martes, 5 de abril de 2011

LOS ÁRBOLES SON MÁS ÚTILES QUE LOS POLÍTICOS

Los árboles nos ofrecen sombra, frescor, belleza, atraen la lluvia, dan cobijo a las aves, rebajan la contaminación aérea y lumínica, detienen la erosión del terreno, ponen belleza y majestuosidad en nuestros paisajes y calles, nos dan diariamente un ejemplo de energía y vitalidad, con su silencio, con su rumor de hojas, caducas o no, ofrecen una protección contra el ruido y el calentamiento por altas temperaturas de fachadas y casas, absorben la humedad excesiva del terreno, en una tierra en la que a veces aumenta peligrosamente, también nos ofrecen humedad relativa en períodos de sequía prolongada, nos ofrecen frutos de muchos tipos para que podamos alimentarnos, además de bellas flores y deliciosos perfumes primaverales, incluso llegan a protegernos en alguna circunstancia de algún mal rayo que caiga cerca.

Todas estas virtudes y beneficios son y serán siempre reconocidas por aquellas personas que interpretan el mundo que les rodea con humildad y con sensibilidad. No con el espíritu de Atila, que es lo que por desgracia impera en nuestros tiempos. Y es que a nuestros políticos, rodeado por sus numerosos técnicos sin escrúpulos, les encanta destrozar los árboles, cuantos más y cuanto más ancianos y crecidos, mejor. Creen que así “diseñan” una nueva ciudad, sin entender ni un ápice que nuestro medio ambiente no les pertenece. No son sus dueños, aunque lo crean. Les falta humildad y les sobra crueldad.

No hacía ninguna falta, pienso, cargarse los árboles de la calle Puerto con esa rapidez y esa rabia. Aún no han empezado ni a levantar un ladrillo cuando ya están serrando al pie de las raíces unos ejemplares de considerable edad. Todo en aras de una reforma que seguro empeorará la calidad de vida de los vecinos de la zona y que añadirá aún más fealdad a nuestros paseos. Esta calle, condenada a ser una sufrida y ruidosa carretera de entrada y salida a la ciudad había generado su propio encanto en los árboles y vegetación existente, tras muchos años de degradación a causa del tráfico. Ahora llegan nuestros políticos inútiles y talan lo único bello que existía en este tramo urbano planteando un ensanchamiento de la calzada para meter aún más coches, más ruido y más contaminación, más inseguridad para el peatón, más horror. ¿Es esto lo que llaman la economía sostenible?

lunes, 14 de febrero de 2011

Honores sanluqueños al dictador

LA MEDALLA DE ORO DE SANLUCAR A FRANCISCO FRANCO

El 8 de Febrero de 1961, el dictador Francisco Franco recibió en su palacio de El Pardo a los miembros del Ayuntamiento de Sanlúcar, presidido por el entonces alcalde Francisco Zaragoza y acompañado por el gobernador civil de la provincia de Cádiz, Luciano Sánchez.
El motivo no era otro que hacerle entrega de la medalla de oro de la ciudad de Sanlúcar al general, con motivo de la conmemoración de aquellos famosos XXV años de paz, que se celebraron a lo largo de dicho año, con “Desfile de la Victoria” incluido.

El régimen se otorgaba de esta forma medallas a sí mismo, pues la democracia orgánica que reinaba entonces no permitía más ideología que la del dictador y, por lo tanto, todos eran descendientes ideológicos del mandamás. No cabía pues más reconocimiento que la sumisión de unos políticos pueblerinos ante el Jefe del Estado.

Han trascendido fotografías del aquel encuentro oficial en Madrid. No se ofrecieron datos sobre lo tratado en la audiencia ni sobre las supuestas contrapartidas que Franco otorgó a la ciudad sanluqueña a cambio del reconocimiento medallístico.
Lo que sí es cierto es que Franco devolvió la visita al Ayuntamiento, accediendo a pisar suelo sanluqueño en una visita que tuvo lugar el 26 de Abril del mismo año, en el transcurso de una gira por diversas poblaciones de la provincia y de la región, y donde tuvo oportunidad de degustar los productos típicos de nuestra ciudad, manzanilla y langostinos, ofrecidos en Bajo de Guía por un adulador hostelero de aquel entonces.


Según Narciso Climent, el caudillo vino acompañado de cuatro ministros y de diversas autoridades regionales, que se resistieron al propósito del alcalde Zaragoza para que la comitiva franquista visitara Bajo de Guía, para que pudiera comprobar “in situ” la situación pésima en la que se encontraba dicho barrio, que todavía, por aquel entonces era el lugar en el que se desembarcaba el pescado con unos medios anacrónicos y rudimentarios.

La corporación municipal sacó sus mejores galas, vistió a los maceros y preparó a todas las fuerzas vivas de la ciudad para recibir a tan alto prócer, quien, según la crónica publicada al día siguiente en “ABC de Sevilla”, apenas pasó una hora en Sanlúcar para nunca más volver. Llegó a las doce de la mañana y el alcalde Zaragoza le estaba esperando en la entrada a la ciudad: «Toda la población se encontraba en la calle para recibir en triunfo al Caudillo de España, que visitaba Sanlúcar para apreciar personalmente la conveniencia de establecer un puerto pesquero, que aminore los inconvenientes del que se vienen sirviendo los pescadores desde los tiempos más antiguos».


Franco llegó por fin a Bajo de Guía y desde allí pudo comprobar el sistema de desembarco del pescado que se realizaba aún desde las barcas a tierra, teniendo los pescadores que penetrar en el mar para recogerlo. «Un concejal del Ayuntamiento explicó al Caudillo la necesidad de construir un puerto pesquero en esta localidad, mostrándole algunas fotografías de otros puertos que tuvo anteriormente y que fueron derribados por la fuerza de los vientos de poniente. Terminada esta visita, y entre las constantes aclamaciones y vítores de la multitud, el Generalísimo ocupó su coche y prosiguió viaje a Jerez de la Frontera, adonde llegó a la una de la tarde».

Esta visita representó durante muchos años después un acontecimiento inolvidable para aquellos que lo vivieron.

Por cierto que ninguna de las corporaciones municipales sanluqueñas desde principios de la democracia se ha ocupado de retirar la concesión de aquella distinción en forma de medalla al dictador, aun a pesar de que han sido muchos los Ayuntamientos españoles que sí lo han hecho, en cumplimiento y aplicación del artículo 15 de la llamada Ley de Memoria Histórica (*). Aunque teniendo en cuenta que hasta hace un par de años no se eliminó el rótulo de la “Avenida del Generalísimo” y que aún quedan expuestos en lugares públicos otros símbolos franquistas en nuestra ciudad, mucho me temo que nuestros representantes políticos den una vez más muestras de su ineficacia y de su extrema lentitud.

(*) Artículo 15. Símbolos y monumentos públicos.
1. Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura.

jueves, 20 de enero de 2011



EL TIO SAN PEDRO (Chascarrillo)
Fernán Caballero

«Había en Sanlúcar de Barrameda una hermandad de San Pedro, que pensó en hacerle al santo en su día una función de las buenas. Aviaron de un todo la iglesia, que pusieron como nueva; compraron la cera y apalabraron al predicador, a los cantores y a los músicos.

Estando la víspera vistiendo al santo, cate usted que se les cae de las manos y se hace pedazos, incluso el gallo, que se le quebró una pata y que se descrestó.

¡Aquí de los apuros! ¿Qué se hacía? Los hermanos estaban cuajados, ahilados, de manera que si se les hubiese puesto un papel en la boca se ahogaban. El hermano mayor, al que no se le iban las marchanas, propuso que se llamase a un zapatero de viejo, que por su perfecta semejanza con el santo, le habían puesto por nombre “tío San Pedro”, para que, durante la función, vestido con la ropa del santo, ocupase su puesto en el altar mayor.

Cuando se lo propusieron al buen zapatero dijo que nones, porque mientras estuviese él llorando en el lugar del santo, no había éste de estar en el suyo remendando los zapatos que tenía que entregar.

Al fin, por una onza que le ofrecieron se convino; lo vistieron y lo colocaron en el camarín, y era tal la identicidad, que cuando acudió la gente a la función, nadie se pensó que el San Pedro de aquel año fuese de carne y hueso, y menos de que a cada uno de por sí le hubiese remendado los zapatos que llevaba puestos.

Todo fue bien al principio; pero poco a poco se iba cansando el tío San Pedro de estar en la misma positura; dábanle unas fatigas y unos mareos, que veía al predicador y al púlpito boca abajo, y no digo nada, cuando en el sermón, que acertó a ser muy largo, se le fue al predicador el santo al cielo y se atascó en el paso en que canta el gallo. Al tío San Pedro un sudor se le iba y otro se le venía. “Sí, hermanos, no lo dudéis, decía y volvía a decir el predicador, el gallo cantó”:

– “Y usté, ¿cuando dejará de cantar?, que es usté más pesao que un rano?”, le gritó el tío San Pedro, a quien ya se le había acabado el aguante.

Al oír aquella reconvención del santo, el predicador cayó accidentado, y las gentes echaron a huir atropellándose en la puerta y diciendo:

--”¡Jesús, vaya un genio que tiene San Pedro, y en tocándole lo del gallo pierde su mercé los estribos!

[Semanario Pintoresco Español, 23 de Mayo de 1852, p. 167. Fotografía del altar de San Pedro, en la Parroquia Mayor de Sanlúcar de Barrameda, (c) Salvador Daza, 2011]

lunes, 16 de agosto de 2010

El sucio infierno de media calle San Juan




EL SUCIO INFIERNO DE MEDIA CALLE SAN JUAN

La calle San Juan comienza en la Plaza del Cabildo y llega hasta la plaza del Pradillo. La mitad de esta calle es peatonal, pues se la considera, de hecho, como una prolongación de la calle Ancha y fue peatonalizada el mismo año, con sus árboles, bancos y papeleras por doquier.

El segundo tramo de esta calle es un suburbio, sin papeleras y con ruidos, humos, contaminación y suciedad. Desde hace más de treinta años no se ha hecho un arreglo en ella, habiéndose reformado últimamente otras muchas en nuestra ciudad que no lo necesitaban tanto. El nivel de degradación al que ha llegado esta calle tan céntrica es en parte por culpa de una equivocada regulación del tráfico que el anterior equipo de gobierno del PP-AS hizo, cambiando la dirección de esta calle y provocando con ello una situación insoportable que no ha hecho más que empeorar en éstos últimos años y que se agrava mucho más ahora en verano, con el aumento del tráfico rodado.

El fundamento de aquel cambio nefasto fue introducir la línea de autobuses por esta calle, para realizar una parada delante del monasterio de Madre de Dios. En la ruta anterior, el autobús paraba en El Pradillo, a cien metros de la actual parada. Para este cambio, únicamente, condenaron a los vecinos de esta media calle a vivir un auténtico infierno, que vienen soportando desde aquella funesta modificación. Los autobuses, totalmente desproporcionados en tamaño para circular por estas estrechas vías, provocan atascos, ruidos, temblores en las viejas viviendas hechas con tierra tapia, además de una contaminación superior a la tolerable. Si el número de usuarios de esta línea fuese numeroso, quizás el cambio hubiera tenido sentido, pero, por desgracia, son muy pocas las personas que usan este medio de transporte y, desde luego, son muchas más las que están siendo perjudicadas continuamente por este despropósito.

Con motivo de los atascos del autobús, muchos “pilotos” de motocicletas se impacientan, y al no tener esta media calle los bordillos suficientemente altos, los invaden con total impunidad y salvan el atasco circulando a sus anchas por encima de la acera. A punto han estado más de una vez de provocar varios accidentes graves en su alocada carrera. Por supuesto que en ninguna de estas ocasiones ha aparecido por allí la Policía Municipal. Únicamente cuando el sonido de los “claxons” llega hasta la comisaría, se atreven a enviar a una patrulla, e incluso a la temible grúa para despejar la calle de vehículos que estorban el paso del autobús gigante.

Otros de los “maravillosos” cambios que el último equipo de gobierno hizo, como consecuencia de esta reforma fue el eliminar los aparcamientos en batería que estaban desde tiempo inmemorial delante del jardín del convento dominico y colocarlos enfrente, reservando el espacio tradicional para unas motocicletas que desde un principio mostraron un total desinterés por utilizar ese estacionamiento. Aun a pesar de lo mal que ha resultado la experiencia, nadie ha sido capaz hasta ahora de devolver a esta parte de la calle su estado anterior. Con esta situación actual se provoca el continuo atasco del autobús y la aparición de la temida grúa dando sablazos a diestro y siniestro.

Otro aspecto importante es el de la limpieza. Los vehículos antes aparcaban cada mes en una acera diferente. Esto ocasionaba trastornos para los vecinos, es cierto, pero posibilitaba la limpieza alternativa de ambas aceras. Con el cambio, los coches aparcan sólo en una de las aceras. Debido a esto, las máquinas barredoras no puede pasar por encima de estos lugares y en los mismos se amontona suciedad de años, con animales muertos, grasas de automóviles y porquerías varias.

La recogida de basuras en la calle deja mucho que desear, pues el camión que pasa la mayor parte de las veces expande los detritus de su depósito por toda la calle. Son camiones viejos que no han sido reparados convenientemente y, violando impunemente las propias ordenanzas municipales (Art. 8, por ejemplo, de la “Ordenanza Municipal de Residuos y Limpieza Pública, aprobada en 2009), arrojan todos los líquidos fétidos y corruptos en la propia calzada mientras se llevan los elementos sólidos depositados en un único contenedor ubicado en el callejón del Carmen, que la mayoría de las veces está a rebosar y en el que muchos ciudadanos incívicos depositan toda clase de mercancías, sean basuras orgánicas o no.

En resumen, los vecinos de esta media calle se sienten totalmente desamparados y en inferioridad de condiciones con los demás vecinos de la otra mitad. No entienden por qué unos metros más allá (en donde se pagan los mismos impuestos) los habitantes de la calle tienen tranquilidad, aseo diario y recogida pulcra de residuos, y los del tramo maldito tienen que soportar ruidos, malos olores, suciedad, contaminación e inseguridad. ¿Somos todos iguales o esto es sólo una artimaña para engañarnos, que funciona una vez cada cuatro años, y después se olvida?

P.D. Ni siquiera hoy, día de la Patrona, 15 de Agosto, hemos podido disfrutar, como antaño, de un período de silencio automovilístico en esta media calle. En cuanto ha pasado la procesión, han vuelto a abrir San Juan al tráfico, creando la Policía Municipal con esta arbitraria decisión una gran inseguridad ciudadana, dada la gran cantidad de transeúntes que aún paseaban plácidamente por esta media calle. Debo agradecerle, no obstante, al amable agente que atendió mi queja, su consejo para que me fuese a vivir a otro sitio si no podía soportar este infierno. Con consejos así no habría problemas en las ciudades, desde luego. Así que le sugiero que se presente a algún cargo político, seguro que tendrá mucho futuro.



SALVADOR DAZA PALACIOS.

Sanlúcar de Barrameda, 15-16 de Agosto de 2010.

lunes, 5 de octubre de 2009

EL DERRIBO DEL HOSTAL DEL MARQUES

En estos momentos en los que los temas de Defensa del Patrimonio Arquitectónico están despertando tanto interés, me ha parecido oportuno recuperar el siguiente artículo que apareció publicado en "Diario de Cádiz" en Junio de 1995. La Historia, por desgracia, se repite a sí misma, en los mismos lugares, aunque cambien las personas y los tiempos aparentemente evolucionen.



EL DERRIBO DEL HOSTAL DEL MARQUES.

Ningún grupo municipal (PCE, PSOE, PSA y UCD) se opuso a su demolición, en 1981.

por Salvador Daza.


Ahora que nuevamente, como si del Guadiana se tratase, vuelve a aparecer la polémica sobre las cosas que perdimos, destruimos, u olvidamos y de lo que unos echan la culpa a otros, metiéndolo todo en un mismo paquete funerario, es mi deseo, aclarar más o menos definitivamente la espinosa cuestión del derribo del llamado popularmente Hostal del Marqués, o más propiamente "Hotel Bellamar" (para otros, Hotel "Batista"). Quizás en un futuro no muy lejano, nos propongamos aclarar también otras lamentabilísimas pérdidas que sufrió nuestra ciudad, por si sirviera para algo.

Hay que comenzar diciendo que todo lo que voy a exponer sobre este asunto está perfectamente documentado en los propios fondos históricos de la ciudad, ya que en su cuidado Archivo Municipal, se conserva, perfectamente viva, la reciente historia de la ciudad.


El hotelito "Vera del Mar" fue adquirido por el Ayuntamiento en 1953 gracias a una subvención de 394.800 pesetas concedidas por el Ministerio de Educación Nacional, a quien los jerarcas franquistas municipales convencieron con la excusa de que se iba a destinar a internado de un Centro Laboral en la población que nunca llegó a crearse. [AMSB, leg. 149] En 1960 se convirtió en hotel, saliendo a subasta, que el Ayuntamiento adjudicó directamente a José Batista por una cantidad de 60.000 pesetas anual o 35.000 por la temporada veraniega, así como una fianza de 30.000 pesetas. [CLIMENT, N,  Historia..., T. 10, pp. 261-262]. Por esta causa fue conocido también como "Hotel Batista". 

El Hostal "Bellamar" se derribó en entre 1981 y 1982, y sus escombros descansan en el llamado Camino de la Vía del ferrocarril a Bonanza. Muy probablemente en uno de esos rellenos con escombros a los que tanto estamos acostumbrados los sanluqueños, sobre el que después se edificaría algún buen chalet o conjunto de viviendas. Su demolición, según consta por presupuesto de "José Romero Sánchez, Empresa Constructora", que fue aprobado en la Comisión Municipal Permanente (lo que hoy se llama Comisión de gobierno) de 27 de Octubre de 1981, costó al erario municipal la nada despreciable cifra de QUINIENTAS SESENTA MIL PESETAS(560.000). Se afirmaba además en el acuerdo de dicha sesión que "la única oferta presentada" fue la de Romero Sánchez, cuando curiosamente se acompaña en el mismo expediente otra oferta, presentada por "Transportes Antonio Gálvez", diez mil pesetas más barata, es decir, 550.000 pesetas. (¿...?)



La Unidad Técnica Municipal correspondiente había redactado el "proyecto de demolición" de este magnífico edificio de arquitectura modernista-regionalista junto con otra demolición que se aprobó por aquel entonces también: la del edificio del antiguo Cabildillo, en la Plaza de la Paz. Afortunadamente, hoy día, y por el interés de su propietario, este edificio fue comprado (era de propiedad municipal) y restaurado para vivienda privada con un gran acierto para su entorno arquitectónico. Algo que no hizo, desde luego, algunos años antes, en 1976, el constructor Manuel Cuevas (hoy día en el PP) que había dado un genial "pelotazo" urbanístico en dicha Plaza Alta, al derribar un conjunto de casas antiguas justo enfrente del antiguo Pósito, para hacer un promoción de pisos, que desfiguraron para siempre la bellísima configuración simétrica de esta emblemática, hermosa y antiquísima plaza. Apuntar como dato final a ese respecto que, el derribo del Cabildillo costó, según presupuesto presentado y aprobado (en este caso sí se decidió por el más barato y se tuvieron en cuenta los dos presentados) por "Construcciones Martín", la cantidad de 122.003 pesetas. Sí se especifica en el acuerdo municipal correspondiente que la adjudicación se hace a dicha empresa, "por ser la oferta más ventajosa económicamente".

Pero volvamos al Hostal del Marqués, que ha sido nuevamente utilizado como arma arrojadiza en la reciente campaña electoral por unos para atacar a otros, quienes según los unos fueron los culpables de que se derribara tan hermoso edificio. Y aquí viene precisamente lo bueno del asunto; porque para eso estamos nosotros, para recordar y no olvidar; para que el engaño y la estafa, al amparo de la mentira histórica, no se convierta en argumento.

Todo comenzó en la sesión celebrada por la Comisión Informativa de Urbanismo y Obras en 26 de Septiembre de 1981. Recordemos que entonces gobernaba el municipio sanluqueño la llamada "coalición de izquierdas", es decir, un equipo político producto de los famosos pactos de la izquierda tras las elecciones municipales de 1979, en los que pactaron PSOE, PCE y PSA, contra la UCD de Suárez, que entonces era "la derecha". Pues bien, como digo, en esa Comisión que presidía el Alcalde de entonces, José Luis Medina (PCE) y que integraban también, y por el mismo partido los Sres. Verdún Batista y Avilés Sánchez; por el PSA, el Sr. García Raposo (hoy en el PSOE); por el PSOE, el Sr. Parro Albarrán (aún hoy presente en las listas electorales del mismo partido); y el Sr. Jiménez González, por la UCD. La Comisión se reunía para un único asunto en el orden del día: "Conocimiento y aprobación del proyecto de demolición del Hotel Bellamar”. Pues bien, agárrense. El Dictamen de la Comisión, tras conocer el proyecto redactado, fue el de que se ACUERDA POR UNANIMIDAD dictaminar favorablemente la aprobación de dicho proyecto. Este acta está firmada por el Presidente y certificada por el Sr. Secretario actuante, Magín García Díaz.

El proceso de destrucción continuará implacable e imparablemente en la Comisión Municipal Permanente (lo que hoy se llama Comisión de Gobierno) celebrada en 29 de Septiembre del mismo año de 1981, en la que en el asunto urgente b) se decide que “visto el dictamen de la Comisión informativa, se acuerda la aprobación de dicho proyecto, abriéndose un plazo que terminaría el 10 de Octubre, para la presentación de ofertas económicas para realizar el destrozo. La única postura a destacar, aunque tampoco es para elogiársela, fue la del Sr. García Garrido (D. Luis M.) "que vota la abstención". O sea, que tampoco votó en contra. NADIE, ABSOLUTAMENTE NADIE, SE OPUSO A LA DESTRUCCIÓN DEL HOSTAL DEL MARQUÉS.



En la sesión del 23 de Octubre, como ya hemos relatado, se siguió el dudoso trámite de apertura de plicas y adjudicación, en presencia de los señores Medina, Verdún, Jiménez, García Raposo y García Garrido. La única objeción que los señores de la Comisión pusieron al asunto fue que INSISTIENDOSE POR LOS MIEMBROS DE ESTA COMISIÓN, EN QUE AL SER UN INMUEBLE MUNICIPAL, LOS MATERIALES DEL DERRIBO DE CALIDAD Y APROVECHAMIENTO, SEAN DEBIDAMENTE DEPOSITADOS EN EL ALMACÉN MUNICIPAL. La Comisión Municipal Permanente de 27 de Octubre, en su despacho de urgencia e) adjudica el derribo, como hemos dicho a "José Romero Sánchez", confirmando así lo acordado por la Comisión informativa.

FINAL DE ESTA TRISTE HISTORIA:

La Delegación Provincial del Ministerio de Cultura en Cádiz, tarde y mal, como siempre, en su expediente abierto 198/81 comunica al Ayuntamiento de Sanlúcar, a nombre de su Alcalde, en 24 de Febrero de 1982 que: “En relación con el derribo del Hotel "Batista", en la Avda. Infantes de Orleans, de esa ciudad, REALIZADO por ese Excmo. Ayuntamiento, la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico Artístico, en su reunión del día 16 de los corrientes, acordó dar traslado a V.S. del escrito del Iltmo. Sr. Director General de Bellas Artes, de fecha de 11 de Enero, secundando su contenido.

Dicho escrito dice:

“En relación con el asunto de referencia, los Servicios Técnicos de esta Dirección General, informan como sigue:
Esta Inspección Técnica informa que está fuera de sus competencias el permitir o evitar este derribo, al estar el referido edificio situado fuera del Conjunto Histórico-Artístico, no sin lamentar la pérdida de un estupendo edificio modernista, que, sin carácter de Monumento Histórico-Artístico, posee los suficientes valores arquitectónicos para que su preservación estuviera articulada por el Excmo. Ayuntamiento”.


Llegó tarde, evidentemente, el razonabilísimo argumento de la Dirección General de Bellas Artes. También llegaron tarde los que acusan ahora sin ton ni son a los demás por lo que entre todos destruyeron. Que no nos califiquen después de agoreros si lamentamos nosotros, anticipándonos a los acontecimientos, la más que previsible destrucción y derribo de esa Sanlúcar que todos amamos, que aún tenemos y que no quisiéramos perder. Y que aún hoy día se sigue planeando asesinar, con premeditación y alevosía, en la Institución Municipal y fuera de ella. Aunque siempre nos quedará el consuelo de lamentarnos cuando ya no tenga remedio. Y de echarnos la culpa mutuamente, cuando nos interese, abusando de nuestra colectiva falta de conocimiento y memoria. Espero y deseo que alguien saque una buena conclusión de todo ello.

Sanlúcar de Barrameda, Junio de 1995.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Articulo censurado


Este artículo ha sido censurado por la revista que edita la Oficina de Rehabilitación de Viviendas de Sanlúcar, titulada "Entre Barrios", para su número del mes de Julio. La explicación "oficial" de tal censura es que el artículo "no está en la línea de la revista", aun a pesar de haber sido solicitado reiteradamente por el responsable de la publicación, Joaquín Cabezudo, a su autor, ahora decide que no es conveniente, según él, atacar supuestamente a la Iglesia, sin tener en cuenta que los libros a los que hace referencia su autor ya fueron publicados por la Universidad de Sevilla años atrás (entidad académica de prestigio mucho menos "escrupulosa" que el señor Cabezudo) y aun a pesar de que el mensaje del artículo no puede ser más claro: si no conservamos nuestro patrimonio arquitectónico (especialmente las casas solariegas) no podremos conocer jamás nuestra historia, supuesta misión encargada por la Junta de Andalucía a tal Oficina que ahora, tras 30 años de democracia, muestra su lado más intolerante con la Libertad de Expresión.
LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA Y EL PATRIMONIO.
Salvador Daza Palacios.
Allá por 1990 tuve noticia de un sangriento suceso ocurrido en nuestra ciudad en el siglo XVIII y que relataba con todo lujo de detalles el escritor sevillano José María Blanco White (1775-1841) en sus Cartas de España. Andaba yo por entonces enfrascado en la transcripción de los documentos antiguos de mi familia (testamentos, cartas, contratos, etc.) entre los que se incluían las escrituras de propiedad de la casa que siempre (desde que la memoria alcanzaba) había pertenecido a mi familia.
Blanco White explicaba el asesinato de una joven de buena familia a manos de un fraile carmelita descalzo del convento del Carmen situado en la calle San Juan: “Muchas veces he tenido ocasión de visitar la casa donde ella vivía, situada frente al convento”. Esta frase, para mí fue proverbial, pues a partir de ese momento se convirtió en una obsesión indagar en profundidad los detalles del asesinato, que tenía todos los ingredientes de un crimen pasional, pero, sobre todo, el averiguar hasta qué punto la casa en la que yo estaba leyendo ese relato conmovedor, esa casa cuyas escrituras de propiedad estaba transcribiendo, esa casa donde vi por primera vez la luz del sol, podría ser la misma en la que vivió la desgraciada víctima de este funesto suceso.
Embarcado en la empresa investigadora junto con mi eficaz compañera y colaboradora María Regla Prieto, el situar y definir la casa, mi casa, como el escenario real de los hechos sucedidos nos llevó a investigar papeles antiguos en los más diversos archivos de España. El motor interno de esa curiosidad era determinar con claridad si la familia Tassara, que así se llamaba, había vivido realmente en mi casa o no. Esta motivación venía dada, además, por unos extraños dibujos hechos por una mano carmelita, aparecidos en el interior de la vivienda, en una pared oculta, cuando mi madre hizo unas obras de reparación en la biblioteca.
La investigación tomó tal dimensión que nos llevó al Archivo Nacional de Madrid, donde pudimos encontrar, después de un gran esfuerzo, el proceso criminal que sufrió el fraile tras haber cometido el asesinato. Este proceso tenía tal importancia dentro de la Historia del Derecho que decidimos estudiarlo a fondo y gracias a eso se convirtió en un libro que publicó la Universidad de Sevilla, bajo el título Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774). Este trabajo nos dio pie a seguir la senda de la investigación iniciada, definiendo el proyecto con el lema “Clérigos homicidas en el siglo XVIII”, que era una temática que no había sido estudiada por ningún autor moderno, desde la óptica de la evolución jurídica. Tampoco se conocían muchas de estas historias aberrantes que la Iglesia siempre había tratado de ocultar.
Con el tiempo, salió a la luz un nuevo libro que contenía la segunda parte de nuestra investigación. En esta ocasión se trataba de un asesinato alevoso y a sangre fría cometido por un fraile agustino de Sanlúcar en 1714, que se llevó por delante la vida del gobernador sanluqueño Jacinto Alonso Velarde. El trabajo apareció en el año 2000, publicado también por la Universidad de Sevilla, con el título Proceso criminal contra fray Alonso Díaz (1714). Pero en esta ocasión el escenario real del sangriento suceso era una casa, conservada prácticamente igual que en aquella época, de la calle San Jorge, en la esquina frente al convento de Regina. Gracias a sus propietarios, Juan Ivison y Amelia Ruiz, pudimos realizar todas las comprobaciones oportunas en el interior del edificio, situando a los personajes en el momento de los hechos, realizando las mediciones al igual que las hicieron en su día los jueces y peritos de la época. Además, nos facilitaron las antiguas escrituras de la casa, con lo cual pudimos hacer un seguimiento perfecto de todas las familias y propietarios que la habían habitado.
De no haber sido porque estas dos casas aún estaban en pie en el momento de nuestra investigación y de no haber sido porque las dos familias habían conservado con todo cuidado sus documentos históricos de propiedad, esos dos libros de investigación dados a conocer por la Universidad de Sevilla jamás se hubieran publicado y, por tanto, seguiríamos ignorando una gran parte –importante y apasionante—de nuestra historia. De aquí que consideremos fundamental, para poder reconstruir nuestra memoria colectiva, el que conservemos con el mayor cuidado y respeto nuestros edificios y casas solariegas, pues difícilmente podríamos conocer nuestro pasado sin la ayuda fundamental de estos edificios históricos que son testigos mudos de muchos acontecimientos olvidados y que merecen la pena conocerse, no sólo entre nosotros sino entre quienes comparten en el resto del mundo la curiosidad por la Historia. Que es, sin ninguna duda, lo que más enriquece a un pueblo.

martes, 18 de septiembre de 2007






EL CASTILLO DE SANLUCAR DE BARRAMEDA:



FORTALEZA MILITAR Y CRUENTA PRISION

© Salvador Daza Palacios.

Ahora que estamos en cercanías de unas elecciones generales y nuestros políticos se han vuelto a acordar del Castillo de Santiago (el de San Salvador no concita tanto electoralismo, por ser el hermano pobre, el patito feo, supongo que por estar en la playa), convendría quizá hacer un recordatorio ilustrativo sobre este significativo baluarte, que fue declarado Monumento Histórico-Artístico por una Orden de la Dirección General de Bellas Artes en 1972.



Se trata de un edificio que fue utilizado en un principio como defensa al más puro estilo feudal o medieval, con todo el aparato de artillería disponible para repeler invasiones por tierra y por mar. Más tarde se convirtió en cuartel y dependencia militar, llegando a albergar los más diferentes cuerpos y compañías. Cabe destacar, por ejemplo, que en 1620, según consta en el Archivo Ducal de Medina Sidonia, había tropas de Infantería y soldados de diferentes compañías militares que se habían «levantado en esta Andalucía para servir a su majestad [el Rey] en la fuerza de la Mamora y Larache». La guerra contra el moro, fue pues el fin primordial con el que fue creada esta impresionante fortaleza, y hay que señalar que, a pesar de haber sido construida por el duque de Medina Sidonia durante la segunda mitad del siglo XV (y no en 1477 como tan insistentemente se publica, pues es cosa difícil que con los medios de la época semejante edificio se construyese en un solo año), todos sus medios defensivos, materiales y personales, se ponen a la disposición de la Corona de Castilla cuando los intereses del Estado (es decir, de la Monarquía) así lo reclaman.



Cuando la guerra contra el moro deja de ser un objetivo de los dirigentes estatales, el uso del Castillo va derivando hacia fines más tangibles y cercanos: sobre la década de 1850 a 1860 alberga a la fuerza militar que sirve de resguardo de unos ilustres visitantes que deciden instalarse en la ciudad, familiares de la reina Isabel II. Es decir, su augusta hermana María Luisa Fernanda, casada a la sazón con el conspirador Antonio de Orleáns, duque de Montpensier, fundador de la estirpe señorial que ocupó el lugar que había ocupado 150 años antes el duque de Medina Sidonia.



Pero, sin duda, estos últimos usos fueron meramente pacíficos o simplemente defensivos. No ocurrió así en 1873, cuando en plena represión de la I República contra el movimiento cantonal y revolucionario, —que se manifestó con particular rebeldía y virulencia en Sanlúcar, dado el gran arraigo que la ideología anarquista había cosechado por estos pagos—, el Castillo sirvió de cruenta prisión para un centenar de inocentes y utópicos proletarios que creyeron en un mundo más justo y que pedían pan y trabajo, y cuyo único delito fue el creer que había llegado el momento histórico de la revolución social, de su revolución.



La brutal represión y la falta de garantías procesales que se usaron contra estos luchadores constan en los libros, dando una vez más a nuestra ciudad un “nombre” en la historia: el de la ciudad sin ley, sin orden, donde el poder arbitrario de quienes deben administrar justicia se convierte en una forma de atajar cualquier evolución en el pensamiento o en la ideología de las masas. Muchos de esos obreros revolucionarios fallecieron de inanición y otros, tras un burdo proceso político, fueron deportados a las Islas Marianas, donde no tardaron en morir, contagiados de las enfermedades del Pacífico.



En la Guerra Civil de 1936 a 1939, el Castillo de Santiago le siguió sirviendo a los poderes fácticos para llevar a cabo la cruel venganza contra los años republicanos. Extraña paradoja, dado que el Gobierno de la República cedió a la ciudad la propiedad de la fortificación el 28 de Junio de 1932. En las húmedas mazmorras de Santiago dieron con sus huesos no sólo todos aquellos que en una y otra forma lucharon contra la opresión y contra la tiranía, sino incluso otras personas cuyo único delito fue poseer un “alias”. Allí fueron descomponiéndose como seres humanos, sometidos, convertidos en un trágico y absurdo mercadeo de muertes. Si el bando republicano hacía caer un número de franquistas en algún lugar del frente, los presos sanluqueños caían, en igual número o superior, inocentes, sin proceso y sin culpa alguna, bajo las balas de los fusiles. Crueldades de una guerra sin sentido y sin justificación, que originó terribles dolores y secuelas que aún no han cicatrizado.



Se conservan en diferentes archivos nacionales suficiente documentación de nuestro Castillo como para hacer toda una tesis doctoral, prueba suficiente, desde luego, de su importancia estratégica y militar. Aún así, en este momento me parece más interesante recordar la última de las visitas que realicé a esta fortaleza. Fue con ocasión de un recital de poesía en el Aula Mayor y guardo de ella un imborrable recuerdo, pues la misteriosa angustia que me atenazó me hizo reflexionar profundamente sobre todo lo anterior y sobre la esotérica incógnita que guarda entre sus muros este tipo de lugares. No me cupo entonces ninguna duda de que el Castillo esconde aún entre las grietas de sus desgastadas piedras el dolor y el tormento vivido por muchos de nuestros paisanos que lucharon por lo que ellos creyeron un mundo mejor. Sólo en el Alcázar de Toledo recuerdo haber vivido una experiencia semejante. Juré y perjuré que jamás volvería a entrar en ese lugar maldito, cargado de tragedia, martirio y falso heroísmo.


Creo que ni siquiera los supuestos usos culturales que se le quieran dar a esa vieja fortaleza militar podrá quitar el estigma que pesa sobre él. Después de aquella visita entendí en cierta medida la secular desidia e indiferencia que había rodeado siempre a este monumento abandonado. Mucho tendrá que devanarse los sesos sus hipotéticos explotadores empresariales (si es que consiguen los permisos oficiales y las subvenciones necesarias) para que aceptemos entrar nuevamente en él. Ni aún renovando totalmente todas sus piedras podrá jamás perder esa enorme mole el recuerdo del dolor y el llanto de varias generaciones de sanluqueños buenos.

© SALVADOR DAZA PALACIOS.

(Publicado en Sanlúcar Información en Abril de 2003)