martes, 29 de noviembre de 2022

MI ABUELO, SALVADOR PALACIOS MERINO (Sanlúcar, 1898-1932)

 

Un sanluqueño brillante e inquieto que conoció a Adolf Schulten.

Salvador Daza Palacios

(A mi hermana María del Carmen).

No tuve la fortuna de conocer a mi abuelo, Salvador Palacios Merino. Falleció a la temprana edad de 34 años. Pero durante toda mi vida le he echado de menos porque estoy seguro que me hubiera llevado muy bien con él. Los testimonios orales que recibí de mi tía abuela Caridad, única hermana de Salvador, fueron más que suficientes para que le fuera tomando cariño a través del tiempo.

Mi abuelo era hijo de Francisco Palacios Fuentes y de María Gloria Merino Moscosio. Nació en la calle Jerez número 36 a las dos de la madrugada del día 11 de agosto de 1898. Cuando nació, sus padres tenían 32 y 27 años, respectivamente. Unos años después nació su hermana Caridad.

Francisco Palacios
Fuentes


Gloria Merino
Moscosio

Por mi casa familiar, en la que vivió y falleció mi abuelo, quedaron pocos testimonios de su vida. Unas fotos, algunos libros y poco más. Pero dentro de este poco, encontré un día un título de bachiller superior expedido nada menos que por la Universidad de Sevilla. Cuando mi abuelo falleció mi madre sólo tenía siete años, así que no tenía mucha información sobre su actividad estudiantil. Me propuse averiguar algo más y hallé algunos papeles conservados en el Archivo Histórico de la citada Universidad. Según estos documentos, Salvador Palacios había realizado estudios durante los cursos 1915-1916 a 1917-1918 en la Facultad de Ciencias. Las asignaturas que cursó eran Mineralogía y Botánica, Análisis Matemático, Química General, Zoología General, Geometría métrica, Física y Cristalografía. Como consecuencia de estos estudios estuvo residiendo en la capital hispalense, primero en la calle Ahujas, 4 y posteriormente en calle Conde de Tejar, nº 1.



El fallecimiento de su padre, Francisco Palacios (hijo de Félix y Francisca), acaecido el 25 de enero de 1920 a los 54 años de edad parece que le impidió proseguir sus estudios. La hermandad de las Angustias, a la que pertenecía como directivo, le hizo un funeral de beneficio. Francisco tenía al menos dos hermanos, José y Félix.

Al quedarse su madre viuda, Salvador tuvo que buscar trabajo para poder mantener a la familia. Y tuvo la suerte de encontrar un puesto eventual en el Ayuntamiento. Según su expediente personal, conservado en el Archivo municipal (1), ingresó como escribiente temporero de Secretaría el 23 de febrero de 1920, con un jornal diario de 3 pesetas y 98 céntimos. Uno de sus cometidos fue el auxiliar los trabajos de confección del Padrón de habitantes. Cesó en este puesto el 31 de agosto del mismo año. Pero, a la vista de sus extraordinarias virtudes para el oficio, volvió a ser contratado de nuevo el 16 de noviembre para la sección de Hacienda, con un jornal de 4’55 pesetas, lo cual le ofreció la oportunidad de poder presentarse a una oposición a fines de enero de 1921 para un puesto de auxiliar, dotado con un sueldo anual de 2.169 pesetas con 46 céntimos.


Salvador Palacios, funcionario municipal de Secretaría, en 1931

Del matrimonio formado por Salvador
Palacios y Carmen Romero nació Carmen
Palacios Romero en 1925


Esta remuneración fue aumentando durante varios años, hasta alcanzar las 2.570 pesetas. Con esta cantidad podía mantener su casa y pensar en formar una nueva familia. Pero tuvo la fatalidad de perder entonces a su madre, Gloria, fallecida a la edad de 50 años. Conoció entonces a mi abuela, Carmen Romero Muñoz, pues Salvador frecuentaba la Parroquia del Carmen, como hermano y secretario que era de la Hermandad de las Angustias, donde ella iba a oír misa. Carmen era un año mayor que él y también era huérfana de padre y madre, como Salvador. Surgió el amor entre ambos, y en 1924 se casaron. Y establecieron su casa familiar en el domicilio de ella, en la calle San Juan 36 (hoy 64) donde ambos deberían convivir con varios hermanos de ella (Manolo, Luis y Juan) que residían también en el inmueble. Y en marzo de 1925 nació mi madre, Carmen Palacios Romero, única hija del matrimonio, que vino a traer una gran alegría a la casa, pues la tragedia se había venido cebando con los Romero Muñoz durante algunos años.





La personalidad simpática y brillante de Salvador no tardará en mostrarse, pues en enero de 1929, Salvador Palacios asistió, en representación municipal y acompañando a varios munícipes, a la botadura en Cádiz, de la réplica de la carabela Santa María, que se construyó en los astilleros Echevarrieta, por orden de Alfonso XIII y Primo de Rivera, con el fin de exhibirla en la Exposición Universal de Sevilla de ese mismo año. También fue uno de los asistentes a la inauguración de esta Expo que tuvo lugar el 9 de mayo de 1929, así como al Congreso Mariano celebrado paralelamente en la ciudad hispalense. Su militancia católica quedaba bien acreditada con este hecho, pues además existe alguna foto suya en la que el abuelo Salvador figuraba en la presidencia de un desfile procesional, según se deduce de la misma, incluso como capataz del paso.


Procesión de San Lucas. Año 1926. (Col. particular del autor)

El 4 de julio de 1929, Salvador Palacios ascendió en el organigrama municipal, pues se le confió el puesto de Oficial de Actas y Registro, con un sueldo anual de 3.000 pesetas. Eso se debió a su antigüedad en la plantilla municipal, pues se había quedado vacante el puesto por jubilación del que prestaba sus servicios, Cayetano Delgado Ñudi, y Salvador Palacios era a quien correspondía el ascenso según el reglamento, ya que era el auxiliar que ocupaba el número uno del escalafón. Por aquel entonces desempeñaba la alcaldía accidentalmente Pedro Barbadillo Delgado y el secretario municipal era José López, que sustituía al titular, Carlos Asquerino Lacave.

Excursión al Coto de Doñana para conocer a Adolf Schulten

Pero sin duda la actividad más destacable de Salvador Palacios fue la excursión que hizo a principios de octubre de 1923, cuando contaba con 25 años, junto con varios amigos al Coto de Doñana, con el fin de conocer al ya célebre doctor arqueólogo alemán Adolf Schulten, investigador de Tartessos (2). El diario sevillano El Liberal se hizo eco de ello, pues el líder del grupo que cruzó el río desde Bajo de Guía era el periodista y corresponsal en Sanlúcar Manuel Quiñoy, a quien acompañaron otros eruditos locales como el militar retirado Diego Pérez Tort, «verdadero entusiasta de la arqueología», Alejandro Zambrano, Pepe Vinceiro, Perico Martínez, que actuaba de fotógrafo, y Rodolfo Romero. De guía de la expedición actuó Francisco Díaz Montaño, que conocía el coto perfectamente por haber vivido allí muchos años (3).


El arqueólogo e historiador alemán
Adolf Schulten
Allí pudieron conocer de primera mano las excavaciones practicadas por Schulten y el producto recogido en forma de piezas diferentes de cerámica, así como de varios restos de huesos humanos correspondientes al periodo romano, existentes en diversas tumbas. Posteriormente visitaron el Palacio de la Marismilla para entrevistarse con el doctor Schulten y su ayudante, el general alemán Lammeré. El catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Erlangen resultó ser un «correcto caballero, de trato afable y de esmeradísima educación». Era un hombre que frisaba los cincuenta años, «de rostro curtido por el sol y simpático, locuaz y amable hasta la exageración», y muy sonriente, contestó a todas las preguntas que le hicieron los componentes del grupo. Y se dio la curiosa circunstancia, según cuenta el propio Schulten en su apasionante libro “Tartessos”, que unos días más tarde de esta visita de sanluqueños a las excavaciones, que habían descubierto en ese año 1923 una villa romana, apareció, el 4 de octubre (penúltimo día de las excavaciones) un anillo de cobre con inscripciones griegas, lo cual demostraba que había habido expediciones griegas al primitivo reino de Tartessos (4).

Fallecimiento prematuro.

La salud de mi abuelo se quebrantó. En 1931 se vio obligado a tomarse unos meses de descanso por recomendación médica. Pasó una temporada en la casa de campo familiar del pago de Capuchinos, justo enfrente del convento. Un sitio saludable por su tranquilidad y aire puro. Pero el 12 de mayo se vio alterada esta paz por los incidentes ocurridos en la puerta del convento, cuando un grupo de desconocidos intentaron prender fuego al mismo. Este hecho lo recordaba mi madre perfectamente, a pesar de contar entonces con sólo seis años de edad. La prensa local, en su crónica de sociedad recogió la vuelta a la ciudad de mi abuelo Salvador tras su descanso campestre, algo común en aquel periodismo tan familiar del diario Sanlúcar.

Pero no se había curado. No había medios entonces en la ciencia médica para el mal que se había apoderado de él. Así que el 30 de octubre de 1932, a las ocho de la noche, mi abuelo falleció en el domicilio familiar de la calle San Juan. Precisamente en la misma habitación donde dormí muchos años, una de las que dan a la calle. La certificación, firmada por el juez municipal Leopoldo del Prado Ruiz, dejó constancia de la razón de su muerte: “tuberculosis subaguda” y de que dejaba una hija huérfana llamada María del Carmen, mi madre.



El Ayuntamiento recogió este óbito en sus actas capitulares. Aquellas que precisamente fueron el objeto del cuidado de Salvador Palacios en su tarea municipal. En su sesión de primeros de noviembre, al punto 4, «por moción de la Alcaldía, quedó el Ayuntamiento enterado del fallecimiento ocurrido el día treinta del corriente del Oficial de la Secretaría municipal, don Salvador Palacios Merino, acordándose, a propuesta del señor [Francisco] Clavijo, que conste en acta el sentimiento de la Corporación por el fallecimiento de un funcionario tan ejemplar». Su vacante la ocuparía el auxiliar más antiguo, Eduardo Hidalgo Romaní (5).

El Noticiero gaditano y otros diarios locales se hicieron eco del fallecimiento:

«En esta ciudad ha fallecido el oficial administrativo de la Secretaría del Excmo. Ayuntamiento, señor Palacios Merino, joven que contaba con el verdadero aprecio de sus amigos y jefes, por sus dotes de simpatía y competencia.

El acto de la conducción del cadáver al Cementerio ha tenido lugar el día 31 del pasado [mes], constituyendo una imponente manifestación de duelo, presidiendo los familiares y el secretario de esta Corporación don Alberto Gallego Burín, gran amigo del fallecido.

Enviamos a la familia nuestro más sentido pésame, lamentando que el Ayuntamiento se vea privado de un funcionario tan ejemplar» (6).

Como no existían pensiones de viudedad, el alcalde de entonces, Manuel Ruiz Delgado, le ofreció a mi abuela compensarla con algún puesto para algún familiar suyo en el Ayuntamiento. Así que la reciente viuda, que compartía el primer piso de la casa familiar con su hermano Manolo, que era soltero, le convenció para que aceptara un puesto como auxiliar en la oficina de Arbitrios, hecho éste que no le sentó muy bien, según refería mi madre, pues le costó mucho esfuerzo adaptarse a los entonces muy dilatados horarios laborales que los funcionarios municipales tenían. Aun así siguió en su puesto hasta su jubilación en los años sesenta.


NOTAS

(1) AMSB, Secretaría, leg. 2611, expediente personal de Salvador Palacios Merino.

(2) El Diario de Cádiz del 30 de julio anterior informó que el Gobierno le había concedido licencia al duque de Tarifa (Carlos Fernández de Córdoba y Pérez de Barreda) para realizar excavaciones arqueológicas en el Cerro del Trigo, «en busca de la antigua Tartessos, a orillas del Guadalquivir». El duque se obligó a entregar cada mes una memoria sobre los trabajos.

(3) Todo ello incluido en El Liberal de Sevilla, jueves 4 de octubre de 1923: “En el Coto de Doña Ana: Se han hecho importantes descubrimientos arqueológicos”, p. 1.

(4) Schulten, Adolf: Tartessos, Ed. Espasa Calpe, Madrid, 1971, p. 262.

(5) AMSB, Actas capitulares de 1932, sesión de 4 de noviembre, f. 157.

(6) El Noticiero Gaditano, 2 de noviembre de 1932, p. 2.

No hay comentarios: