martes, 18 de septiembre de 2007






EL CASTILLO DE SANLUCAR DE BARRAMEDA:



FORTALEZA MILITAR Y CRUENTA PRISION

© Salvador Daza Palacios.

Ahora que estamos en cercanías de unas elecciones generales y nuestros políticos se han vuelto a acordar del Castillo de Santiago (el de San Salvador no concita tanto electoralismo, por ser el hermano pobre, el patito feo, supongo que por estar en la playa), convendría quizá hacer un recordatorio ilustrativo sobre este significativo baluarte, que fue declarado Monumento Histórico-Artístico por una Orden de la Dirección General de Bellas Artes en 1972.



Se trata de un edificio que fue utilizado en un principio como defensa al más puro estilo feudal o medieval, con todo el aparato de artillería disponible para repeler invasiones por tierra y por mar. Más tarde se convirtió en cuartel y dependencia militar, llegando a albergar los más diferentes cuerpos y compañías. Cabe destacar, por ejemplo, que en 1620, según consta en el Archivo Ducal de Medina Sidonia, había tropas de Infantería y soldados de diferentes compañías militares que se habían «levantado en esta Andalucía para servir a su majestad [el Rey] en la fuerza de la Mamora y Larache». La guerra contra el moro, fue pues el fin primordial con el que fue creada esta impresionante fortaleza, y hay que señalar que, a pesar de haber sido construida por el duque de Medina Sidonia durante la segunda mitad del siglo XV (y no en 1477 como tan insistentemente se publica, pues es cosa difícil que con los medios de la época semejante edificio se construyese en un solo año), todos sus medios defensivos, materiales y personales, se ponen a la disposición de la Corona de Castilla cuando los intereses del Estado (es decir, de la Monarquía) así lo reclaman.



Cuando la guerra contra el moro deja de ser un objetivo de los dirigentes estatales, el uso del Castillo va derivando hacia fines más tangibles y cercanos: sobre la década de 1850 a 1860 alberga a la fuerza militar que sirve de resguardo de unos ilustres visitantes que deciden instalarse en la ciudad, familiares de la reina Isabel II. Es decir, su augusta hermana María Luisa Fernanda, casada a la sazón con el conspirador Antonio de Orleáns, duque de Montpensier, fundador de la estirpe señorial que ocupó el lugar que había ocupado 150 años antes el duque de Medina Sidonia.



Pero, sin duda, estos últimos usos fueron meramente pacíficos o simplemente defensivos. No ocurrió así en 1873, cuando en plena represión de la I República contra el movimiento cantonal y revolucionario, —que se manifestó con particular rebeldía y virulencia en Sanlúcar, dado el gran arraigo que la ideología anarquista había cosechado por estos pagos—, el Castillo sirvió de cruenta prisión para un centenar de inocentes y utópicos proletarios que creyeron en un mundo más justo y que pedían pan y trabajo, y cuyo único delito fue el creer que había llegado el momento histórico de la revolución social, de su revolución.



La brutal represión y la falta de garantías procesales que se usaron contra estos luchadores constan en los libros, dando una vez más a nuestra ciudad un “nombre” en la historia: el de la ciudad sin ley, sin orden, donde el poder arbitrario de quienes deben administrar justicia se convierte en una forma de atajar cualquier evolución en el pensamiento o en la ideología de las masas. Muchos de esos obreros revolucionarios fallecieron de inanición y otros, tras un burdo proceso político, fueron deportados a las Islas Marianas, donde no tardaron en morir, contagiados de las enfermedades del Pacífico.



En la Guerra Civil de 1936 a 1939, el Castillo de Santiago le siguió sirviendo a los poderes fácticos para llevar a cabo la cruel venganza contra los años republicanos. Extraña paradoja, dado que el Gobierno de la República cedió a la ciudad la propiedad de la fortificación el 28 de Junio de 1932. En las húmedas mazmorras de Santiago dieron con sus huesos no sólo todos aquellos que en una y otra forma lucharon contra la opresión y contra la tiranía, sino incluso otras personas cuyo único delito fue poseer un “alias”. Allí fueron descomponiéndose como seres humanos, sometidos, convertidos en un trágico y absurdo mercadeo de muertes. Si el bando republicano hacía caer un número de franquistas en algún lugar del frente, los presos sanluqueños caían, en igual número o superior, inocentes, sin proceso y sin culpa alguna, bajo las balas de los fusiles. Crueldades de una guerra sin sentido y sin justificación, que originó terribles dolores y secuelas que aún no han cicatrizado.



Se conservan en diferentes archivos nacionales suficiente documentación de nuestro Castillo como para hacer toda una tesis doctoral, prueba suficiente, desde luego, de su importancia estratégica y militar. Aún así, en este momento me parece más interesante recordar la última de las visitas que realicé a esta fortaleza. Fue con ocasión de un recital de poesía en el Aula Mayor y guardo de ella un imborrable recuerdo, pues la misteriosa angustia que me atenazó me hizo reflexionar profundamente sobre todo lo anterior y sobre la esotérica incógnita que guarda entre sus muros este tipo de lugares. No me cupo entonces ninguna duda de que el Castillo esconde aún entre las grietas de sus desgastadas piedras el dolor y el tormento vivido por muchos de nuestros paisanos que lucharon por lo que ellos creyeron un mundo mejor. Sólo en el Alcázar de Toledo recuerdo haber vivido una experiencia semejante. Juré y perjuré que jamás volvería a entrar en ese lugar maldito, cargado de tragedia, martirio y falso heroísmo.


Creo que ni siquiera los supuestos usos culturales que se le quieran dar a esa vieja fortaleza militar podrá quitar el estigma que pesa sobre él. Después de aquella visita entendí en cierta medida la secular desidia e indiferencia que había rodeado siempre a este monumento abandonado. Mucho tendrá que devanarse los sesos sus hipotéticos explotadores empresariales (si es que consiguen los permisos oficiales y las subvenciones necesarias) para que aceptemos entrar nuevamente en él. Ni aún renovando totalmente todas sus piedras podrá jamás perder esa enorme mole el recuerdo del dolor y el llanto de varias generaciones de sanluqueños buenos.

© SALVADOR DAZA PALACIOS.

(Publicado en Sanlúcar Información en Abril de 2003)


Muere el compositor austríaco Gyorgy Ligeti

El músico, creador del término micropolifonía, falleció a los 83 años tras una larga enfermedad

VIENA, Agencia Efe. El compositor austríaco Gyorgy Ligeti murió ayer en Viena a los 83 años, tras una larga enfermedad, según confirmó la editora musical alemana Schott Music a la agencia austríaca de noticias APA.

En un comunicado conjunto, el canciller federal de Austria, Wolfgang Schüssel, y el secretario de Estado para el Arte, Franz Morak, recordaron la gran influencia que ha tenido el fallecido músico en las generaciones jóvenes.

Fue un "gran austríaco en el mundo de la música del siglo XX", considerado "desde hace décadas uno los más destacados representantes de la nueva música en Europa, que ha enriquecido el arte de la composición con incomparables tonalidades", señala la nota.

Ligeti, uno de los compositores contemporáneos de más renombre en el mundo, nació en 1923 en la ciudad transilvana de Siebenbürgen (en Rumanía) de padres húngaros. Por ser judío fue forzado a trabajar para los nazis, quienes le deportaron al campo de exterminio de Ausschwitz y asesinaron a su padre y a su hermano.

Tras el fin de la II Guerra Mundial vivió en Budapest, donde su obra encuentra el rechazo del régimen comunista de Hungría, país del que emigra en 1956 para radicarse en Viena, donde adoptó la nacionalidad austríaca.

El autor de la ópera Le Grand Macabre, estrenada en 1978, vivió los últimas años de su vida entre la capital austríaca y en Hamburgo, al norte de Alemania, y era miembro de honor de numerosas orquestas.

Entre sus composiciones destacan Apparitions (1958/9), Atmosphéres (1961) y Lontano (1967), así como sus tres libros de estudios para piano. Otras de sus obras se hicieron famosas al emplearse en la película 2001, una odisea en el espacio, de Stanley Kubrick. Ligeti acuñó el término "micropolifonía" para la técnica de cromatismo de muchas de sus obras.


(Fuente: DIARIO DE CADIZ; Martes 13 de Junio de 2006)

No a las corridas de toros

Tal vez has escuchado que la fiesta de los toros en España es un arte, pero no lo es... es una ciencia... la Ciencia de la Tortura.

Las banderillas, esa tortura lenta y dolorosa

Una muerte injusta, ¿acaso no lo son todas?. Con la espina dorsal a punto de partirse, se enfrenta a los 80 cms. de la espada 24 Horas antes de entrar en la arena, el toro ha sido sometido a un encierro a oscuras para que al soltarlo, la luz y los gritos de los espectadores lo aterren y trate de huir saltando las barreras, lo que produce la imagen en el público de que el toro es feroz, pero la condición natural del toro es huir NO atacar. También se le han recortado los cuernos para proteger al torero Le colgaron sacos de arena en el cuello durante horas.

Lo golpearon en los testículos y los riñones Le indujeron diarrea al poner sulfatos en el agua que bebió. Todo esto es con el fin de que llegue débil al ruedo y en completo desorden. Se le ha untado grasa en los ojos para dificultar su visión y en las patas se le puso una sustancia que le produce ardor y le impide mantenerse quieto, así el torero no desluce su actuación.

Los caballos de los picadores se eligen a caballos que ya no tienen valor comercial, por que el animal muere en 3 ó 4 corridas a lo mucho, es muy habitual que el animal sufra quebraduras múltiples de costillas o destripamientos. Se les coloca un peto simulando que se les protege, pero en realidad se trata de que el público no vea las heridas al caballo que con frecuencia presentan exposición de vísceras.

El trabajo del picador

Si el torero percibe que el toro embiste con mucha energía, ordena al picador hacer su trabajo: Consistente en desangrar al toro para debilitarlo, clavándole en el lomo una lanza que destroza músculos (trapecio, romboideo, espinoso y semiespinoso, serratos y transversos de cuello) Lesiona, además, vasos sanguíneos y nervios.

Esto es para que el torero pueda brindar la expresión artística que se supone debe tener este espectáculo. Un solo puyazo podría destrozar al toro, por eso se hace en tres tiempos "para mayor goce de la afición."

Las banderillas

Las banderillas aseguran que la hemorragia siga. Se intenta colocarlas justo en el mismo sitio ya dañado con los ganchos de metal. El gancho se mueve dentro de la herida con cada movimiento del toro y con el roce de la muleta, el peso de las banderillas tiene precisamente esa función. Algunas banderillas tienen un arpón de 8 cm, y se les llama "de castigo", a las cuales es sometido el toro cuando ha logrado evadir la lanza del picador. Las banderillas prolongan el desgarre y ahondamiento de las heridas internas. No hay límite al número de banderillazos: tantos como sean necesarios para desgarrar los tejidos y piel del toro.

Demostrando Valor

La pérdida de sangre y las heridas en la espina dorsal impiden que el toro levante la cabeza de manera normal, y es cuando el torero puede acercarse. Con el toro ya cerca del agotamiento, el torero no se preocupa ya del peligro y se puede dar el lujo de retirarse del toro después de un pase especialmente artístico, echando fuera el pecho y pavoneándose al recibir los aplausos del público. Cuando el toro alcanza este estado lastimero, el matador entra en el ruedo en una celebración de bravura y machismo, a enfrentarse a un toro exhausto, moribundo y confundido.

La Espada

El toro es atravesado con una ESPADA de 80 cm de longitud, que puede destrozarle el hígado, los pulmones, la pleura, etc., según el lugar por donde penetre en el cuerpo del animal de hecho, cuando destroza la gran arteria, el toro agoniza con enormes vómitos de sangre. A la hora de matar, si el toro corre con un poco de suerte muere de una estocada, pero no como se piensa de una estocada al corazón, sino que la espada penetra pulmones y diafragma, a veces una arteria mayor, y de ahí la hemorragia que se aprecia del hocico y de la boca. A veces mueren ahogados en su propia sangre.

La Tortura sigue

El toro, en un intento desesperado por sobrevivir, se resiste a caer, y suele encaminarse penosamente hacia la puerta por la que lo hicieron entrar, buscando una salida a tanto maltrato y dolor. Pero entonces lo apuñalan en la nuca con el DESCABELLO, otra larga espada que termina en una cuchilla de 10 cm. A pesar de estos terribles tormentos, el animal no suele morir de inmediato por su gran fuerza, pero finalmente cae al suelo, porque la espada a ido destrozando sus órganos internos.

Asesinos Cobardes

La Tortura sigue, lo rematan con la PUNTILLA de 10 cm. con lo que intentan seccionarle la médula espinal, a la altura de las vértebras atlas y axis. El toro queda así paralizado, sin poder siquiera realizar movimientos con los músculos respiratorios, por lo que muere por asfixia, muchas veces ahogado en su propia sangre, que le sale a borbotones por la boca y la nariz. El torero le corta las orejas, como trofeo, estando aun vivo algunas veces.

El Arrastre

Después que le destrozan las vértebras, el toro pierde control sobre su cuerpo desde el cuello hacia abajo, sin embargo hacia arriba se mantiene intacto, por lo que está consciente de todo el horror y de cómo es arrastrado fuera del ruedo.

Reflexiona

Y piensa si esta tradición irracional tiene su lógica ya en el siglo XXI, o siquiera la ha tenido nunca. El respeto por el resto de animales (no olvidemos que el ser humano también lo es) pasa por algo más que cuidar bien a vuestra "mascota" o salvar alguna especie en peligro de extinción (a la vez que aniquilamos otras muchas especies en nuestro día a día) y quizás el caso de las corridas y encierros de toros sea un buen comienzo para ello.

¿Cómo puedes Ayudar?

1.- No asistas a corridas de toros.
2.- Desconecta la radio o la televisión, o cambia de canal, cuando anuncien espectáculos taurinos.
3.- No apoyes a políticos, artistas y comunicadores asociados a esta barbarie.
4.- No consumas productos de empresas que los patrocinen.
5.- Pero lo más importante... Enseña a tus hijos el respeto por los seres vivos.

Más información en castellano:
http://www.animalweb.cl/crimenes/tortura%20de%20toros/tortura_de_toros.htm

viernes, 2 de septiembre de 2005

Otras publicaciones

DAZA PALACIOS, Salvador / PRIETO CORBALAN, María Regla:

—"El juicio contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774), primer proceso de la Justicia civil española contra un eclesiástico homicida (art.)".
INCLUIDO en La administración de Justicia en la Historia de España. Actas de las III Jornadas de Castilla-La Mancha sobre investigación en Archivos. Guadalajara, 1999. T.I, pp. 119-140.
—"La justicia en la época de Carlos III, a través de un célebre proceso criminal". INCLUIDO en la revista Archivo Hispalense, año 1996, nº 241

DAZA PALACIOS, Salvador:

—"Acontecimientos extraordinarios en la ciudad de LLerena". En la Revista de Estudios Extremeños, Mayo-Agosto 2000 (2), pp. 523-543
—"El doble crimen de Diego de Arizón (Sanlúcar de Barrameda, 1735). La verdadera historia de «La Dama Blanca». INCLUIDO en la revista Archivo Hispalense, nº 258, año 2002, pp. 63-95

jueves, 1 de septiembre de 2005

Créditos de los autores: MARIA REGLA PRIETO


MARÍA R. PRIETO CORBALÁN es doctora en Filología Clásica por la Universidad de Sevilla, con una tesis sobre el epistolario latino de Luisa Sigea, —una humanista del siglo XVI—, y autora de diversos trabajos de investigación centrados en dicha especialidad. Ha sido directora del Centro de Servicios Comunitarios de Sanlúcar, además de haber trabajado como Técnico cultural en la Diputación de Cádiz, en cuyos cometidos ha promovido gran diversidad de jornadas, cursos, eventos culturales y de integración social. Actualmente forma parte del equipo de VIGÍA, el Observatorio Cultural de la Diputación de Cádiz, en proyectos de cooperación cultural.
Es autora, en colaboración con Salvador Daza, de tres libros de investigación histórica, dos de ellos publicados por la Universidad de Sevilla: Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774) y Proceso criminal contra fray Alonso Díaz (1714).
Su tercer trabajo, De la Santidad al Crimen. Clérigos homicidas en España, 1535-1821, ha sido editado por Renacimiento en su colección "Espuela de Plata". También ha escrito una novela, un guión de cine y un poemario inéditos. Ha conseguido diversos premios literarios, como el Pluma de Oro 2000, Plataforma 8 de Marzo (en las modalidades de poesía y prosa) y Montefrío, conseguido recientemente por su relato El retocador de fotografías. Escribe artículos de opinión en la prensa local y provincial.

Créditos de los autores: SALVADOR DAZA


SALVADOR DAZA PALACIOS (Sanlúcar de Barrameda,Cádiz) es profesor numerario del Conservatorio Superior de Música de Sevilla desde 1988. Compositor y concertista, con obras musicales estrenadas por reputados intérpretes, ha dedicado los últimos años de su trayectoria profesional al campo de la investigación histórica, con destacadas publicaciones realizadas en colaboración con María Regla Prieto, sobre el tema “Clérigos homicidas en España”. En la actualidad prepara su tesis doctoral en Historia Moderna y Contemporánea en la Universidad Hispalense.
Tiene publicados diversos artículos en revistas y periódicos sobre musicología y temas de índole cultural. Ha ejercido el columnismo y la crítica musical en Diario de Cádiz durante tres años, así como en otros diarios andaluces. Sus últimos trabajos han sido publicados por la Revista de Estudios Extremeños, por Archivo Hispalense, y por el Servicio de Publicaciones del Conservatorio Superior de Música de Sevilla.

miércoles, 31 de agosto de 2005

Libros sobre clérigos homicidas en España














LIBROS PUBLICADOS:

1.- "Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774)". Universidad de Sevilla, 1998

2.- "Proceso criminal contra fray Alonso Díaz (1714)". Universidad de Sevilla, 2000

3.- "De la Santidad al crimen: Clérigos homicidas en España, 1535-1821". Ed. Renacimiento, Col. Espuela de Plata, Sevilla, 2004

4.- "Lucifer con hábito y sotana: Clérigos homicidas en España y América, 1556-1834". Ed. Renacimiento. Espuela de Plata, Sevilla, 2008.

5.- "Sangre en la sotana: Clérigos homicidas en la España Moderna y Contemporánea". Ed. Renacimiento, Espuela de Plata, 2020.




LA SERIE “CLERIGOS HOMICIDAS EN ESPAÑA”,
de Salvador Daza y María Regla Prieto



En el verano de 1993 tuvimos noticia de la publicación de una nueva edición de las “Cartas de España” del escritor sevillano José María Blanco White. En una de ellas se mencionaba el asesinato de una hermosa joven en Sanlúcar de Barrameda a manos de un fraile carmelita descalzo, en la misma puerta de su Iglesia y en presencia de su madre. Un hecho atroz que conmocionó a la sociedad de su época y que Blanco recoge como ejemplo de la arbitrariedad de la justicia durante el reinado de Carlos III, en el que fueron numerosos los eclesiásticos que cometieron crímenes cruentos pero que, en ningún caso, fueron castigados con la pena de muerte que entonces merecía el delito de homicidio, y que sí se aplicaba al resto de los mortales.
A pesar de que Blanco sólo hacía una alusión general a este crimen sin dar demasiados datos, sí mencionaba la casa donde vivió la víctima, una casa frente al convento del Carmen Descalzo, que coincidía perfectamente con la casa natal de Salvador Daza, uno de los autores de esta serie de publicaciones.
La investigación partió pues de esta casual circunstancia. Podríamos casi decir que fue el tema el que nos eligió a nosotros y no al revés. Quisimos comprobar si era cierto que la joven apuñalada en la puerta de la Iglesia del Carmen, y de la que supuestamente estaba enamorado el fraile, era la misma que vivió en la casa familiar de los Daza Palacios. Así lo pudimos atestiguar tras una larga y difícil investigación que nos llevó por los Archivos y Bibliotecas más importantes del país. En esta búsqueda pasamos de tener un interés “personal” —aunque la fascinación por la historia privada de los personajes nunca nos ha abandonado— a la sorpresa de lograr encontrar en Madrid el proceso criminal original que se instruyó contra el fraile homicida, dándose la circunstancia excepcional de que el proceso contra el fraile homicida de Sanlúcar fue el primer proceso que la Justicia civil pudo instruir contra un eclesiástico homicida, pues hasta entonces estos casos siempre habían sido juzgados por la Iglesia en sus propios tribunales. Este Proceso criminal, con los correspondientes apéndices y documentación anexa, constituyó la base de nuestro primer libro Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774) que publicó la Universidad de Sevilla en 1998 y que despertó una enorme expectación entre los investigadores históricos (tanto del Derecho como de la Historia Moderna). Se hicieron eco del libro todos los grandes medios nacionales e incluso internacionales. El libro y sus autores viajaron hasta la Semana Negra de Gijón en 1999, donde compartieron cartel con los más afamados autores de novelas negras del panorama mundial. Los ecos de este primer libro llegaron hasta Puerto Rico, ya que el protagonista de ese primer homicidio y proceso terminó sus días en una celda del Castillo de San Cristóbal, condenado a destierro perpetuo por el rey. Allí purgó su delito durante más de 25 años. En una página web de una asociación educativa norteamericana se pueden encontrar referencias a este libro y a este “ilustre” prisionero cuando se describen las celdas del colonial castillo puertorriqueño.

En el segundo libro, Proceso Criminal contra fray Alonso Díaz (1714), también publicado por la Universidad de Sevilla en 2000, se estudia un crimen anterior en el tiempo, un magnicidio (el primero del que tenemos noticia en la Historia de España), el asesinato del gobernador político-militar de Sanlúcar de Barrameda, Jacinto Alonso Velarde, a manos de un fraile agustino, fray Alonso Díaz, que le disparó a bocajarro en el patio de su propia casa. Estamos en este caso ante el escenario convulso de la España de principios del siglo XVIII, donde aparecen personajes tan importantes como Melchor de Macanaz, y en una ciudad conflictiva, la Sanlúcar de la época, donde se desarrolla una turbia trama de intereses —fraudes de los eclesiásticos en el consumo de carne, que estaba racionada, contrabando de tabaco y otros géneros— y luchas intestinas entre los representantes del rey, Felipe V, como el propio Velarde, y los representantes del duque de Medina Sidonia, señor de la ciudad hasta 1645, y que iba ganando terreno lenta pero continuamente gracias a su inquebrantable adhesión al monarca Borbón. En este segundo volumen se analiza la compleja trama conspirativa que acabó con la vida del representante del rey en la ciudad y se presenta un completo resumen del proceso criminal “informativo” que la Justicia del Rey abrió para averiguar las circunstancias del delito y condenar a los culpables, tanto al homicida, huido de la ciudad a los pocos días (jamás fue detenido) como a los cómplices que le ayudaron a escapar y le proporcionaron las armas y el caballo. Es una historia apasionante, completamente real, que cumple todos los requisitos para afirmar, una vez más, que “la realidad supera a la ficción”.

Nuestro tercer libro De la santidad al crimen: Clérigos homicidas en España (1535-1821) (Colección “Espuela de Plata”, Ed. Renacimiento de Sevilla, 2004) estudia diecisiete asesinatos cometidos por hombres de la iglesia en todo el territorio nacional y a lo largo de cuatro siglos, a través de los cuales se puede ver la evolución de la justicia en casos tan especiales como éstos, en los que los acusados estaban protegidos por un fuero privilegiado que los hacía prácticamente intocables. Se estudian los escenarios, ──los interiores de los conventos y monasterios, las iglesias y hasta las catedrales que se convierten en el horrible escenario de estos crímenes, sin olvidar las alcobas de las mancebas de los frailes y curas── y prestamos una especial atención a las víctimas, sobre todo a las mujeres, quienes siempre salen mal paradas en estas crueles historias, convirtiéndose no sólo en las víctimas de la agresividad de los curas y frailes que recorren estas páginas, sino también de la propia justicia de la época, que en numerosos ocasiones les negó la voz y los derechos. Este libro, entre otros objetivos tiene como finalidad dar la voz a aquellos a los que la historia muchas veces se la ha negado. Recordemos que todos los procesos judiciales en los que está basado nuestro trabajo se guardaban en papeles clasificados como secretos en los últimos rincones de los archivos civiles y eclesiásticos, y que en su momento se llevaron “con el mayor sigilo y sin escándalo público”.
De la santidad al crimen es pues el fruto de más de ocho años de ardua labor de documentación en bibliotecas y archivos tanto nacionales como extranjeros. El propósito científico de la obra no es otro que “el mejor conocimiento de la Justicia en el Antiguo Régimen, y su posición frente a los delitos de sangre cometidos por religiosos, que estaban exentos de comparecer ante los jueces ordinarios”. Así, en los 17 capítulos de que consta la obra se analizan con detalle cada uno de los procesos judiciales a que dieron lugar esos homicidios cometidos por frailes y clérigos desde 1535 (en un célebre parricidio cometido por unos agustinos de Sevilla) hasta 1821. Cada una de las partes de la que consta la obra recrea el ambiente de la época, las reacciones y mentalidades de los personajes que protagonizan cada una de las espeluznantes historias que se relatan, con especial incidencia en el lenguaje propio de cada uno de ellos.
Ciudades como, Jerez, El Puerto, Sanlúcar, Madrid, Sevilla, Paiporta (Valencia), Vic (Barcelona), Llerena (Badajoz), Sepúlveda (Segovia), Banyoles (Gerona), Veruela (Zaragoza), Huércanos (La Rioja), Navianos (Zamora), Aceuchal (Badajoz) y Langre (León) se convierten en el escenario sobre el que realizan sus correrías los tristemente célebres protagonistas de este libro.
Algunos de estos crímenes fueron tan cruentos y su castigo tan suave que se convirtieron en ejemplos de una escandalosa desigualdad jurídica. Los ministros ilustrados del Consejo de Castilla, convencidos de que “la calidad del delito está por encima de la calidad del delincuente”, hicieron lo imposible por mitigar esta desigualdad ante la Ley. Así que, sobre todo desde aquel primer proceso de Sanlúcar de 1774 se fue legislando y aplicando una normativa más progresista con el fin de evitar los abusos que la Iglesia cometía cuando trataba de defender a toda costa a sus hijos descarriados y librarles de la acción implacable de la Justicia civil.
La práctica totalidad de los casos analizados en este libro son inéditos. Ello se debe en gran parte al secretismo con que se llevaron sus procesos, pues la iglesia en ningún caso quería que se airearan sus circunstancias, creyendo que eso podría perjudicar su buen nombre. Sin embargo, ello no ha evitado su difusión, pues quedaron suficientes testimonios de esos crímenes como para que tras la investigación llevada a cabo por Salvador Daza y María Regla Prieto, hayan visto de nuevo la luz esas truculentas historias, que poseen suficientes atractivos como para atrapar a aquellos lectores que busquen el rigor y la erudición histórica en perfecta combinación con la fluidez narrativa y la amenidad literaria. De la santidad al crimen fue finalista del premio “Plaza y Janés” 2002.
La circunstancia de haber hallado aquel primer proceso histórico de 1774, que creó jurisprudencia a nivel nacional (un crimen sucedido en Madrid, dos años más tarde, se juzgó por la normativa “ensayada” en Sanlúcar) y que se erige en el primer proceso de la Justicia civil contra un eclesiástico homicida hizo que otros muchos procesos criminales, tanto civiles como eclesiásticos hayan salido a la luz en el transcurso de nuestra investigación. “Amenazamos” con un cuarto libro en el que cerraríamos la serie y en el que se incluirían interesantes procesos ocurridos en Méjico y Guatemala cuando aun eran posesiones hispanas.



“LUCIFER CON HÁBITO Y SOTANA: CLÉRIGOS HOMICIDAS EN ESPAÑA Y AMÉRICA”


Este nuevo libro de los investigadores sanluqueños Salvador Daza y María Regla Prieto  aborda una nueva entrega de la serie iniciada con la publicación de aquel celebrado “Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774)”, que editó la Universidad de Sevilla en 1998.
Se trata de una serie que ya entonces prometía continuidad y que se titulaba precisamente “Clérigos homicidas en España”. Tras aquella primera entrega, vendrían luego “Proceso criminal contra fray Alonso Díaz (1714)”, también a cargo del Servicio de Publicaciones de la Universidad hispalense en el año 2000 y “De la Santidad al Crimen: Clérigos homicidas en España, 1535-1821”, que editó esta misma editorial Espuela de Plata en el año 2004. Este último tomo rompió el modelo de los dos anterior trabajos, pues si hasta entonces se habían estudiado monográficamente aquellos dos importantes procesos criminales del siglo XVIII abiertos contra dos frailes homicidas, en el tercero se abordaba una relación más abreviada de 17 casos sucedidos en diferentes lugares de España y en distintas épocas del Antiguo Régimen, prestando igual atención tanto a los detalles y circunstancias de cada uno de los delitos como al planteamiento jurídico que la justicia civil y la eclesiástica hicieron en su día sobre ellos y sus ejecutores.
En esta nueva entrega, los autores  abordan, siguiendo esta misma línea, otros 19 capítulos (12 sobre casos sucedidos en España y 7 sobre otros ocurridos en la América Española) de nuevos homicidios protagonizados por frailes y clérigos hasta ahora en su mayor parte inéditos, fruto de más de diez años de investigaciones por gran diversidad de archivos y bibliotecas de nuestro país, rompiendo así con el silencio impuesto por las autoridades gubernativas y eclesiales sobre estos procesos que tanto daño le hicieron en su día al corporativismo religioso y que tanto contribuyeron a cambiar la mentalidad imperante sobre la desigualdad jurídica de los ciudadanos.
La jurisprudencia que fue formándose, el debate ideológico en las Cortes de Cádiz en 1812, los vaivenes de opinión de los políticos de la época, que se debatían entre lo ultramontano y  lo heterodoxo, entre el conservadurismo y el liberalismo, la exportación de leyes a las posesiones españolas cuando los países americanos estaban ya al borde de la independencia..., son los ingredientes más sustanciosos de una obra en la que también siguen presentes los detalles más precisos sobre la extrema crueldad de unos hombres que, nacidos para predicar la palabra divina en un contexto de paz y amor, se trocaban, por orden y obra de Lucifer, en violentos delincuentes que pecaban sin ningún complejo de culpa contra el más sagrado de los mandamientos.

SANGRE EN LA SOTANA


A pesar del precepto claro y explícito, No matarás, a lo largo de los tiempos ha sido constante y reiterada la violación del quinto mandamiento por muchos hombres de la Iglesia. Frailes, monjes, sacerdotes y clérigos en general, que por su carácter eclesiástico debían dar un buen ejemplo a la grey de Dios, se desviaron por completo de su camino. El estudio de estos casos, espeluznantes y muy violentos, y la reacción y el impacto que tuvieron en la sociedad de sus respectivas épocas, llevó a Salvador Daza y a María Regla Prieto a sumergirse en una investigación que dura ya más de veinticinco años y que ha dado como resultado cuatro volúmenes de estudios históricos en los que se estudian numerosos casos de delitos de sangre cometidos por eclesiásticos, así como la repercusión que tuvieron desde el punto de vista social, jurídico y judicial en las distintas épocas de la historia de España y la América colonial. SANGRE EN LA SOTANA (Clérigos homicidas en la España Moderna y Contemporánea) es el quinto libro de esta serie y acaba de publicarse en el sello Espuela de Plata de la Editorial Renacimiento.

Esta nueva recopilación de casos abarca el periodo que va desde el Antiguo Régimen hasta el primer tercio del siglo XX, llegando hasta el fatídico año de 1936. En esta obra se recogen historias de asesinatos cometidos por clérigos plagadas de represión, incomprensión, violencia y miseria intelectual, y cuyos escenarios son ciudades y pueblos de toda la geografía española, pues la violencia extrema de estos hombres de Dios no entendía de fronteras ni de territorios. Frailes bandoleros valencianos, asesinos con sotana de mujeres jóvenes y bellas en Zaragoza, en Viguera y Torre de Cameros (La Rioja), o en Burgos; presbíteros que cometieron sus asesinatos poco antes de la Guerra de la Independencia, así como curas que mataban llevados por los celos, como en La Roda (Albacete) o por la posesión de unas tierras en Asturias, como el párroco de Santiago de Sierra –que ha pasado a la historia no solo por su crimen sino por haber mermado con sus cacerías la población de osos en la zona– o el horripilante infanticidio de Huesca, conforman una galería de casos desgarradores que sacan a la luz la miseria moral de estos homicidas que con una mano bendecían y con la otra asesinaban. No se salvan tampoco los propios eclesiásticos de ser víctimas de la furia de sus hermanos en Cristo; así, en esta obra se narra el terrible crimen del abad de los Basilios en Madrid, a manos de los monjes de su propio monasterio, así como el envenenamiento del reverendo padre de la parroquia de La Cava (Tarragona) por su antecesor en el cargo, el asesinato del cura de Cieza (Murcia), tiroteado en su propio templo y muerto en una de las principales calles de la villa o la discusión también en plena calle de dos beneficiados de la catedral de Toledo que acabó con la muerte de uno de ellos. Una de las aportaciones de este estudio radica en poder contar con la aportación documental de la prensa de la época, en la que se vislumbran esas dos Españas en permanente conflicto, que han conformado desde siempre este país nuestro. Todo ello prueba lo complicado que fue y sigue siendo avanzar en el difícil camino de conseguir una Justicia igual para todos, pues aun a pesar de que a partir de 1835 cambió la legislación y los clérigos homicidas eran juzgados por la ley civil como los demás criminales, aún durante el siglo XX se mantienen ciertos privilegios en el procedimiento judicial que harán que los ciudadanos se siguieran preguntando si «todos somos iguales ante la Ley».