiempo se privatizaron y fueron urbanizadas, introduciendo viviendas particulares en un espacio que fue durante muchos años una vía pública o de usufructo concedido de forma desinteresada por el cabildo sanluqueño, beneficiando obviamente a las clases privilegiadas de aquel entonces. Al perder la ciudadanía el derecho de paso por estas calles y consolidarse una situación de hecho, el patrimonio público perdió propiedades que hubieran sido hoy día muy estimadas por facilitar el tránsito peatonal y promover la mejor movilidad urbana.

EXPLICACION GRAFICA DEL ANTIGUO TRAZADO




[1]  AMSB, Actas capitulares del año 1745: Cabildo de 9 de enero, f. 181.
[2] Rodríguez Duarte, M.C.: “Patrimonio conservado en las clausuras femeninas sanluqueñas”. En Sanlúcar señorial y atlántica: I y II Jornadas de Patrimonio Histórico Artístico 2011-2012. Sanlúcar, 2014
[3] Ibíd., p. 122
[4]  Gómez Díaz-Franzón, Ana Mª: "El arte y la construcción del Palacio Orleáns-Borbón". En  El Palacio de Orleáns-Borbón, Sanlúcar de Barrameda (1989), p.  85. "El Palacio de Arizón", en la revista El Semanal (1990)
[5] Prieto Corbalán, M. R. & Daza Palacios, S.: Proceso criminal contra fray Alonso Díaz (1714). Universidad de Sevilla, 2000.
[6] Daza Palacios, S. & Prieto Corbalán, M.R.: Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774). Universidad de Sevilla, 1998.

lunes, 9 de abril de 2018

LAS ALDABAS DE SANLÚCAR

Por Juan Alcón Atienza.

         Cada vez es más difícil encontrar en las puertas de Sanlúcar esas verdaderas obras de arte que son las viejas aldabas de hierro o bronce. Estos elementos artesanales presentes prácticamente desde que el hombre decidió hacerse sedentario y poner puertas a sus casas, una vez perdida su utilidad como llamador, han ido desapareciendo paulatinamente cada vez que se sustituía una puerta o caía uno de los viejos caserones que poblaban nuestro casco histórico, lo que ha provocado que estas piezas de gran valor histórico y artístico se encuentren en peligro de extinción. Sin embargo, aún podemos encontrar ejemplares únicos, auténticas piezas de museo conservadas gracias al cuidado  y el buen gusto de sus propietarios.
         El origen de nuestras aldabas parece encontrarse en la antigua Grecia, fue allí donde comenzó a utilizarse una argolla colgada a la puerta que hacía la función de llamador. Los romanos añadieron a la argolla una placa de bronce especializándose los herreros en la decoración de estas placas posteriores con variados  motivos mitológicos, más elaborados cuanto más importante fuera el edificio que debían proteger. Entre estos motivos decorativos el que tuvo mayor difusión, predominando en la Edad Media, fue el de la cabeza de león unida a la argolla que servía como llamador, como tirador y, en las puertas de las iglesias durante ese periodo, para hacer efectivo el derecho de asilo con solo asirse a ellas.
         En la época bajomedieval y renacentista, sobre todo en España, se fueron multiplicando y haciéndose cada vez más ricas y elaboradas, no solo la placa sino, sobre todo, el martillo por la influencia de las exquisitas creaciones de los herreros andalusíes. Los maestros forjadores las creaban en función de la casa a la que iban destinadas; no había casa distinguida que no tuviese su aldaba, de ahí el refrán “a tal casa tal aldaba” y la locución “tener buenas aldabas” como símbolo de poder e influencia. También había diferencias dependiendo de si el edificio era una vivienda o un edificio público o religioso, como podemos comprobar aún en Sanlúcar donde se puede apreciar una gran similitud entre las aldabas según pertenezcan a bodegas, conventos o casas particulares.
         Nuestras aldabas tienen gran influencia de la tradición islámica como indica el mismo origen hispanoárabe de la palabra, que significa “lagarta” haciendo alusión a su forma. Según la costumbre árabe, se colocaban dos aldabas en las puertas, una para los hombres de forma fálica (en la puerta derecha) y otra para las mujeres de forma redondeada (en la puerta izquierda), sonando cada una de modo diferente para saber si el que llamaba era hombre o mujer y, sobre todo, para saber quién debía salir a abrir. De estas deriva la conocida aldaba en forma de mano sosteniendo un fruto, tratándose de una evolución del símbolo popular árabe de la mano de Fátima, usado como amuleto de protección doméstica contra el mal de ojo hasta su prohibición en 1526, en que se obligó a cambiarlas por cruces sobre el dintel de las puertas, debido a su extendido uso entre los moriscos. Estas aldabas en formas de mano, que exportamos a toda Europa y América latina,  merecen un capítulo aparte, tienen diferente simbología según si son de la mano izquierda o derecha y según si el anillo está en el dedo anular o corazón. Los lenguajes de las aldabas también son un capítulo interesante.
         En Sanlúcar, como decimos, quedan pocas, es necesario tomar conciencia sobre su interés histórico-artístico y poner en valor estas pequeñas obras de arte, protegiéndolas y fomentando su recuperación  antes de que desaparezcan definitivamente.
         A modo de pequeño catálogo de aldabas sanluqueñas mostramos algunas de ellas identificando su ubicación.

Antigua Cárcel - Plaza de la Paz



 
Aldabón dominico - Parroquia de Santo Domingo







Casa calle San Juan
Casa calle San Juan


Casa calle San Juan

Bodega - C/ Banda Playa

Bodegas Barbadillo- C/ Santiago.

Bodega C/ La Plata

Bodega C/ Divina Pastora

Bodega El Cuadro - Calle Trasbolsa

Bodega La Guita

Bodega Argüeso. C/ Mar.

Casa particular - calle Bolsa

Casa calle Regina

Casa del Pradillo - Puerta de servicio

Casa del Pradillo - Puerta principal

Casa Palacio del marqués de Arizón - C/ Banda Playa

Casa González Hontoria

Casa particular - Barrio Alto

Delegación de Hacienda - Calle San Juan