lunes, 21 de noviembre de 2022

A VUELTAS CON PEDRO RELINGS y LA COFRADÍA DE LA ANIMAS DE SANLÚCAR DE BARRAMEDA

                                                                                                            © Salvador Daza Palacios.

Doctor en Historia.



Resumen: En uso del derecho a réplica, el autor responde a los argumentos de dos artículos publicados con anterioridad en la revista Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla. Esta revista no ha aceptado la publicación de esta respuesta anulando así un derecho legal recogido por la legislación vigente. En una suerte de censura injustificable y que esconde quizás una endogamia corporativista que no acepta puntos de vista ajenos al ámbito académico de su propio dictado, el autor publica a continuación la defensa a la que tiene derecho, exponiendo su visión sobre la investigación histórica y de las obras de Arte y diseccionando lo afirmado por quienes le contradijeron respecto a la autoría de algunas imágenes existentes en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).


Dejó escrito Salazar y Castro que «las cosas grandes atraen siempre la atención de los hombres, y todo lo que no es común y ordinario los suspende y los admira». Yo no puedo sustraerme a las reglas universales que afectan a mis semejantes, así que he mirado siempre con admiración las laboriosas y arduas tareas de investigación emprendidas desde hace muchos años por el doctor Cruz Isidoro, profesor titular de la Universidad de Sevilla, con las que ha querido ilustrar la Historia de Sanlúcar y del Arte andaluz en muchas obras llenas de aciertos apreciables (1). Aunque, viendo perjudicado en cierta forma mi propio crédito como investigador con su insistencia en mi “error”, y sobre todo, al comprobar que ilustres conmilitones del citado doctor prosiguen en la senda de querer desacreditar mi humildísima tarea y, lo que es aún peor, la interpretación de mis palabras, me propongo intentar abundar en el tema objeto de la discordia, por si sirviera de bálsamo curativo de mi reputación. Me someto así al principio del derecho a réplica, aunque tardío, y buscaré nuevos apoyos que reafirmen mi posición y me otorguen el crédito quizás perdido. Resulta para ello muy difícil acudir a otros autores que no sean los provenientes del mismo origen, pues el doctor Cruz autoriza dentro de su ámbito académico todo cuanto reafirma su liderazgo indiscutible, sin otorgarle al firmante, ni él ni sus seguidores, ningún derecho de explicación, aun a pesar de nuestra cercanía, ya que hubiera estado encantado de haber apoyado mis manifestaciones con toda clase de matices, si se me hubieran pedido. Pero no ha sido así y esa es la razón última del presente artículo.

Ya nos avisó Bernales Ballesteros acerca de los problemas que conlleva la investigación sobre obras de arte, tratando como “atribuidas” o “del círculo de algún autor”, aquellas sobre las que no se puede demostrar fehacientemente su origen. Pues―decía Bernales― «la prueba más consistente en cuestión de autorías es el documento contractual de hechura o pago de la imagen». Damos por sentado que el documento supremo, bajo el que no cabe dudar, es el contrato particular hecho ante escribano. Le sigue en fiabilidad el testigo secreto o firma dejada por el autor en algún lugar escondido de su propia obra, al tratarse de una escultura o pintura. Pero cuando faltan estos testimonios escritos, ―sigue diciendo el profesor Bernales― «se suele recurrir a otras pruebas subsidiarias, pero estas no son siempre infalibles y pueden prestarse a errores» (2). El hecho de localizar el documento en cuestión, independiente de la obra artística, tampoco es un recurso incuestionable, pues pueden darse equívocos si resulta que la obra no se corresponde realmente con el documento, pues el hecho de figurar en él el mismo nombre por el que en la actualidad se conoce dicha obra no garantiza que se trate de la misma.

Origen del desacierto.

En mala hora se me ocurrió escribir en 1999 un artículo para la revista Sanlúcar de Barrameda en el que recogía unos datos apuntados en uno de mis viajes al Archivo Histórico Nacional. Datos que procedían de un Libro de cuentas de la antigua Cofradía de las Ánimas existente en su día en la Iglesia Mayor de Sanlúcar de Barrameda. En uno de su folios, se mencionaba el pago a un escultor llamado Pedro Relings de un importe de 660 reales por la hechura de un Cristo Ecce Homo con destino a la citada cofradía y capilla parroquial.


Revista "Sanlúcar de Barrameda" nº 35 (1999)

Esta atrevida incursión en un tema que no era propio de mi entonces escasa trayectoria investigadora no me fue perdonada. Poco tiempo después, el profesor Cruz, que ya había publicado su magnífico libro sobre la historia del Santuario de la Caridad, me enmendó la plana a partir de ese momento en todos los lugares donde pudo y le dejaron. Por supuesto tuve noticia de ello entonces, pero andaba por aquel tiempo enfrascado en otras tareas, y postergué ad infitinum la respuesta que todo ello merecía. Esta falta de respuesta por mi parte hizo crecer aún más el posicionamiento de quien me llevaba la contra. Ahora, fustigado por un nuevo y reciente episodio de desautorización de lo que fue tan sólo una hipótesis, y sin que se me haya dado tampoco la posibilidad de explicación, intentaré aclarar algo de todo lo dicho y mantenido hasta ahora, en un sentido u otro (3).

Vamos a partir de la base de que lo que determina la autenticidad de lo afirmado en cualquier artículo o estudio es siempre la posibilidad de acogerse a una prueba documental que valide nuestra búsqueda incesante de la verdad. Si esos documentos gozan del crédito notarial, es decir, del aserto veraz de un escribano oficial, aún mejor. Aunque los documentos son interpretables. Y también se dan falsificaciones, aunque suelen ser raras. Frente a esto, y a falta de otras fuentes de información, poco podemos hacer, excepto especular.

La publicación de varios trabajos del historiador sanluqueño Juan Pedro Velázquez Gaztelu, que vivió en el siglo XVIII, ha resultado de un provecho innegable para todos aquellos que han querido, –que hemos querido–, abundar en el apasionante pasado sanluqueño. Pero, aun a pesar de haber utilizado un método académico y riguroso en dichos trabajos, adolecen de muchas lagunas. El mismo autor había reconocido en algunas ocasiones no usar en algunos capítulos más documentación que su propia memoria (4), que, como sabemos, es la herramienta más débil e imperfecta que acompaña a la condición humana en su aspecto intelectual.

Y precisamente otorgar a Gaztelu una autoridad que con el tiempo ha demostrado no merecer, me jugó una mala pasada. En aquel artículo de la revista Sanlúcar… consideré su testimonio como una verdad inquebrantable y eso no se me perdonó. Se me lanzaron al cuello a mí, sin discutir ni cuestionar al ancestral autor, que mantiene su crédito intacto.

Una pintura, una escultura, una fotografía, una partitura manuscrita encierran en sí mismas verdades que resultan muy difíciles de desentrañar. Sobre todo cuando no existen datos certificables sobre su origen, procedencia, autoría, fecha y demás características propias de un objeto artístico. Pero además, se trata de materia tangible, no de hechos acaecidos o personajes desaparecidos. Célebres y arduas polémicas se han mantenido entre máximos especialistas para tratar de identificar el original de dos cuatros idénticos, al pasar uno de ellos por copia fiel. Cuando no hay documentación, se recurre a la interpretación y de ahí a la “atribución”, espinosa palabra inventada con el fin de no caer en errores mayúsculos. Pues también se puede enumerar una gran lista de equívocos por parte de reconocidos eruditos que mantuvieron durante decenios la autoría de algunas obras ―dictada únicamente por su inspiración― y que al aparecer sorpresivamente el documento fehaciente quedaron en evidencia (5).

Cristo de la Humildad de Paciencia perteneciente a la cofradía
existente en la Basílica de la Caridad de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)

Crónica de lo acontecido.

En 1994, Luisa Isabel Álvarez de Toledo publicó una documentada biografía sobre Alonso Pérez de Guzmán y, en ella, refiere la realización de varias imágenes en 1605, por encargo del duque de Medina Sidonia al escultor Francisco de la Gándara. Tres años más tarde, en 1997, el doctor Cruz Isidoro publicó su monografía sobre el Santuario de la Caridad. Al tratar sobre las imágenes de dicho templo, da por sentado que una de las que realizó De la Gándara (al que llamó entonces Alonso) era el conocido y existente hoy como Cristo de la Humildad y Paciencia, argumentando, en las notas, la referencia dada por Álvarez de Toledo y añadiendo que esa imagen se cita en el inventario realizado por el administrador del Santuario en el año 1720. Pero hay que matizar que Álvarez de Toledo solo dice en su libro que De la Gándara talló un «Cristo de la Paciencia», ofreciendo el número de legajo concreto (6). En 1999, quien suscribe, publicó en la revista Sanlúcar (nº 35) el artículo “La antigua cofradía de las Ánimas, Pedro Rellings y su Ecce Homo”. Extraigo algunos párrafos del mismo que hoy día resultan proféticos:

«La mayoría de estas esculturas religiosas, por su antigüedad y las especiales circunstancias de su creación, tienen siempre a su alrededor un buen número de eruditos que tratan honradamente de probar la autoría de ese nazareno o de aquella maríamagdalena que tanta devoción han concitado entre sus fieles cientos de años».

En el artículo se hablaba del Cristo Ecce Homo que se veneraba en la capilla de Ánimas de la Parroquia Mayor de Sanlúcar y se avalaba documentalmente (7) que fue realizado por el escultor flamenco afincando en la ciudad Peter Relings. Y se comentaba que la vida y obras de este escultor ya habían sido objeto de estudio por parte de Alejandro Zambrano y de otros estudiosos posteriores, aunque ni entonces ni ahora hay unanimidad ni consenso sobre la ortografía de su nombre. Zambrano también apoyó su investigación en los trabajos del ya citado historiador Velázquez Gaztelu –que en aquellos años aún no habían sido publicados–, de quien llegó a decir que, por su rigor, ofrecía “calidad de certeza”.

En el artículo del que suscribe, también se decía que «vivió Relings 61 años, de los que más de la mitad, al menos, vivió en Sanlúcar. Treinta y dos años de labor artística por tanto serían más que suficientes para que hubiese dejado una obra más importante y numerosa; algunas más, desde luego, de las que en la actualidad podemos atribuirle». Y de hecho, el catálogo de sus obras ha ido ampliándose a partir de la fecha de la publicación de ese artículo. Aunque estas afirmaciones no han sido valoradas.

En cuanto a la capilla de las Ánimas, expliqué que «en torno a esta capilla y a sus imágenes se han acumulado una serie de errores al cabo de los años, procedentes de la falta de fuentes fidedignas (8) y de haberse tomado la obra de Velázquez Gaztelu casi como dogma de fe ―como juzgaba Zambrano―, cuando, por el contrario, dejó grandes lagunas dentro de sus imprescindibles libros».

En la descripción del altar mayor de la capilla de Ánimas, Velázquez Gaztelu afirmaba que estaba presidido por un lienzo grande con moldura encarnada y oro «en pintura moderna de don Antonio Borrego, delante del cual sobresale en forma de retablo un donoso tabernáculo, apoyado sobre un compartimento de gradas para luces [velas] con tres nichos inferiores: en el de en medio está una pequeña imagen de Ntra. Sra. del Sufragio y en el tabernáculo superior una devota y perfectísima imagen de Ntro. Sr. Jesucristo, en el ternísimo paso de humildad y paciencia, de elegante mano que ignoramos, y solo se sabe que esta imagen, (junto) con la del Santo Cristo de la Luz, que está en particular altar a la entrada (de) la misma capilla y el Señor de la Columna del altar de San Pedro, tenían en el siglo pasado (siglo XVII) particular cofradía que sacaban en la Semana Santa a la calle los negros de esta ciudad, la cual ha más de 70 años que subsiste (9). Y la imagen de que vamos hablando (la del Cristo de la Humildad y Paciencia) hacemos memoria de haberla visto en nuestra niñez, por los años de 1717, conducir a la iglesia en devota procesión y colocar en el sitio que hoy ocupa» (10). Es evidente que nuestro historiador no usa en esta descripción la palabra “tabernáculo” con el uso que le da el DRAE de 1780: se entiende hoy por el Sagrario, ó lugar, en que está guardado y colocado el Cuerpo de nuestro Señor Jesuchristo en los altares, que regularmente estan hechos en forma de capilla.


Cristo "Ecce-homo" existente en la capilla de Ánimas de la Iglesia
Mayor Parroquial de Sanlúcar de Barrameda 

En nuestro artículo poníamos el énfasis en el hecho de que el retablo descrito por el historiador dieciochesco ya no existía, pues fue reformado en el siglo XIX (11) pero, sobre todo, en que de las palabras de Velázquez se podía deducir que en la capilla de las Ánimas, en su época (mediados del siglo XVIII) convivían dos imágenes: La del Cristo de la Luz (situada hoy supuestamente en el mismo lugar) y la del Ecce Homo, que desapareció del altar mayor de la capilla y, quizás, de la misma iglesia (12). Velázquez Gaztelu ignoró la autoría de la imagen que presidía el oratorio, aunque sí dejó dicho que había sido ejecutada «por elegante mano». Nuestro autor no era de reconocer méritos a los extranjeros. Sin embargo, en la misma obra, Velázquez Gaztelu reconoce el mérito de Relings como artífice de los retablos de las Descalzas (f. 481) y de San Jorge (f. 238).

Pedro Rellens (así figura en el Libro de cuentas, existente en el Archivo Nacional) cobró a la cofradía 660 reales por la hechura del Ecce Homo para el altar mayor de la capilla de Ánimas, así como por estofarlo y encarnarlo. Este pago se hizo entre los años 1706 y 1710. Con lo cual resulta sorprendente que Gaztelu recordase su traslación al altar mayor en 1717, pues parece un lapso de tiempo demasiado amplio entre su finalización y su colocación.

En los inventarios realizados a mediados del siglo XIX no se citan ninguna de las dos imágenes descritas por Velázquez Gaztelu (13). Y por la descripción que se da en ellos –que en nada coincide con la que ofrece el historiador sanluqueño(14)–, ya parece que el retablo central había sido sustituido por el que se conserva hoy, de estilo neoclásico. En esta época decimonónica parece ser que las principales celebraciones litúrgicas se realizaban en esta amplia capilla, pues estaban colocadas allí tanto la talla de San Pedro (a pesar de que tenía su retablo propio) y la del patrón de la ciudad (San Lucas), que era propiedad del Ayuntamiento. Según la descripción de los inventarios parroquiales correspondientes a 1850 y 1857 (15), la capilla de Ánimas aún era patrimonio de la Hermandad, que tenía en propiedad cinco de los siete altares que en ella había. Esta última descripción coincide en todo con la capilla actual, excepto en las dos imágenes ya citadas de san Pedro y san Lucas. Pero no se dice ni sola una palabra ni del Cristo de la Luz ni del de la Humildad y Paciencia. Tampoco del crucificado que preside actualmente la capilla. Ni Guillamas ni Barbadillo aclararon tampoco en sus respectivos trabajos la identidad de ninguna de esas imágenes.

Sí se sabe que, cincuenta años después de tallado, el Cristo Ecce Homo se conservaba aún en la capilla, pues el propio Velázquez Gaztelu pagó la tela para el velo de su propia capilla. También se certifica que el crucifijo que se quitó del antiguo retablo principal del templo (del presbiterio del altar mayor) se colocó allí, tras componerlo y encarnarlo el maestro pintor Francisco Alanís. En ese mismo año, precisamente, se pagan 73 reales por el valor de dos varas de damasco morado, con destino a sustituir la capa vieja «del Señor Ecce Homo que está en la capilla». Y entre 1772 y 1775 la cofradía pagó un total de 1.350 reales «por la hechura de un retablo que se ha puesto en el altar del Santísimo Cristo de la Luz, como parece del recibo dado por el maestro tallista don Andrés Marín», quien también se encargaría de levantar un nuevo retablo en la misma capilla para San Antonio Abad (1.570 reales). Otra partida de 375 reales fue a parar al escultor Blas Gallo «por estofar o encarnar dicha efigie del Santísimo Cristo de la Luz» para colocarlo en el nuevo retablo.

La aportación de estos datos documentados no se tuvo en cuenta. La conclusión de mi artículo no fue entendida, ni mucho menos admitida. Aun a pesar de que en el artículo se esgrimía a Velázquez Gaztelu como escudo protector: «Si no fuese esta imagen ―decíamos―, deberíamos pues certificar la desaparición de una escultura que tanta belleza y devoción irradiaba a sus hermanos». Evidentemente nos estábamos refiriendo a las dos imágenes cristíferas que según el citado historiador convivían en la capilla de las Ánimas: El Cristo de la Humildad y Paciencia (colocado en el altar principal) y el Cristo de la Luz (colocado en un retablo anexo, a la entrada de la capilla).

Si el Cristo de la Luz fue el realizado por Peter Relings, como aseguran Sánchez Peña y Fernando Cruz, nos preguntamos por qué se le llamaba Ecce Homo en los apuntes del libro de Cuentas de la Hermandad ¿Por qué Velázquez Gaztelu lo describe como perfectísima imagen de Ntro. Sr. Jesucristo, en el ternísimo paso de Humildad y paciencia?¿Habría entonces que eliminar esta denominación y referirnos a él con otro nombre?

También Narciso Climent identifica al Cristo de la Luz con el crucificado y no con el cristo sedente de la Humildad y Paciencia (16). Sin embargo, el profesor Antonio de la Banda estimó que en la capilla de las Ánimas existía «un Cristo atado la columna y la imagen sedente del de la Luz, fechable en el siglo XVII, que fue titular de la Cofradía de los Negros» (17). Y respecto a esta cofradía, nos informa el propio Climent:

            «La cofradía fue fundada en 1525 con sede en la capilla de Ánimas de la iglesia mayor parroquial. La imagen titular fue una bajo la advocación de la Humildad y Paciencia. La cofradía compartía su devoción a dicha imagen con otras de la parroquial, como el Cristo de la Luz (un crucificado existente en la misma capilla), y con un Cristo atado a la columna. Las tres imágenes eran sacadas en procesión el Jueves Santo por esta cofradía, siguiendo el recorrido correspondiente para cursar visitas a la ermita de San Antón y a la iglesia de San Juan de Letrán». (18)

Hay que señalar el hecho de que las advocaciones de Cristo de la Luz, hoy día existentes, se corresponden con crucificados. Pero, debo insistir, Velázquez Gaztelu diferenció estas dos imágenes con rotundidad. Y no una vez, sino dos. Para que no cupiera duda alguna. Tras el párrafo ya transcrito, cuando describe uno a uno los altares de la capilla de las Ánimas, vuelve a afirmar: «De los dos altares últimos de la capilla de las Ánimas que están a la entrada de ella ya dijimos que el de mano derecha está dedicado al Santo Cristo de la Luz, imagen de bulto que solía sacarse las semanas santas en procesión por la cofradía de los negros» (19). ¿Qué hacemos? ¿Le creemos o no? Respecto a la cofradía de los Negros, Velázquez afirmó que esa “particular” cofradía «ha más de 70 años que (no) subsiste» (20). Aunque en otro lugar de su misma obra, cuando describe la iglesia conventual de San Diego, sorprendentemente dice: «se registran dos primorosas capillas… la primera a San Antonio de Padua y la otra a San Benedicto de Palermo, objeto particular del culto de la cofradía de los Negros, trasladada poco años hace a esta iglesia de[sde] la Mayor, donde estuvo desde su erección» (21). Tampoco ha subsistido al parecer la exótica imagen del santo de Palermo en San Diego ¿Qué hacemos? ¿Le seguimos creyendo, o ponemos ya en cuarentena las afirmaciones de Velázquez Gaztelu? ¿Por qué no enmendarle la plana a él y sí a mí? (22).


Aportación documental insuficiente.

Espoleado por mi artículo, el profesor Cruz acopió la documentación del legajo 2.828 del Archivo Ducal y la presentó en forma de artículo en 2001 en la revista Laboratorio de Arte (23). El profesor Cruz se aferra desde el principio a la asociación del ensamblador Martín Christiano con el escultor De la Gándara y se apoya reiteradamente en la investigación previa de Juan Miguel Serrera sobre los sepulcros de los condes de Niebla en Santo Domingo (24). A pesar de no cuestionar sus conclusiones, añade que también serían autores del retablo dedicado a Santo Tomás de Aquino, de la misma iglesia dominica, aunque sin ofrecer una documentación concluyente al respecto que avale sus afirmaciones, haciendo conjeturas sobre lo que los documentos no aclaran con rotundidad. Además, la imagen que debía presidir el retablo gandariano no existe en la actualidad en el mismo (25).

Martín Christiano, carpintero ebanista, también talló el coro del Santuario de la Caridad, además de los retablos citados por Cruz Isidoro (26). Pero Cruz cita como fuente documental el legajo 2828 del Archivo Ducal y se queja de que hay roturas que impiden ver correctamente el texto y echa de menos uno de los pagos realizados al escultor De la Gándara. Pero, sin embargo, de haber ampliado algo más la cata documental en el mismo archivo, habría encontrado que en el legajo 2830 también se encuentra una copia de las libranzas otorgadas a los citados De la Gándara y Christiano. Por el contrario, concluye su artículo diciendo que «no hemos encontrado otros descargos» (27). En cuanto a la policromía de las imágenes, afirma que se encargó «al pintor Melchor Ramos, criado del conde de Niebla, que también ha sido citado como Juan Ramos» (28), cuando éste último es su verdadero nombre, según consta en los documentos. Hasta el mismo profesor Cruz reconoce que en la documentación no se recogen las medidas de las imágenes realizadas, por lo que resulta casi imposible acreditar que se esté hablando de las mismas cuando simplemente el hallar su nombre, advocación o situación física en un momento concreto puede inducir a confusiones.


Cristo atado a la columna perteneciente al patrimonio
de la Parroquia de Santo Domingo de Sanlúcar de Barrameda

Aun así, corrige respetuosamente al profesor Serrera, cuando este afirma que el Cristo atado a la Columna tallado por De la Gándara es el que está actualmente en la Parroquia de Santo Domingo. Basándose en pura conjetura (“no nos ha de extrañar”, dice) (29), se inclina por identificar el existente en la antesacristía del Santuario como el genuino realizado por De la Gándara y no por el de Santo Domingo, pues si las imágenes se crearon en 1605 para el oratorio ducal (según se indica en la documentación), tres años después los propios duques se deshicieron de ellas para enviarlas al Santuario de la Caridad que entonces se estaba levantando. Aunque quizás lo hicieran algunos años después. Conjeturas, una vez más… ¿No les dio siquiera tiempo a cogerles cariño a estas imágenes en su propio Palacio cuando poco después las despidieron? Resultaría incluso más lógico que la imagen existente en Santo Domingo fuera la de Gándara, al ser este el autor de los sepulcros de los duques en el presbiterio de Santo Domingo y trabajar para este convento por mandato del duque.


Cristo atado a la columna. Antesacristía de la Basílica de la Caridad
de Sanlúcar de Barrameda.

Vuelve a insistir el profesor Cruz en que en el primer inventario de 1720 del Santuario se recogen estas esculturas, pues no se puede demostrar su presencia anterior por existir tan sólo un inventario anterior a esa fecha y no recoger esa imagen como existente en el templo. Hay también que decir que el Cristo atado a la Columna lo denomina como “Cristo del Perdón”, sin aportar razón o explicación alguna para nombrarlo de esta manera. Y a continuación, mete en el mismo paquete escultórico a la imagen de Jesús de la Humildad y Paciencia existente en el Santuario y que ya “identificó” en su monografía sobre la historia de la Caridad. (Volvemos a recordar que lo que hizo fue hacerse eco del aporte documental de Luisa Isabel Álvarez de Toledo). En la nota a pie de página se explaya el doctor Cruz y vuelve a descartar la investigación realizada por el que suscribe, usando los términos siguientes: «se ha atribuido erróneamente», «identifica, sin más», «sin tener en cuenta»… etc. Para insistir en que la imagen del Cristo de la Humildad y Paciencia existente en el Santuario es obra de De la Gándara y no de Relings, tal y como yo aventuraba en mi nefasto artículo.

Es preciso pues introducir aquí que, tras consultar el tantas veces citado Inventario de los bienes del Santuario, realizado en 1720, que se conserva aún en el Archivo de la Hermandad de la Caridad, y que el doctor Cruz maneja como criterio de autoridad para avalar sus asertos, en el epígrafe correspondiente a las imágenes existentes en el templo en ese año, el Inventario dice:

«Item, dos hechuras de Bulto que están en la sacristía, la una de Ntro. Sr. en la Coluna (sic), y la otra de un Exehomo (sic) con su muzeta (sic) morada» (30).

No hay más referencias a estas imágenes. Y en base a estas dos débiles referencias, pretende el profesor Cruz otorgar una autoría al Cristo de la Humildad y Paciencia del Santuario. Como dato anexo, en el mismo inventario de 1720 se incluyen también «dos frontaleras (31) de madera que están en la antesacristía, y encima de ellas un Señor en la columna (otro); un san Pedro; san Joseph y Ntra. Sra. Todo de bulto». En ninguno de los inventarios posteriores, el de 1763 o el de 1854, figura la imagen citada (32). Tampoco en el único anterior que se ha conservado, perteneciente al año 1656, según reconoce el propio Cruz. Por lo tanto, o tuvieron una breve vida, o alguna mano las hizo desaparecer, a no ser que fuesen integradas en alguna hermandad y, por lo tanto, no entrasen en el lote del inventario ducal como patrimonio del Santuario (33).

Es este, insisto, el único apunte que figura en el inventario. Si quedamos en que, según Cruz Isidoro, la imagen del Cristo de la Humildad y Paciencia no tiene nada que ver con el Ecce Homo, pues responden a diferentes momentos pasionales, ¿por qué se refirieron a él en este inventario como “Ecce Homo” y no como “Cristo de la Paciencia”, tal y como figuraba en los documentos del Archivo ducal? La hermandad existente hoy día en la Caridad fue fundada en 1945 y el imaginero sevillano Manuel Pineda Calderón restauró el Cristo de la Humildad. Se la enviaron a Sevilla en un cajón, pero sin protección, y durante el transporte sufrió daños. Como consecuencia de ello y del mal estado que ya de por sí tenía la imagen, la restauración alteró su fisonomía original, haciéndole perder su primigenio aspecto.

Nuevos capítulos de rectificaciones.

En 2004, en el Boletín Informativo de la Hermandad de la Humildad y Paciencia (nº 3), el profesor Cruz reitera nuevamente todo lo dicho, recapitulando uno por uno sus argumentos, aunque sin aportar nada sustancialmente nuevo. Aunque eso sí, afinando con el título la intención de reafirmar su “hallazgo”. Titula así su artículo: “El Cristo de la Humildad y Paciencia, una obra del escultor barroco Francisco de la Gándara”. Resulta curioso que llegue a ver nuestro articulista un palacio romano como fondo en el Cristo de la capilla de Ánimas parroquial. Yo, por más que lo he intentado, no lo he logrado ver. Además, al profesor Cruz no le caben dudas sobre la diferencia de estilos entre Relings y De la Gándara, uno barroco y otro manierista, con cien años de diferencia. Resulta sorprendente para alguien profano como yo distinguir esa cantidad de matices que expresa en dos figuras cuya situación está muy desvirtuada. Una por falta de cuidados durante muchos años. La otra, por una restauración negligente que desfigura su esencia, según confirma el propio Cruz Isidoro. Además de la falta de pistas que ofrece la exigua documentación del Archivo ducal, pues no se consignan las medidas de las figuras ni su aspecto, «que sería fundamental para su localización en el importante patrimonio repartido por las diversas iglesias» (34).

En el siguiente capítulo de este interminable asunto, el profesor, sin duda azuzado por mi silencio me otorga el beneficio de la duda. En 2005 publica una monografía sobre la Hermandad de las Angustias (35) y en ella afirma que la imagen de Jesús del Consuelo existente en la Parroquia del Carmen (que no pertenece a la cofradía objeto del estudio monográfico) es probable que se pueda atribuir a Peter Relingh, como hice en mi artículo Apuntes históricos de la hermandad del Consuelo (36). Pero también le otorga total veracidad al testimonio de Velázquez Gaztelu, cuando se refiere al escultor como “famoso estatuario flamenco” y “hábil” al haberse encargado de realizar dos retablos en la ciudad, el de san Jorge y el de las monjas descalzas. Sigue ganando el dieciochesco frente al contemporáneo.

Cruz indica en su obra que otra de las obras documentadas de Relings es «el Ecce Homo de la capilla sacramental de la Parroquia». En la nota, aclara una vez más: «El documento sobre su autoría lo publicó Salvador Daza Palacios… Sin embargo no identifica materialmente la obra, creyendo equivocadamente que se trata del Cristo de la Humildad y Paciencia de la Basílica de Ntra. Sra. de la Caridad, obra de estilo, cronología e iconografía diferente, que hemos documentado de Francisco de la Gándara y de 1605» (citándose a sí mismo, en las obras ya reseñadas). Aunque él mismo reconoce que quien ofreció la primera pista documental sobre la supuesta autoría fue Luisa Isabel Álvarez de Toledo (p. 28, nota 2). También Serrera Contreras da información sobre este legajo que citaba la duquesa en donde se manifiesta la hechura de cuatro imágenes para el duque, realizadas por De la Gándara: Señor atado a la columna, Humildad y Paciencia, San Lorenzo y San Cristóbal. Cuatro.

Las dos imágenes cristíferas, que son las que a Cruz le interesan, se colocaron «en la tribuna ducal que une el Palacio a la Parroquia de la O, actualmente dependencias parroquiales» (p. 35). De las otras dos imágenes, no hay rastro.


Nuevo episodio repetitivo.

En 2008, con motivo de la publicación de El convento de la Victoria, el doctor Cruz volvió de nuevo a la carga, con motivo de unos nuevos descubrimientos que, al parecer, había hecho con respecto a una antigua e ignota Hermandad de la Humildad y Paciencia existente en aquel convento de frailes mínimos. Al hablar de las “Hermandades radicadas en el convento”, incluye a dicha cofradía, fundada en 1613. Resulta sorprendente, tal y como explica, que la imagen del Cristo de la Humildad, supuestamente realizada por De la Gándara, viajara tanto en tan corto espacio de tiempo. A saber, desde la tribuna oratorio de los duques (en el corazón del Barrio Alto) hasta el nuevo convento de los Mínimos (en la expansión del Barrio Bajo hacia la Playa) y diese incluso tiempo a fundar una hermandad para venerarlo. Y además, regalada directamente por los aristócratas a los nuevos cofrades. El viaje de tan móvil estatua se completa, según Fernando Cruz, cuando se dirige al Santuario de la Caridad, entre 1655 y 1720, «lo que es indicio de la desaparición de la Hermandad de la que era titular».

Además de autocitarse, también continúa nuestro autor recurriendo a las obras de Gaztelu como argumento de autoridad. Aunque siga sin explicarnos el galimatías ya narrado más arriba sobre la descripción de la Capilla de Ánimas parroquial, origen de mi imperdonable error. Por cierto, hablando de errores, quizás sería mejor nombrar al escribano que firmó el protocolo desaparecido para la realización de las cuatro esculturas como Hernando (o Hernán) Álvarez y no como “Hernán Dálvarez”, como hace repetidamente el doctor Cruz (37). El profesor Climent lo cita en el primer volumen de su monumental obra histórica como «un escribano público de la ciudad y del cabildo» (38) y Velázquez Gaztelu, en su Catálogo… como Fernando Álvarez (ya sabemos la confusión ortográfica entre H y F, en épocas anteriores) identificado como «escribano público en Sanlúcar», constando su memoria en cabildo de 17 de marzo de 1605 (39). Por cierto, en la genealogía de los duques figura que el VIIº duque, don Alonso, el que encargó las imágenes, falleció en 1615. O sea, que sería él mismo, en teoría, el que donaría la escultura a la cofradía creada en la Victoria, pues según asegura el propio Cruz, ésta se creó en 1613 y «no nos ha de extrañar», dice una vez más, que se donara la imagen para propiciar la creación de la cofradía. No serían sus sucesores, pues, los que «regalarían» las imágenes, pues no se crea una cofradía sin tener una imagen a la que venerar (40).

Respecto a esta argumentación dada para distinguir al Ecce Homo del Cristo de la Humildad, es conveniente aportar aquí la siguiente aclaración: «la iconografía de la Humildad y Paciencia se centra en Cristo semidesnudo y sentado sobre una piedra cuadrangular, lleno de heridas, apesadumbrado y esperando la terminación de los preparativos de la crucifixión en el monte Gólgota. Se suele representar con la cabeza derrotada y apoyada en una de las manos, y con una expresión de profunda tristeza, aunque también existen simulacros que lo recrean con la mirada implorante hacia el cielo y las manos fuertemente unidas en actitud orante, y otras variantes» (41). Las tipologías de estas esculturas, desde luego, son variadas, la figura completa arrodillada, o sentada y orante, cabría encuadrarlas en un episodio diferente y apócrifo, cual podría ser una oración previa a la crucifixión, elevando la mirada al cielo. Los intereses de los escultores en todos ellos es clara: extremar hasta donde sea posible la impresión en el devoto, provocando la compasión (42). Resulta además curioso que Cruz date la imagen realizada por Relings como de «hacia 1710», sin aportar documentación alguna ni incluir la necesaria referencia bibliográfica, que fue extraída, sin más, de mi artículo tan criticado.

El último episodio.

En 2016, los investigadores Sánchez Peña y Moreno Arana (43) toman también partido contra mi aciago artículo de 1999. Realizan en su estudio una revisión profunda de nuestro escultor que se limita a cambiar la ortografía de su apellido, –ahora es Rellins y no Relingh–, aun a pesar de haberse referido a él durante muchos años de esta segunda forma. El artículo se inicia reconociendo los errores que han circulado sobre nuestro artista, producto sin duda de la exigua documentación con la que contamos para acreditar su obra (44). Por supuesto, mi humilde aportación no tarda en salir a relucir (en la nota 11, en concreto) para desautorizarla: «Pese a la importante novedad que supuso acrecentar la escasa producción segura del imaginero, el referido investigador identifica erróneamente la talla con otra del mismo título venerada en la Basílica de la Caridad. Esta última se asigna ahora a Francisco de la Gándara y se fecha en 1605 tras las investigaciones del profesor Cruz Isidoro, a quien debemos asimismo la correcta identificación de la pieza realizada por Rellins con el Cristo de la Humildad y Paciencia que se conserva en la misma capilla de la Ánimas de la iglesia de la O» (45). Esto no es una revisión de la vida y obra de nuestro escultor, pues no se hace ninguna aportación novedosa. Ni siquiera han detectado los sucesivos párrafos idénticos que Sánchez Alonso y Ruiz García publicaron en su libro, copiados íntegramente de mi denostado artículo (46). No comparten, eso sí, la atribución que ambos realizan de la imagen del Nazareno de Rota como salida de la gubia de Rellins. A continuación, las autocitas completan el panorama, pues desde 2002 no se había publicado nada al respecto (excepto la publicación de Cruz Isidoro en su ya comentado El convento de la Victoria, publicado en 2008). Tras aportar algunos datos anecdóticos respecto a su expediente matrimonial y aclarar que nuestro escultor también vendía cera para completar su fuente de ingresos, datan la escultura entre 1708 y 1710 y no «hacia 1710» como hacía Cruz. También dan cuenta de una reforma efectuada en 1713 por nuestro escultor y retablista en el altar mayor de la Iglesia principal sanluqueña, aunque no han quedado testimonios de ello pues el retablo se reformó completamente medio siglo después.


Cristo de la Paciencia que se encuentra en el Palacio Ducal de Medina Sidonia
(Sanlúcar de Barrameda). Siglo XVII.

Hay que resaltar que al hablar de la atribución a Relings del retablo mayor de la parroquia de Santo Domingo de Lepe ya no se establece el falso origen del obispo Pedro de Lepe como explicación del mismo, error en el que cayó uno de los autores del artículo en 2002 (47). En el listado de atribuciones (en el que no se aporta documentación alguna) aparecen conjeturas e interpretaciones para adjudicar las imágenes a nuestro escultor tales como «analogías a otras tallas femeninas del artista flamenco», «todas ellas muy características y personales de Rellins», «una serie de detalles que son grafismos propios del escultor flamenco»… etc. Todo muy subjetivo, aunque se reconoce que «un examen visual, con detenimiento y por supuesto un examen radiográfico nos permitirían sacar importantes conclusiones» (nota 35). Lo fundamental es que se me vuelve a endosar a mí el error de llamar al Cristo de la Capilla de Ánimas como “Cristo de la Luz”, y no como de la Humildad y Paciencia, cuando ya ha quedado claro que yo lo que hice fue seguir a Velázquez Gaztelu. Y se proponen aclararlo, sin conseguirlo, aunque el esfuerzo es notable. Estimula el hecho de que reconozcan que «lo que Velázquez Gaztelu añade a continuación empieza ya a volver todo más confuso». Bien, menos mal. A continuación hablan de «contradicción» y de «lapsus» de Velázquez Gaztelu en su testimonio ya citado. Pero inmediatamente, se vuelven a justificar, pues se pretende que la sustitución del retablo de la entrada en la capilla en un año no determinado ni documentado hizo que cambiara también la imagen y de ahí procede la confusión (p. 231). Tampoco están de acuerdo los autores con que el retablo construido por Andrés Marín en 1770 sea el actual que está a la entrada de la capilla, tal y como yo proponía en mi artículo. Les parece «totalmente desacertada» mi afirmación, pero no aportan ninguna razón documental para contradecirla, solo su propia opinión, aduciendo que «debió ser aún una pieza de estilo rococó». Más especulaciones y conjeturas. Parece cuando menos raro que un retablo renovado en ese año durara tan poco tiempo como para ser cambiado al siglo siguiente. Respecto a las fotografías que ilustraron aquél aciago artículo mío, debo aclarar que no fueron decididas por el autor del artículo, sino por el director de la revista Sanlúcar. También se me achacó el hecho de equivocar las imágenes que correspondían al texto.


Tarjetas de escultura realizadas por Rellings a fines del siglo XVII,
situadas en la reja de la capilla del Sagrario de la Parroquia Mayor (Sanlúcar de Barrameda)

Nueva obra de Relings

Como todo buen artículo debe aportar algo nuevo, aquí va. Dentro del catálogo de obras del escultor flamenco, podemos añadir ahora una pequeña contribución suya que aún se conserva. Se trata de una pequeña «tarjeta de escultura (48)» que por encargo de «su ilustrísima» se colocó sobre la puerta de la capilla del Sagrario de la Iglesia Mayor Parroquial. El escultor cobró por ello 60 reales, según consta en el recibo que rubricó (49). Por dorar dicha tarjeta se pagaron dos pesos y medio escudo a Diego Salmerón, maestro dorador (50). Todo ello en el período 1697-1699. Aunque la puerta en forma de reja de esta capilla fue sustituida en 1749, parece que esta pequeña obra escultórica aún se conserva en la Parroquia, colocada en el mismo lugar.


Puerta de entrada a la capilla del Sagrario de la
Iglesia Mayor Parroquial

Conclusiones

En resumen, podemos concluir tras todo lo expuesto que la descripción realizada por Velázquez Gaztelu de la Capilla de las Ánimas es incompleta y defectuosa, lo que ha inducido y puede inducir a errores a los investigadores.

Debido a estos errores, no se puede establecer categóricamente que el Cristo de la Luz sea la figura sedente que hoy se encuentra en la capilla, pues incluso algunos investigadores aseguran que no se trata de esta talla, sino que esa nomenclatura corresponde al crucificado. Tampoco se puede asegurar con total certeza que el Cristo de la Humildad y Paciencia hoy radicado en la Basílica de la Caridad sea una obra de Francisco de la Gándara, pues no existe documentación concluyente al respecto, pues la aportada por el doctor Cruz y que se recoge en este artículo no lo es como para asegurar su autoría.

  1. Relings fue el autor de un Cristo Ecce Homo que estaba en la Capilla de las Ánimas y que fue encargado por la Hermandad del mismo nombre, según el Libro de Cuentas existente en el Archivo Histórico Nacional. A esta imagen se refieren a veces como Cristo de la Humildad y Paciencia. (Figura 3)

  2. La descripción de la capilla de Animas realizada por Velazquez Gaztelu no coincide con la situación actual de la misma.

  3. En el Palacio de Medina Sidonia, actualmente, se conserva una imagen sedente de un Cristo de la Humildad, que bien podría coincidir con el tallado por Francisco de la Gándara, aunque aparece atribuido en el Inventario del IAPH a la escuela de los Hermanos García de Granada (siglo XVII). Figuras 1 y 7.

  4. Las atribuciones realizadas, por tanto, son más producto de la inspiración y la subjetividad que del aporte riguroso de documentos.



APÉNDICE DOCUMENTAL

FRANCISCO DE LA GÁNDARA, MARTIN CRISTIANO, JUAN RAMOS, JUAN DE HERRERA

[AGFMS, leg. 2830: Manual de Libramientos, Ordenes, Provisiones y poderes que se despachan en la contaduría del duque. Año 1605.]

Pedro de Valverde, nuestro tesorero, dad de los maravedís de vuestro cargo a Francisco de la Gándara, escultor, doscientos reales que le mando librar en cuenta de lo que hubiere de haber por las figuras que ha de hacer a mi tasación, la una de Nuestro Señor a la Columna, y la otra de la Paciencia. Y otra de San Lorenzo y otra de San Cristóbal, de que hizo escritura ante Hernando Álvarez, escribano público. Y dio por su fiador a Martín Cristiano, flamenco. Hoy, de la fecha, y tomad su carta de pago. Fecho en 11 de Enero de 1605. La duquesa de Medina Sidonia. (f. 17)

[No dice que sea para la Caridad, entre otras cosas porque todavía ni se habían comenzado las obras del Santuario]

Pedro de Valverde.... etc. dad a Francisco de la Gándara, escultor, doscientos reales a buena cuenta de lo que más hubiere de haber por hacer [las] cuatro imágenes de la suerte que le hemos mandado.... etc. En 26 de Febrero de 1605. (f. 81v)

Pedro de Valverde.... dad... a Francisco de la Gándara de Acevedo, escultor, doscientos reales en cuenta de lo que hubiere de haber por las cuatro figuras que por mi mandado está haciendo.... Sanlúcar, 5 de Marzo de 1605. La duquesa (51). (f. 101)

A Juan Ramos, pintor, «por encarnar ciertos santos... para nuestra tribuna...». 28 de Marzo de 1605 (52). (f. 119)

«Pedro de Valverde.... dad a Francisco de la Gándara de Acevedo, escultor, 500 reales que ha de haber a cumplimiento de 100 ducados en que se le ha moderado la hechura de dos figuras, una de Cristo a la Columna, y otra de la Paciencia, que están en nuestra Tribuna. Los 600 reales restantes al dicho cumplimiento recibió de vos, como parece en su cuenta que está en nuestra Contaduría, en oradado de extravagantes de este año. Y tomad su carta..... Fecho en Sanlúcar, a 13 de Abril de 1605». (f. 136)

[A D. Fernando Cruz no le salen las cuentas, porque le falta un libramiento de 200 reales correspondiente al 5 de marzo que no está en el leg. 2828 pero sí en el 2830. Por lo tanto, las especulaciones y conjeturas que hace en la página 89 de su libro “El convento de la Victoria” no serían de aplicación, evidentemente]

«Pedro de Valverde....etc., dad a Francisco de la Gándara y Acevedo, escultor, 100 ducados que montan 37.400 maravedís que le libro en cuenta de lo que hubiere de haber por las figuras que hace en el Entierro que tenemos en nuestro Monasterio de Santo Domingo de Guzmán de esta ciudad, y tomad su carta de pago... Fecho en Sanlúcar, en Mayo de 1605. El duque». (f. 166)

A Juan Ramos, pintor, 116 reales «que los ha de haber a cumplimiento de 20 ducados en que se le ha moderado la ocupación y gastos que tuvo en embarnizar y encarnar las dos figuras de Cristo a la Columna y la Paciencia que hizo Francisco de la Gándara, escultor». Los 104 restantes se les dieron en comidas (50 reales del despensero), a 2 reales y medio cada día, multiplicado por 22 días. Y los 9 ducados restantes, se le descuentan por el valor de un libro de pan de oro que se le dio. Fecho en Sanlúcar, a 20 de Abril de 1605. La duquesa. (f. 174v)

A Juan Ramos, pintor, siete ducados en reales, con los cuales queda acabado de pagar todo su trabajo y ocupación, reales y hechura que puso en las dos figuras de Ntro. Sr. Jesucristo a la Columna y a la Paciencia, que con esta y su carta [de] pago serán bien dados. A 11 Mayo 1605. La duquesa de Medina Sidonia. (f. 181)

Francisco Lamberto, escultor, vecino de Jerez, vino a revisar la obra de Santo Domingo en el entierro de los duques. El duque pagó sus gastos, 24 reales, «por tres días que se ocupó de Jerez aquí, que vino a ver cierta cosa que se había de hacer para el entierro de Santo Domingo» (f. 183). Volvió otro día (f. 298v)

Se pagan 95 ducados a Martín Cristiano y otros 95 a Francisco de la Gándara, «que los han de haber por la mitad de 190 ducados en que se les remató la hechura de un tabernáculo (52) que por nuestro mandado han de hacer en el Convento de Santo Domingo desde aquí al 20 de Noviembre de este año, conforme a las condiciones que dice la escritura que hicieron ante Francisco de Aguilar, hoy [día] de la fecha... Sanlúcar, a 27 de Agosto de 1605. La duquesa. (f. 297)

A Francisco de la Gándara, «escultor residente en esta ciudad, 51.000 maravedíes que le mando librar en cuenta de lo que ha de haber del tercio segundo por el retablo que por nuestro mandado hace en nuestro convento de Santo Domingo de Guzmán. Los cuales mil y quinientos reales se le han bajar cuando se le haga la paga enteramente... Fecho en 10 de Octubre de 1605. La duquesa de Medina Sidonia (f. 345)

A De la Gándara, por tres figuras para el oratorio de la duquesa, 24 ducados. (f. 373)

«A Juan de Herrera, pintor y dorador y pintor, vecino de esta ciudad, por estofar, encarnar y dorar las figuras de santos y reliquias, que por nuestro mandado ha hecho, en esta manera (f. 404v-405)

—Por la hechura de San Lorenzo....……….…....... 77 reales

—Por la hechura de San Dionisio....……....…........ 77 reales

—Por la hechura de San Laureano.……......…........ 77 reales

—Por la hechura de San Cristóbal..…….....…........ 77 reales

—Por la hechura de San Diego.......……......…....... 77 reales

—Por la hechura de un brazo de San Acasio…........872 mrs.

—Por la hechura de otro brazo de San Eutiquiano... 872 mrs.

—Por la hechura de un brazo de 

una de las once mil vírgenes…….......................…. 874 mrs.

— Por la hechura de dos rosas que están

en los Cristos de la Humildad……….....................200 reales.

— Por la hechura de una tabla donde

están escritos los nombres de las reliquias……… 8 reales.

Son veinte y dos mil setecientos y ochenta maravedíes (22.780 mrs.) los que habéis de dar al dicho Juan de Herrera, pintor, en la manera que dicho es. Fecho en Sanlúcar a 1º de Diciembre de 1605. La duquesa de Medina Sidonia.

A De la Gándara, 300 reales, que los ha de haber en cuenta del último tercio de los maravedíes que ha de recibir por la hechura de las figuras que por mi mandado hace en nuestro convento de Santo Domingo de Guzmán, los cuales se le han de descontar cuando se le haga la paga enteramente..24 de Diciembre de 1605. La duquesa de Medina Sidonia. (f. 421v)


Cristo sedente o de la Paciencia del Palacio Ducal de Medina Sidonia
(Sanlúcar de Barrameda). Siglo XVII.


NOTAS:

1) En unos términos muy parecidos se dirigió don Luis SALAZAR Y CASTRO al doctor Juan de Ferreras, en su obra: Reparos históricos sobre los doce primeros annos del Tomo VII. de la historia de España del Doct. Juan de Ferreras, cura de la Iglesia Parroquial de S. Andrés de Madrid, calificador del Santo Oficio, y primer bibliotecario de la librería del Rey. Alcalá, Juan de Pimentel, 1723.

2) BERNALES BALLESTEROS, Jorge / GARCÍA DE LA CONCHA DELGADO, Federico: Imagineros andaluces de los siglos de Oro. Sevilla, 1986, p. 10. Estos mismos autores tropiezan en diversas ocasiones al atribuir autorías. Respecto a Relings, dicen (p. 102) que fue autor de la Virgen de los Dolores de la cofradía de los Servitas radicada en San Lorenzo de Cádiz, «la cual fue colocada por primera vez en su capilla en 25 de marzo de 1774», resultando esto imposible, ya que Relings murió mucho antes, en 1728.

3) CRUZ ISIDORO, Fernando: “Francisco de la Gándara Hermosa de Acevedo, un escultor de principios del XVII”. En Laboratorio de Arte, nº 14, 2002, pp. 27-50. SÁNCHEZ PEÑA, J. M. / MORENO ARANA, J.M.: “El artista barroco Pedro Rellins: revisión de su vida y obra”. En Laboratorio de Arte, nº 26, 2014, pp. 219-241.

4) «Confesamos que para escribir lo que va expuesto no hemos visto ni un papel de su archivo». (VELÁZQUEZ GAZTELU, J.P.: Fundaciones de todos los conventos, iglesias y ermitas de Sanlúcar de Barrameda. Aseha, Sanlúcar, 1995, p. 93)

5) Valga solo como ejemplo la imagen sevillana de Jesús de las Penas. Una imagen que, por cierto, representa una variante iconográfica del Cristo de la Humildad y Paciencia, en la que aparece implorante en los momentos previos a la crucifixión (PÉREZ DEL CAMPO, Lorenzo / TORREJÓN DÍAZ, Antonio: “Procesos de restauración y hallazgos documentales: Nuevos datos para la historiografía del Patrimonio escultórico andaluz”. Revista del IAPH, nº 22, pp. 67-71)

6) ÁLVAREZ DE TOLEDO, Luisa I: Alonso Pérez de Guzmán, general de la Invencible. Universidad de Cádiz, 1995, Vol. 2, p. 135. El legajo que cita es el 2.828 del Archivo de la Fundación Medina Sidonia (AFMS, en adelante) el mismo que luego consulta el doctor Cruz Isidoro.

7) ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL: Clero, lib.2331: Libro de cuentas de la Cofradía de las Benditas Ánimas, sita en la Parroquial de esta ciudad de Sanlúcar de Barrameda. Años 1710-1732, f.46vº.

8) Como ha sido comentado ya en muchas ocasiones, el Archivo de Protocolos notariales de las antiguas escribanías de Sanlúcar desapareció en un incendio en 1933. (Veáse DAZA PALACIOS, Salvador: “Crónica de una muerte anunciada: El incendio de los archivos de Sanlúcar de Barrameda en 1933”. Boletín de la ANABAD, ISSN 0210-4164, Tomo 66, Nº 2, 2016, págs. 53-98).

9) En el original existente en el AGFMS dice literalmente lo transcrito en este texto (AGFMS, leg. 1320, f. 45). Sin embargo, en la copia editada por ASEHA se coló un “no” que es gratuito.

10) VELÁZQUEZ GAZTELU, Fundaciones…Op. cit., p. 90. Hay que hacer constar que en 1717 Velázquez tenía siete años…Prodigiosa memoria, en cualquier caso, para los hechos más antiguos y muy poca para los más recientes.

11) En 1862, el administrador del duque pidió licencia al arzobispo para labrar una tribuna en la pared de esta capilla contigua a su Palacio (CLIMENT, Narciso: Historia social de Sanlúcar, Aseha, 2010, T. 5, p. 315). En 1880 la cofradía hizo reformas en su capilla y sacristía (CLIMENT, N.: Ibídem, T. 6, p. 650)

12) Tampoco se conoce donde se encuentra el Cristo atado a la Columna que, según Gaztelu, estaba en el altar de San Pedro.

13) Curiosamente, Velázquez Gaztelu desempeñó el cargo de hermano mayor de esta hermandad a partir de 1771. Para este año ya había redactado su manuscrito de Fundaciones…Y no se molestó en añadir más datos.

14) CLIMENT, Narciso: Historia…Op. cit, T. 5, pp. 518 y ss.

15) CLIMENT, N.: Ibíd.… T. 5, p. 526.

16) CLIMENT, N: Historia…, Op. cit., T. II, p. 64: «En el altar mayor de la Capilla de Ánimas, que bien podría considerarse como un templo con identidad propia, anexo a la parroquial, se entronizó un crucificado que, con la advocación de Cristo de la Luz, procesionaba en este siglo por la devota iniciativa de la Cofradía de los Negros».

17) BANDA VARGAS, Antonio: La parroquia de la O de Sanlúcar de Barrameda. Sevilla, 1999, p.22.

18) CLIMENT, N.: Historia…, Op. cit., T. I., p. 533.

19) VELÁZQUEZ GAZTELU, J. P.: Fundaciones…,Op. cit, p. 92.

20) Así es como aparece en el libro publicado por ASEHA (p. 90), aunque en el original manuscrito conservado en el AGFMS (leg. 1320, f .45), figura lo contrario: «ha más de 70 años que subsiste». Lo cual resulta más coherente.

21) VELÁZQUEZ GAZTELU, J.P.: Fundaciones…, Op. cit., p. 447.

22) Son variados los deslices encontrados en sus obras, producto sin duda de la gran cantidad de datos manejados. Valga como ejemplo la confusión entre Pedro de Lepe y Diego de Riquelme, al dar por enterrado al primero en la iglesia del convento de las Carmelitas descalzas, cuando el que se sepultó fue el segundo (Fundaciones….p. 481). José Carlos GARCÍA RODRÍGUEZ en un artículo publicado en la revista Círqulo (nº 21, pp. 30-39), da por enterrado a Lepe en la ciudad y catedral de Calahorra, donde falleció.

23) CRUZ ISIDORO, F.: “Francisco de la Gándara Hermosa de Acevedo, un escultor de principios del XVII”. En Laboratorio de Arte, 14 (2001), p. 27-49.

24) SERRERA CONTRERAS, Juan Miguel: “El eco de El Escorial: las tumbas de los XII Condes de Niebla”. En Felipe II y el arte de su tiempo, 1998, ISBN 84-7774-928-0, págs. 167-186.

25) CRUZ ISIDORO, F.: “Francisco de la Gándara Hermosa de Acevedo…”, p. 34. Querer extraer conclusiones definitivas en base únicamente a un libro de cuentas, es siempre arriesgado.

26) Ibídem, p. 31, nota 16.

27) Ibídem, p. 35. Evidentemente, en el leg. 2828 el contador o el amanuense se olvidaron de recoger uno de los pagos que sí figura, por contra, en el leg. 2830.

28) Ibídem, p. 35.

29) Ibídem, p.36.

30) ARCHIVO DE LA HERMANDAD DE LA CARIDAD (AHC): Inventario (1720)… Leg. 3, carpeta 2.

31) Frontalera: Sitio donde se guardan los frontales del altar.

32) «Inventario de las alhajas de oro y plata y piedras preciosas que yo don Mariano López de Carvajal, apoderado del señor marqués de Villafranca, duque de Medina Sidonia, …etc, patrono único perpetuo del Santuario, etc. ..formo y hago entrega al señor don Juan Puerto Alvarez, presbítero, a quien S.E. se ha dignado nombrar capellán mayor administrador del mismo Santuario…». No se nombra la imagen del Ecce-homo, sólo la «efigie del Señor a la Columna», además de las de San Sebastián y San Roque, con sus reliquias.

33) AHC, leg. 3, carp. 2.

34) CRUZ ISIDORO, F: El convento de la Victoria: Historia, Arquitectura y Patrimonio artístico, Sanlúcar de Barrameda, 2008, p. 89.

35) CRUZ ISIDORO, F. La real hermandad de las Angustias. Estudio histórico y del patrimonio artístico. Sanlúcar, 2005.

36) Revista Sanlúcar de Barrameda (Año 2000). Aunque lo hice como simple hipótesis, recogiendo opiniones de los hermanos más antiguos.

37) CRUZ ISIDORO, F.: El convento de la Victoria, p. 88. Boletín informativo, p. 21.

38) CLIMENT, N.: Historia…T. I, pp. 284 y 549.

39) VELÁZQUEZ GAZTELU, J.P.: Catálogo… p. 75. Leer escrituras antiguas ofrece siempre dificultades y se presta a interpretaciones.

40) CRUZ ISIDORO, F.: El convento de la Victoria, p. 90.

41) “Iconografía de Nuestro Padre Jesús de la Humildad”: En http://humildadsy.blogspot.com.es/2013/08/iconografia-de-nuestro-padre-jesus-de_31.html (Consultado el 8 de mayo de 2018)

42) LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Juan Jesús: “Sacra natura. A propósito del Crucificado de los Hermanos García de la Sacristía de la Catedral de Granada”. En Cuad. Art. Gr., 40, 2009, pp. 83-97.

43) SÁNCHEZ PEÑA, J. Miguel. /MORENO ARANA, J. Manuel: “El artista barroco Pedro Rellins: Revisión de su vida y obra”. En Laboratorio de Arte 28 (2016), pp. 219-241.

44) SÁNCHEZ PEÑA, J. Miguel: Peter Relingh: escultor y arquitecto de retablos. Cádiz: [s. n.], 2002.

45) SÁNCHEZ PEÑA, J. Miguel. /MORENO ARANA, J. Manuel: “El artista barroco…”, p. 221.

46) SÁNCHEZ ALONSO, Gregorio / RUIZ GARCÍA, Juan M.: Rota y su Nazareno: la obra roteña de un escultor flamenco, Pedro Relins (1667-1728). Rota : Fundación Ruiz-Mateos, 2001.

47) SÁNCHEZ PEÑA, J.M.: Pedro Relingh… p. 40. Para no dar muchas explicaciones, indican que dicho retablo «se le ha atribuido». Así, impersonalmente.

48) Tarjeta: Adorno plano y oblongo que contiene una inscripción, sobrepuesto a un miembro arquitectónico pintado o figurado (Dicc. de Términos de Arte).

49) AGFMS, leg. 4222: Cuentas cofradía del Santísimo Sacramento, 1654-1707. El apunte de Rellins, correspondiente al período 1697-1699, al fol. 199.

50) Un importe de 37 reales y 17 mrs. En total, 97 reales con 17 mrs.

51) Este libramiento no lo recoge Cruz Isidoro, sino que salta directamente del libramiento del 26 de febrero al del 13 de abril. (Boletín y El convento de la Victoria, pp. 21-22 y p. 89, respectivamente)

52) Cruz Isidoro sigue insistiendo en que se llama Melchor. (El convento de la Victoria, p. 89) aclarando que «también ha sido citado como Juan Ramos».

53).  Tabernáculo: Según el DRAE de 1780, se entiende hoy por el Sagrario, ó lugar, en que está guardado y colocado el Cuerpo de nuestro Señor Jesuchristo en los altares, que regularmente están hechos en forma de capilla.



sábado, 5 de noviembre de 2022

LA CASA DE SÁNCHEZ AYALA EN LA CALLE SAN JUAN

 

© Salvador Daza Palacios

No descubro nada nuevo si afirmo que la arquitectura de los pueblos es la expresión de su grandeza y/o miseria económicas, así como el testimonio material del uso, costumbres y profesiones de sus vecinos. Qué duda cabe, a estas alturas, que Sanlúcar de Barrameda, como ciudad agrícola y comercial por excelencia, ha dejado suficientes muestras del esplendor constructivo de sus habitantes, a través de sus magníficas edificaciones señoriales, prototipos y evidencias, a partir del siglo XVIII, de la riqueza de muchas familias que construyeron a su gusto y comodidad en un entorno favorable para la crianza, el bienestar y el progreso.

Aun a pesar del paso de los tiempos, con su inclemente incuria, se conservan aún muchas casas importantes desde el punto de vista histórico y patrimonial, que nos informan de gran cantidad de circunstancias sociales y son el ejemplo vivo del tipo de vida que llevaban nuestros antepasados, si sabemos leer bien el lenguaje de sus volúmenes y espacios, decoración y distribución, además de las particularidades específicas de sus moradores. Pero hemos de lamentar que la ruina y el abandono, además del desinterés municipal por todo ello (que parece instalado de manera endémica e insalubre en el Ayuntamiento local), hagan que cada año desaparezcan de nuestro casco urbano (reconocido como conjunto histórico artístico nacional desde 1973) grandes viviendas que fueron testigos de otros tiempos y que representan no solo el patrimonio y la memoria histórica de nuestra sociedad sino las formas de vida y el talento de las generaciones anteriores a la nuestra, frente a las que deberíamos rendir siempre nuestra más sincera humildad.


Casa nº 62 de la calle San Juan (noviembre 2022)

Una de estas casas condenadas a la desaparición parece ser hoy la casa numerada con el nº 62 de la calle San Juan (también la número 60, aunque difiere en su valor histórico y arquitectónico). Una casa que conocimos desde nuestra niñez y que hoy dia está prácticamente arruinada, aun a pesar de gozar, en el Catálogo de edificios “protegidos” por el PGOU de protección GLOBAL con la identificación B-59. Se describen en el catálogo sus méritos como «vivienda tradicional de tipo historicista-culta, con uso residencial y buen estado de conservación» (datos de 1994). Y se añade que «forma parte del conjunto de residencias de finales del siglo XIX y principios del XX de la calle San Juan». Como elementos a destacar aparecen las «rejerías» de toda la fachada y como elementos a conservar, «los espacios de acceso, patio principal y elementos de articulación espacial del edificio», así como «la fachada y crujías asociadas a los mismos» (1). Nada, excepto la fachada, queda ya en pie. Haremos un poco de historia de esta finca llamada a desaparecer, plagada de vicisitudes y personajes dignos de recuerdo.

El siglo XVIII

En 1761, según el padrón eclesiástico, esta casa de la calle San Juan era de propiedad del presbítero beneficiado Miguel del Villar, cura teniente de la iglesia mayor parroquial, que la compró probablemente por fallecimiento de su anterior propietario, el capellán y también cura de la parroquial Juan Lázaro Pérez Vázquez, que consta como vecino en dicha casa desde 1733, según el mismo citado padrón (2).

En 1770, según el padrón eclesiástico, la citada casa la vivían aún el presbítero Miguel del Villar, de 65 años, junto con su hermana de 53 y dos mujeres solteras: Francisca García, de 61 años, y María del Toro, de 17. En la accesoria de dicha casa vivía el matrimonio Morilla Muñoz, con un hijo de 24 años (3). Se dio la circunstancia de que el padre Del Villar cedió las habitaciones bajas y el patio de su casa a la familia Tassara para que velaran el cadáver de la víctima del asesinato cometido por fray Pablo de San Benito en 1774, la joven de 18 años María Luisa de Tassara. Un suceso ocurrido a las mismas puertas de la iglesia del Carmen el 6 de marzo de dicho año y que conmocionó a Sanlúcar y a toda España (4).

Planta de la casa, que ocupa una superficie total de parcela de 393 metros cuadrados, con 495 construidos sobre rasante, según el Catastro Inmobiliario del Ayuntamiento de Sanlúcar (AMSB) y la página virtual del Catastro (https://www1.sedecatastro.gob.es/) 

Subasta del Estado.

Ya bien entrado el siglo XIX, Pablo de Mier y Fernandez, vecino de Sanlúcar, de familia bodeguera, adquirió dicha finca por compra que de ella hizo al Estado. Aunque no se expresa en la escritura registral las circunstancias concretas del motivo de esta compra, hemos podido averiguar su origen: subasta de Bienes Nacionales Desamortizados. En concreto, la casa perteneció a la Hermandad de San Pedro, que, como tantas corporaciones religiosas, hubo de ceder sus bienes al Estado a partir de 1836 para que este procediera a su venta. Precisamente el año 1856, cuando Pablo de Mier compra la casa, fue un año en el que salieron a subasta una gran cantidad de Bienes Nacionales radicados en Sanlúcar que procedían del incautado patrimonio eclesiástico y con cuya venta se engrosaron las depauperadas arcas del Estado. Es de suponer que, al haber pertenecido la casa al presbítero Miguel del Villar, a su fallecimiento sería donada a la Hermandad a la que pertenecía como miembro del clero sanluqueño:

«Nº 598 del Inventario: Una casa en Sanlúcar de Barrameda, calle de San Juan, núm. 215, procedente de la Hermandad de San Pedro, de dos pisos y 3.917 pies cuadrados de terreno (5): linda con otras de Juan Álvarez y de José Lacave: gravada con los censos siguientes: uno de 143 reales, 13 mrs. de rédito anual a favor del patronato que fundó doña Ana Gómez; otro de 165 reales a favor del convento de monjas de Madre de Dios; otro de 107 reales a favor del patronato fundado por Antonio Rodríguez, y otro de 140 reales a favor de la colecturía de entierros. Capitalizada, por la renta de 2.114 reales que produce, en 47.565 reales, y tasada por los peritos en 50.273 reales, que es el tipo que se saca a subasta» (6).

 En representación del Estado intervino en la venta el juez de primera instancia del partido judicial, Antonio Ramirez y Arroyo, quien firmó la escritura ante el notario Nicolás Matheos el once de julio de 1856, quedando hipotecada a la seguridad del resto del precio por el que la adquirió el citado Pablo de Mier. La hipoteca se canceló el 30 de julio de 1870. La casa aparece numerada con el doscientos quince antiguo y treinta y cuatro moderno (7).


Aspecto actual (noviembre 2022) de la casa nº 62 en la calle de San Juan.
El Pradillo queda muy cerca.


Pablo de Mier y Fernández falleció en Sanlúcar, según su partida de defunción, el 8 de octubre de 1873, bajo un testamento que otorgó ante el notario Manuel Casanova el 24 de septiembre del mismo año, por el cual, entre otras muchas disposiciones declaró que estuvo casado con Rosa Nodal, que murió catorce años antes, quedando por huérfanos sus hijos Hipólito, José, María Dolores, María, Manuel y Pablo de Mier Nodal. Este último, que había estudiado en París, murió después que su madre sin haber otorgado disposición alguna testamentaria, y en estado de soltero, aunque legó por una única vez a Manuel Martínez y José Luis Escobar quince mil reales vellón a cada uno, para que atendieran así a su subsistencia y manutención.

Pablo de Mier Fernández dejó una herencia de 98.646 pesetas, 75 cts. y por consiguiente correspondió a cada uno de sus hijos 19.729 pesetas con 25 cts. Nombró por sus albaceas testamentarios cumplidores y ejecutores de su final voluntad a Juan Martínez Gutiérrez y José Matheos y Valdivieso, y les concedió amplio poder para que a su fallecimiento se apoderasen de sus bienes, vendiendo los que fueran precisos para cumplir su disposición, dentro o fuera del término que la ley señalaba, a cuyo fin les prorrogaba el plazo que necesitaren... Y nombró por universales herederos a sus referidos cinco hijos, para que heredasen por iguales partes y propiedad, y usufructo.



Los hijos del citado don Pablo, –que al parecer había vivido en Cuba y allí se había enriquecido–, fueron José, Manuel, nacido en Cienfuegos, aunque estudió en el Instituto Columela de Cádiz, procedente del Instituto de Jerez; Hipólito, también nacido en Cienfuegos, y que estudió en la Escuela de Comercio de Cádiz (8); Dolores y María Mier Nodal. Los cinco adquirieron de mancomún dicha casa por herencia de su difunto padre y la inscribieron a su nombre. José, soltero, abogado, Manuel, soltero, propietario, y lo mismo María y Dolores, esta última asistida de su esposo, Francisco de Paula del Castillo (9), propietarios todos, mayores de edad, y José no solo en nombre propio sino también en el de su hermano ausente, Hipólito de Mier Nodal, según el poder que este le confirió por escritura de 7 de julio de 1875 que pasó ante el notario Plácido López de Iturralde por el cual le facultó «para tomar dinero a préstamo con objeto de atender a las obligaciones del caudal; pero en cuanto sea absolutamente preciso y con el interés más módico posible, hipotecando para la garantía el anticipo del dinero.... de dicha testamentaría...».

Como desde la muerte del referido don Pablo sus hijos tuvieron que dividir los bienes, hicieron manifestación de estos en una escritura ante el notario Plácido López el 17 de diciembre de 1877, y con ella se inscribieron a nombre de todos en común y proindiviso los citados bienes, entre los que se contaba la finca de la calle San Juan y otros como una casa en la calle de la Plata. Que, a pesar del precio con el que figuraban las expresadas fincas, valían mucho menos a causa de la depreciación que desde el fallecimiento de don Pablo había tenido la propiedad urbana en la población. Así que la casa de San Juan se valoraba en 28.977 pesetas con 50 cts. Y la de la calle Plata en solo 620 pesetas.


Estado actual (fines de octubre de 2022) en que se encuentra el inmueble,
situado frente a la Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen.

Por razones que no se explican en la documentación, la casa termina siendo hipotecada por escritura del 3 de junio de 1878, por una cantidad de diez mil ochocientas sesenta y ocho pesetas con veinticinco céntimos en favor del acaudalado bodeguero sanluqueño León de Argüeso y Argüeso (10), que falleció en Sanlúcar poco tiempo después, el 28 de enero de 1880. Pertenecía por tanto la deuda (a un interés del 7 por ciento) a sus herederos, en concreto a su sobrino Manuel de Lucio Argüeso, a quien fue adjudicado el crédito, pues León de Argüeso instituyó por herederos a sus dos sobrinos carnales Manuel Lucio y Francisca Díez Argüeso, y a su sobrino segundo Juan Argüeso Gutiérrez, por terceras partes iguales. El 18 de mayo del mismo año se hace la escritura de partición y se adjudica el crédito a Manuel Lucio.

Pero uno de los hijos de Pablo de Mier, Hipólito, hace una jugada maestra, pues nombra como su apoderado en Sanlúcar al citado Manuel de Lucio, mediante un poder conferido en la ciudad cubana de Cárdenas el 3 de enero de 1879 ante Pablo Leonardo Ochoa y Echavarría, notario de la Audiencia de La Habana. Se adjudican ambas casas a don Hipólito, con la obligación de pagar la deuda al señor Lucio y Argüeso. Pero los gastos se compartirían entre los hermanos. La casa de San Juan queda pues a nombre de Hipólito, que inscribe el título de cesión o adjudicación para pago del expresado crédito. Todas estas diligencias se protocolizan en Sanlúcar el 30 de noviembre de 1880.


Situación de la casa de Sánchez Ayala en 1996 (foto del autor)

El 24 de diciembre de 1881 queda cancelada la hipoteca al haber abonado don Hipólito la cantidad total del capital más los intereses correspondientes. También canceló, en la Hacienda de Cádiz, los censos que gravaban la finca desde sus inicios.

Así que Hipólito de Mier y Nodal, de estado casado, mayor de treinta años, de ejercicio del Comercio y vecino de la ciudad de Cárdenas, en la Isla de Cuba, inscribió esta finca a su nombre, pero había nombrado su apoderado a Lucio Argüeso y este, con potestad para poder vender y comprar bienes de la propiedad de aquel, vende la casa número 62 a Antonio Márquez González, de estado casado, de ejercicio propietario y cosechero de vinos, mayor de edad y vecino de Sanlúcar, por un precio puramente convencional y líquido desembolso ambas fincas de cien mil reales y la casa que nos ocupa por noventa mil, cuya cantidad total declara el apoderado Manuel Lucio haberla recibido en el acto del otorgamiento de la escritura a presencia del notario y la de los testigos... Antonio Márquez González inscribió su título de compraventa en el registro de la propiedad. Todo ello el mismo dia citado del 24 de diciembre de 1881 (11).

Antonio Márquez González, almacenista de vinos, capataz y propietario, marido que fue de Nicolasa Cordero y Díaz, adquirió esta finca durante su matrimonio con esta señora, por compra que de ella hizo a Hipólito Mier y Nodal, como consta en la escritura. Y habiendo fallecido Nicolasa Cordero en Sanlúcar el dia 17 de noviembre del año 1886, se adjudicó la finca por un valor líquido de 16.450 pesetas a su esposo Antonio Márquez González, el cual inscribió su título hereditario comprensivo además de otras siete fincas registradas, llevándose a efecto dicho registro en Sanlúcar, el 2 de julio de 1887 (12).

Aspecto anterior de la casa poco después de fallecer su propietaria,
Aurora Sánchez Portales, hacia el año 2000 (AMSB, Fichas del Catastro Inmobiliario)

Pero la casa no la ocupó don Antonio sino que la alquiló, dadas sus especiales características, a un matrimonio muy poderoso de la ciudad. Según el padrón municipal, ese mismo año 1887 viven en ella el rico propietario Pedro Manjón Mergelina y su esposa, Dolores Palacio García. Él, de 39 años, natural de Sanlúcar, concejal y diputado a Cortes, y hermano de la que fue condesa de Lebrija, Regla Manjón; y su esposa, de 27 años, natural de Madrid. Uno de sus hijos, Pedro Manjón Palacio, fue oficial de Infantería y murió en la campaña de África, en Melilla, en 1925.

El dueño de la casa seguía siendo Antonio Márquez González, pero falleció en Sanlúcar el 27 de octubre de 1891. Otorgó testamento el 30 de enero de 1885 e instituyó por herederos a sus sobrinos José y Antonio Márquez Lobato, legando a María de la Caridad de los Reyes y Cordero cinco mil pesetas. Nombró por albacea a José Márquez Lobato. Hicieron las particiones correspondientes, pues María de la Caridad era también heredera de su tía Nicolasa, esposa de Antonio Márquez. A ella se le adjudica la casa por un valor declarado de 14.393 pesetas con 74 céntimos. Se realiza el trámite de inscripción a favor de Caridad Reyes Cordero en 27 de marzo de 1893.


Prácticamente todos los techos de la histórica casa están arruinados
(foto del autor, octubre 2022)

La casa aparece ya libre de cargas y el jardín está gravado con una servidumbre de luces a favor de la casa número 38 de la misma calle San Juan (hoy nº 68). El jardín se incorpora a la vivienda. Lo vende Francisco González Lobato, dueño de la casa número 38, a la que pertenecía, por 1.375 pesetas, a Maria de los Reyes y Cordero, según compraventa firmada en 15 de julio de 1892. Por estos años, la casa de al lado, a la izquierda, la número 36, ya pertenecía a mi tatarabuelo Francisco Romero Sánchez, que la heredó de su padre, el bodeguero y tonelero Andrés Romero Espinosa. Y la de la derecha y del fondo, a José Lacave y después a Adolfo Lacave Domínguez.

En 1894, según el padrón municipal, viven en la casa nª 34 en régimen de alquiler Francisco Asensio Gonzalez, Dolores Core Rodríguez, Jose Romero Asensio, Jose Luis Selma Ruiz, Caridad Rangel Cordero, Antonia Ruiz Ruiz y Caridad Selma Ruiz (13).

La casa pasa a propiedad de Miguel Sánchez Ayala.

En el padrón de 1906 los datos son diferentes. En la casa número 34 viven Petronila de Celis Carrera, nacida en Sanlúcar en 1862, de estado viuda. Y su hija Carmen Celis Celis, de 23 años, casada con Miguel Sánchez Ayala, de 24 años (nacido en 1882), dedicado al comercio de vinos. Nadie más.

Pero habiendo fallecido Carmen de Celis en la flor de su vida, pues tenía sólo 25 años (murió el 6 de septiembre de 1907) se practicaron las operaciones particionales de su caudal y en ellas resultó adjudicada la finca por un valor de 4.760 pesetas a su heredero, Miguel Sánchez Ayala, según testimonio de hijuela librado el 29 de noviembre de 1911 por el notario Ruiz Badanelli. También se adjudican 15 fincas más, lo que nos da una idea del poder económico de la familia.

Aunque en otra inscripción dice que Miguel Sánchez adquirió el derecho de retracto sobre la casa de Caridad Reyes por un importe de mil pesetas, mediante una escritura en la que le cedía el subarriendo de la citada finca, quedando obligado Miguel Sánchez a pagar a Ramón Romero Boch los arrendamientos correspondientes a los tres últimos años del contrato, en el caso de no ejercitar el derecho a retraer adquirido, con arreglo a lo consignado en la escritura de venta. Diligencia efectuada el 22 de febrero de 1911.


Etiqueta de la manzanilla pasada "Paloma Blanca", registrada en 1915
por Sánchez Ayala (cortesía de Dª Ana María Gómez Díaz-Franzón) 

Miguel Sánchez Ayala, del comercio, mayor de edad, viudo, hijo de Miguel y Victoria, adquirió pues el derecho de retraer la finca de este número por cesión que le hizo Caridad de los Reyes Cordero, quedando subarrendada la finca al mismo adquiriente cuantos derechos y obligaciones correspondían a la cedente, en las condiciones especiales y con el pacto de retracto a Ramón Romero Boch (14). Miguel Sánchez, al adquirir su derecho, estaba casado con su primera esposa, Carmen de Celis, la cual falleció en Sanlúcar sin haber otorgado ninguna disposición testamentaria. En un auto de 1 de febrero dictó el juez de primera instancia ante el escribano Manuel Hurtado la declaración de herederos abintestatos de la finada; su madre, Petronila María de Celis y Carrera, y heredera usufructuaria en la proporción que establecía el Código Civil, y su viudo, Miguel Sánchez Ayala.

En escritura otorgada el veinticinco de febrero ante el notario Ruiz Badanelli por los declarados herederos, describen y aceptan la herencia causada por la finada. Se le forman tres hijuelas a cada uno... Pero el derecho a retraer le correspondió a Petronila María de Celis Carrera, por herencia de su hija.

En 1914, según el Padrón municipal sigue viviendo en la casa Miguel Sanchez Ayala, nacido en 1882, con 32 años, que aparece ya casado con su segunda esposa Dolores Portales Merino, nacida en 1885, con 29 años, y sus dos hijas Dolores y Victoria Sánchez Portales, de dos y un año, respectivamente. Miguel Sánchez Batista, nacido en 1856 y viudo, se supone que es el padre del dueño de la casa, también figura residenciado en la misma.




A partir de esta fecha, la empresa vinatera de Sánchez Ayala tomará un gran auge, inscribiendo varias marcas de manzanilla como “Paloma Blanca”, "Imperial, “Las Cañas”, “Pipiola” y la aún existente, “Gabriela”, que fue registrada en 1918 (15). Ya por este año, Miguel figuraba como uno de los mayores contribuyentes de la ciudad y, durante la dictadura de Primo de Rivera, formó parte del Ayuntamiento como concejal, teniente de alcalde e incluso ocasionalmente alcalde. También formó parte de la Junta Local de Primera Enseñanza en representación de los padres de familia y de la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana (16). A pesar de estas ocupaciones públicas, también le quedó tiempo para viajar, pues estuvo en París con su padre y visitó varias veces diferentes balnearios en Granada para aliviarse de sus dolencias.


Según el Catálogo de edificios protegidos del vigente PGOU,
esta casa tiene protección GLOBAL y sus rejerías deben conservarse como elementos singulares


Descripción de la casa, realizada ya bastante entrado el siglo XX


Por la inscripción séptima del Registro de la Propiedad podemos conocer con más detalle las medidas de la finca y sus circunstancias registradas a lo largo de los años, pues se deja constancia que se ha ampliado su superficie agregando varias habitaciones de la casa contigua, la número 32. Un hecho que ya conocíamos personalmente, pues eran esas habitaciones las que visitábamos en nuestra infancia, que estaban destinadas a la oficina y escritorio de la bodega Sánchez Ayala. O lo que había quedado de dicha empresa, donde trabajaba un vecino nuestro, pariente próximo a mi madre: Eladio Fernández. Recuerdo perfectamente haber entrado varias veces en esas oficinas y en la bodega interior que formaba parte de la finca, que llegaba hasta la trasera calle de la Plata. Recuerdos nostálgicos de una Sanlúcar desaparecida, por desgracia.

«Casa situada en esta ciudad calle de San Juan, señalada con el número 34 moderno, compuesta de piso bajo, principal con azotea, y jardín, midiendo una extensión superficial en suelo y cielo de cuatrocientos cincuenta y cuatro metros cuadrados y la de ochenta metros sesenta y seis decímetros y veinticinco centímetros cuadrados de suelo sin cielo, correspondiendo esta a un ala de habitaciones tomada de la casa que es su lindante por la derecha número treinta y dos de la misma calle San Juan, que disfruta el cielo; ala que se compone de dos habitaciones corridas una de ellas con cierro a la calle, midiendo quince metros y veinticinco centímetros de largo por tres metros veinticinco centímetros de ancho, o sea con total superficie de cuarenta y nueve metros cincuenta y seis decímetros y veinticinco centímetros cuadrados; un pequeño cuarto de forma cuadrada a continuación de aquellas con un metro y cincuenta centímetros de lado, o sea, con superficie de dos metros veinticinco decímetros cuadrados; y un pasadizo o callejón hacia el fondo con acceso desde este último cuarto, con once metros cincuenta centímetros de largo y dos metros cincuenta centímetros de alto, o sea, con superficie de veintiocho metros y setenta y cinco decímetros cuadrados.

La casa contigua (nº 60), con la que compartía espacio el escritorio de Sánchez Ayala, S.A. también quedó abandonada al fallecer su propietaria y fue vendida al mismo promotor (AMSB, fichas del Catastro Inmobiliario)

En cuanto a las casas contiguas, han cambiado ya sus dueños:

«Linda esta finca por la derecha de su entrada con la número treinta y dos y treinta de la misma calle, antes respectivamente de Pablo Saelices García y Pedro de Mier y Díez, por la izquierda con la número treinta y seis de Francisco Romero Sánchez, hoy de Luis Romero Muñoz y hermanos, y por el fondo con otras de la calle de Sagasta, propias antes de Pedro de Mier, María de la Caridad de los Reyes y José Aldama, y con el trozo de jardín que forma parte de esta casa.

El jardín mide ciento veinte varas cuadradas y linda de frente al este con la casa que se describe y con la de Francisco Romero Sánchez, hoy de Luis Romero Muñoz y hermanos; por el fondo, al oeste, con casa antes de Andrés Romero, y con otra de Manuel García de Velasco, hoy de Agustín Sánchez Mosquera; por su derecha, al norte, con casa de José Aldama, y por su izquierda, al sur, con resto de jardin de la casa número 38 de la calle de San Juan, de herederos de Francisco González Lobato, hoy de los de Manuel Sánchez Castellano. En la segunda de las dos primeras habitaciones del ala de ellas, agregada a esta finca, o sea, la que está más al fondo, existe una ventana que da al patio de la finca de que se hizo la segregación, con dos metros de ancho y uno de alto, y en el pasadizo o callejón del fondo, existe otra ventana de setenta centímetros por un metro veinticinco centímetros, también al patio de la finca de que se hace la segregación, cuyas dos ventanas son solo de luces, constituyéndose las respectivas servidumbres en favor de esta finca que se describe, como predio dominante y sobre la finca resto, casa calle de San Juan numero 32, como predio sirviente, sin cargas. Su valor, ciento treinta mil pesetas.

En el padrón de 1935 figuran como residentes Miguel Sánchez Ayala, de 54 años y su esposa, Dolores Portales Merino, de 51, y sus hijos: Victoria, de 23 años, Carmen, de 21, María Joaquina, de 20, Aurora, de 17 años, y Miguel Sánchez Portales, de 11 años. Cinco años después, en el padrón de 1940, en el número 34 seguían viviendo los mismos.

Miguel Sánchez Portales.

Miguel, el único varón y el más joven de la familia, sería el heredero del negocio bodeguero y compraría la casa del número 26 de la misma calle San Juan para vivirla con su esposa, Pilar Delage Ferraro (Nacida en 1927 en Jerez). Un matrimonio muy fructífero, pues tuvieron nueve hijos: Pilar, Miguel (ambos nacidos en Jerez), Eduardo, Javier, Carlos, Dolores, Ignacio, Rocío y Gonzalo (nacidos en Sanlúcar) (17). Vivían en Sanlúcar desde 1950, pues desde su casamiento habían vivido en Jerez. En este mismo año 1960 aun viven sus padres en el número 34, Miguel Sánchez Ayala (que ya cuenta con 78 años), vinatero, y su esposa Dolores Portales Merino (que tiene 75) junto a su hija Aurora, de 41 años. Las demás no constan en el domicilio. Será en este mismo año cuando Miguel fuera nombrado segundo teniente de alcalde del Ayuntamiento por el alcalde Francisco Zaragoza, aunque ya había ejercido como concejal durante seis años (18).

Etiqueta moderna de la manzanilla "Gabriela",
registrada por Sánchez Ayala en 1918

Al fallecimiento de Miguel Sánchez Ayala se practicarían las operaciones de liquidación de la sociedad conyugal y partitivas de la herencia, haciéndose en ella las referidas segregación y agregación, y constituyéndose las descritas servidumbres; y se adjudica la finca a su viuda en parte de pago de su haber conjunto por aportaciones gananciales, legado y cuota legal capitalizadas. En su virtud, se inscribe esta finca en favor de su viuda, Dolores Portales Merino. Diligenciado en Sanlúcar a 20 de enero de 1964.

En una de las últimas inscripciones registrales se ofrece la equivalencia métrica del jardín: ochenta y cuatro metros veinte decímetros cuadrados. Y su valor se estima en ciento diez mil pesetas. El 29 de agosto de 1973, con 88 años, falleció Dolores Portales, que ejercía la titularidad de la presidencia del Consejo de Administración de la empresa “Sánchez Ayala, S.A.”. Por su testamento se realizaron las operaciones particionales de su caudal, y en ellas resultó adjudicada en pleno dominio y parte de pago de su haber, a la hija y heredera, Aurora Sánchez Portales, soltera, a cuyo favor se inscribe su título de herencia de esta propiedad en Sanlúcar el 13 de febrero de 1975.

Tras el fallecimiento de las hermanas Joaquina (+1997) y Aurora (+2000), que estuvieron viviendo juntas los últimos años de su vida, la casa quedó deshabitada, y tras los oportunos trámites fue inscrita a nombre de sus sobrinos, que la vendieron hacia el año 2002 al empresario sanluqueño Juan Piñero, fallecido en este año 2022.

NOTAS

(1) AMSB: Plan general de ordenación urbana (PGOU). Aprobado en 1997. Catálogo de edificios protegidos. Agosto de 1994.

(2) CLIMENT, Narciso: Historia social de Sanlúcar de Barrameda, tomo 3, pp. 199 y ss.

(3) CLIMENT, N.: Historia social ..., tomo 4, p. 178. Era la zona 4ª del padrón, y la casa número 88.

(4) DAZA PALACIOS, S. / PRIETO CORBALAN, Mª. R.: Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774). Univ. de Sevilla, 1998, p. 76.

(5) Unos 364 metros cuadrados de superficie.

(6) Gaceta de Madrid, 9 de febrero de 1856, p. 3.

(7) ARCHIVO DEL REGISTRO DE LA PROPIEDAD de Sanlúcar de Barrameda, FINCAS nº 4462 y 8217. Pablo de Mier aparece registrado como pasajero en el vapor-correo Santo Domingo, que salió de Cádiz para La Habana el 15 de mayo de 1863. El Pensamiento español, 18 de mayo de 1863, p. 4

(8) AHPC: Catálogo de alumnos del Instituto "Columela" y de la Escuela de Comercio.

(9) CLIMENT, N.: Historia..., tomo 6, p. 341, nota 439: Francisco de Paula Castillo Ulrich (1823-1910) nació en Sanlúcar de Barrameda, hijo de Luis y María del Carmen. Vivía en la calle Carmen 11.  Fue gobernador civil de Sevilla, cargo al que renunció para ser diputado a Cortes durante la Primera República. Fue diputado por Sevilla de 1869 a 1871 y por Priego (Córdoba) de 1873 a 1876. El 15 de noviembre de 1876, siendo vecino de Sevilla y viudo ya de María de la Paz Rodríguez Castillo, se casó en Sanlúcar de Barrameda con María Dolores Mier y Nodal. En 21 de diciembre de 1883 fue nombrado administrador municipal de consumos con el sueldo anual de 3.500 pesetas. En las elecciones para concejales de mayo de 1891 se presentó candidato en Sanlúcar pero no logró el cargo

(10) GOMEZ DIAZ-FRANZÓN, Ana Mª: “León de Argüeso y Argüeso (1801-1880), origen de las bodegas “Herederos de Argüeso” y “Manuel de Argüeso” en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)”. En el blog: http://desdetemplolucero.blogspot.com/2018/04/leon-de-argueso-y-argueso-1801-1880.html. Consultado el 31/10/2022.

(11) Se dio la circunstancia de que don Hipólito falleció inesperadamente en este mismo año 1881. Y algunos periódicos informaron de que su familia había cobrado una astronómica cantidad en concepto de seguro de vida que tenía suscrito con La New-York, compañía de siniestros de Cuba, con la que había firmado una póliza de 25.000 pesetas de la que tan solo habia satisfecho 1.297 en concepto de primas, con lo cual había obtenido un beneficio de 23.603 pesetas. [Anuncio en La Correspondencia de España, Madrid, 21 de abril de 1882, p. 4]

(12) ARPSB: Finca nº 4462, inscripción 8ª.

(13) AHPC, testamento de Francisco de Paula Selma Ruiz, natural de Sanlúcar de Barrameda. Protocolos 1272 y 1282 de El Puerto de Santa Maria.

(14) Ramón Romero Boch había pactado con la propietaria, Caridad Reyes Cordero, el uso y compraventa del jardín trasero de la casa mediante una especie de arrendamiento con opción a compra, por un valor de 12 mil pesetas, aunque reservándose Caridad Reyes el derecho de retraerla en un plazo de cuatro años. El jardin se incorpora a la vivienda el 14 de noviembre de 1905.

(15) GOMEZ DIAZ-FRANZÓN, Ana M.: Imagen publicitaria del Marco de Jerez: Un retrato de la época (1868-1936). Ed. Universo de Letras, 2019, Vol. II, pág. 427.

(16) CLIMENT, N.: Historia..., T. 8.

(17) AMSB, Padrón municipal de habitantes de 1960: Legs. 5186-5189.

(18) Miguel Sánchez Portales falleció en Sanlúcar el 14 de diciembre de 1990 con 65 años.

viernes, 12 de noviembre de 2021

Documental sobre José Colom Victor, librepensador sanluqueño

 EL LIBREPENSADOR JOSÉ COLOM VÍCTOR

Salvador Daza da a conocer esta figura sanluqueña, cuyo testamento, de 1913, aún no se cumplido.

En el último número de la revista Trocadero que edita la Universidad de Cádiz, ha visto la luz un artículo del historiador Salvador Daza Palacios, en el que desvela las claves de la vida y del pensamiento de José Colom Víctor, un excepcional sanluqueño, adelantado a su tiempo, que vivió entre la segunda mitad del s. XIX y los inicios del s. XX. Este singular personaje fue médico, abogado, investigador, pero, sobre todo, un republicano anticlerical y librepensador. Realizó sus estudios en Madrid y en Sevilla. Fue gran amigo de Fernando Lozano, el fundador del periódico madrileño Las dominicales del Librepensamiento, una cabecera de opinión durante muchos años adalid del anticlericalismo. 

Cuando regresó a su tierra natal, Sanlúcar, Colom Víctor fue depositario de una gran fortuna, pues provenía de una acaudalada familia bodeguera y de negocios. Invirtió entonces una parte de ese capital en intentar implantar el laicismo en la sociedad que le tocó vivir, algo absolutamente utópico en aquellos tiempos. Uno de sus objetivos fue que se construyera un cementerio civil para los no creyentes y para los practicantes de otras religiones que no fuera la católica, o que al menos se habilitara una sección del cementerio que ya existía para estos casos. El Ayuntamiento de la época se resistió todo lo que pudo a esta iniciativa, a pesar de que la ley apoyaba la reivindicación de Colom Víctor.  




Nombrado Presidente de Honor de los republicanos sanluqueños, durante toda su vida fue una especie de oveja negra para la burguesía de su ciudad, a la que pertenecía por nacimiento. Hasta su propio entierro fue motivo de escándalo y polémica, pues la ceremonia fue denunciada por el conde Aldama, personaje muy poderoso, pues era líder del integrismo y del carlismo en Sanlúcar y la provincia y diputado nacional, que vio con muy malos ojos que Colom Victor tuviera un entierro completamente civil, por lo que prohibió que se le hicieran al difunto los honores que le correspondían y se merecía. 

El artículo del profesor Daza desvela los detalles del testamento de tan peculiar personaje, un testamento que desde entonces, 1913, ha traído de cabeza a las autoridades por la dificultad de poner en ejecución su legado, pues, entre las diversas disposiciones de este, nuestro hombre dejó un enorme capital, bienes y propiedades para la implantación de una Fundación, cuyo principal objetivo debía ser «la demostración de la falsedad de todas las religiones». Un objetivo que los gobernantes de las distintas épocas consideraron «ilegal». Por ello, desde entonces tanto el patrimonio inmobiliario como el rústico de Colom Víctor ha ido pasando a personas particulares y se ha ido perdiendo a lo largo del tiempo sin que se haya respetado la voluntad del testador. Aún hoy existen algunas de estas propiedades que no han sido adjudicadas. «El Estado debería ejecutar el testamento o bien hacerse cargo de ellas en virtud de no tener un dueño reconocido, para que pasen a formar parte del patrimonio público», defiende el autor de la investigación, Salvador Daza, que recupera una figura brillante y extraordinaria, José Colom Víctor, que hubiera merecido mayor atención por parte de la historiografía y de la política.